4 de diciembre 2007 - 00:00

Gesto: Kirchner dijo que Chávez es "democrático"

Néstor Kirchner ayer en la Casa Rosada, donde ensayó ladespedida de su cargo frente a 200 jefes comunales delconurbano bonaerense, y además apuntó contra ElisaCarrió luego de haber saludado a Hugo Chávez por el referéndumdel domingo.
Néstor Kirchner ayer en la Casa Rosada, donde ensayó la despedida de su cargo frente a 200 jefes comunales del conurbano bonaerense, y además apuntó contra Elisa Carrió luego de haber saludado a Hugo Chávez por el referéndum del domingo.
Néstor Kirchner le agradeció ayer a Hugo Chávez «la permanente actitud de solidaridad en nuestros momentos más difíciles». Es lo menos que pudo hacer por un amigo caído en desgracia, después de perder, aunque oficialmente por poco margen, el referéndum constitucional que pudo convertirlo casi en un emperador latinoamericano. Se lo había dicho Kirchner hace unos días desde aquí cuando criticó ese plebiscito: era demasiado pedir desde una reelección presidencial in-eternum hasta la reforma al régimen de propiedad privada. Igual ayer, Kirchner lo reivindicó como un demócrata y felicitó a los vencedores. Hasta bromeó por la diferencia de 1% con que triunfó el No: «Qué hubiera pasado en la Argentina con un punto de diferencia, si hay una candidata que perdió por 23 y dice que le hicimos trampa».

Chávez cayó víctima del narcisismo de los poderosos, y esta vez Kirchner lo vio con anticipación, quizás por el miedo que le producían las consecuencias que podría traerle al país una derrota del venezolano que le complicara los cinco años que le quedan en el mandato. Es decir, más todavía que el gobierno entero de Cristina de Kirchner y de allí los peligros del resultado del domingo pasado. La dependencia de la Argentina de ese país es hoy irremplazable, por lo menos mientras los Kirchner no quieran cambiar su visión del mundo.

El error de Chávez fue no leer la historia: es normal que un régimen autoritario o fuerte -siendo democrático-pierda un plebiscito. Le pasó a Augusto Pinochet cuando quiso quedarse un tiempo más; hasta en Uruguay, donde el tema no era el autoritarismo, sino la privatización de empresas, el pueblo le dio la espalda al gobierno. A Charles De Gaulle los franceses lo mandaron a su casa y no lo dejaron fundar más repúblicas. El último caso de la Argentina es bien de cabotaje: Carlos Rovira no pudo reformar su Constitución cuando sí hubiera ganado cualquier otra elección.

Aunque remanida, cabe recordar la sentencia: «A los plebiscitos los carga el diablo». Según Kirchner, la Argentina tiene mucho que agradecer a Venezuela. El problema es que no está claro qué. Una de las críticas más fuertes que cosecha Chávez en su país es precisamente por esa ayuda al exterior, sobre la que no existe control. En su afán por liderar la región, Chávez reparte petróleo subsidiado a Cuba, Nicaragua y hasta derrocha haciendo campaña en el neoyorquino Harlem vendiendo combustible de calefacción más barato que el que les garantiza George Bush a los habitantes de allí. Si por algo puede ir preso el venezolano en el futuro si pierde el poder, es precisamente por esa danza de millones hacia el exterior.

Para la oposición venezolana, nada diferencia a los negocios que mantiene Chávez con la Argentina de esos delirios de poder. Ahí arrancan los agradecimientos de Kirchner: Venezuela es el único aliado que le compra bonos al país. Salvó en varias ocasiones los pagos externos que el superávit no podía cubrir.

Chávez, sea con el Bono del Sur o cualquier título argentino, no se los queda. Como en un pasamanos, los bonos que compra a la Argentina pasan a los bancos venezolanos que, con control de cambios, los demandan a raudales para poder venderlos en Nueva York y sacar así fondos de ese país. Como en todo estatismo, esos mercados paralelos siempre son consentidos.

  • Otra visión

    Venezuela tiene petróleo, pero no alimentos. Esa sociedad también funcionó bien hasta hace poco. Los pagos por el fueloil que alimenta las térmicas argentinas van a un fideicomiso para comprar leche, carnes, soja, o cualquier alimento local. Esa lista de compras era manejada por Claudio Uberti, el coordinador del Area Vial de Julio De Vido, que tenía otras tareas extras como esa. Con la crisis del valijero venezolano en el avión de ENARSA, Uberti, que volaba en esa nave, quedó afuera y hasta ahora no fue convenientemente reemplazado.

    Quizás para Cristina de Kirchner, Chávez ya no sea «tan necesario para América latina como Putin para Europa», como solía responder en sus giras cuando le criticaban la alianza de su marido con el personaje venezolano. Ahora la presidente electa tiene otra visión de las sorpresas que el mercado de la energía puede dar. El paraíso de una solución a la crisis de combustibles en el país sin Chávez se lo mostró Marco Aurelio García en el primer viaje que hizo a Brasilia para entrevistarse con Lula después de haber ganado las elecciones: Cristina no podía salir de su asombro cuando el asesor le explicó que el yacimiento que con toda pompa anunció el gobierno de Lula frente a las costas de Brasil y con reservas estimadas en hasta 8.000 millones de barriles podría extenderse bajo el mar hasta cerca de Mar del Plata.

    Ningún simbolismo podría haber sido mejor que ese para graficar un golpe de suerte energético para el país. En el gobierno prefirieron no publicitarlo; todavía están abiertas las heridas por el anuncio de los u$s 20.000 millones de inversiones de los chinos y peor aún la revolución petrolera que se suponía que el gobierno bolivariano haría en la Argentina-asociado con ENARSA. De esa unión que nos salvaría de la crisis poco salió para el país. Las inversiones locales de PDVSA se limitan a una oficina en el centro porteño y dos estaciones de servicio. Por lo demás, todos son dolores de cabeza: viajes continuos entre Caracas y Buenos Aires, directivos de la petrolera venezolana en aviones oficiales y la incomodidad de una valija sin declarar con u$s 800.000. Gracias a Dios, el tema del otro venezolano ilustre que inquietaba a la Argentina, Guido-Antonini Wilson, parece solucionado: desde que lo contactó el FBI en Miami, nadie volvió a saber de él.

    Con Petrobras las cosas son distintas. Tiene una red de estaciones de servicio en el país que hasta vende las naftas a un precio menor que otras, aunque no todos los días. Consiguió áreas de concesión petrolera en medio país y hasta le prometen a Cristina de Kirchner traerle toda su tecnología en exploración submarina para reeditarle el milagro brasileño.
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