20 de febrero 2002 - 00:00

Gobernadores PJ deciden en 48 hs. suerte de Duhalde

El peronismo, que durante estos días se expresa más que nunca en la liga de gobernadores de provincias, puso ayer al gobierno de Eduardo Duhalde al borde del aislamiento y, por lo tanto, del fracaso. La excusa fue la propuesta girada a las provincias para dar una satisfacción a los reclamos de reforma fiscal del Fondo Monetario Internacional. Pero en el tratamiento de esa ecuación, por la cual las provincias compartirían con el gobierno central el costo del sistema previsional, hubo gestos, frases, estados de ánimo que indicaron que los principales jefes del PJ se están distanciando de Olivos. En los bloques parlamentarios, donde muchos legisladores hablan por boca de sus jefes provinciales, se volvió más evidente ese dato: en las últimas 48 horas, tanto diputados como senadores del oficialismo comenzaron a discutir la conveniencia de una rápida convocatoria a elecciones.

Duhalde percibe este «corralito» que tienden en torno suyo desde el interior de su partido y responde de la manera contradictoria y desconcertante con que viene gobernando. Por ejemplo: busca otro ministro del Interior que le pueda resolver el cortocircuito -como si el problema lo generara Rodolfo Gabrielli- y, al mismo tiempo, irrita a todo el cacicazgo peronista al designar a la secretaria de su esposa, otra bonaerense, en el Ministerio de Acción Social. Había que estar ayer entre los gobernadores peronistas para percibir el fastidio que provocó el nombramiento de «Chichi» Doga en esa cartera.

Los mandatarios de provincia se fastidiaron ayer con varios aspectos de la propuesta del gobierno, consistente en coparticipar todos los ingresos a cambio que compartir también el costo del sistema previsional, una ecuación que, en algunos cálculos preliminares, supone una rebaja de 20% en los fondos derivados al interior. José Manuel de la Sota, quien antes de llegar al encuentro había profetizado siete plagas para Duhalde («no habrá ayuda externa y volverá la alta inflación»), se quejó de que «solamente nos convocan para ver cómo pagamos los sueldos pero no para hablar de la economía real». El pampeano Rubén Marín, a menudo termómetro fiel de la temperatura del peronismo, se quejó delante de los hombres del gobierno diciendo que «ustedes lograron complicar una provincia que yo vengo manejando con tranquilidad desde hace 20 años». Y Carlos Reutemann consideró una ofensa que Duhalde se levantara de la mesa y dejara la reunión para atender, según dijo, «a los líderes de nuestra coalición, Alfonsín, Moreau y Alessandro». Los demás peronistas tomaron la frase como una broma.

El ritual del que participan la administración central y el club de gobernadores supone que se analizará técnicamente la propuesta de Economía y, al cabo de ese examen, se la aceptará o rechazará. Sin embargo, el juego político se comporta en sentido inverso: los líderes del PJ son conscientes de que de su acuerdo o ruptura depende la ayuda internacional que reclama la Argentina y de ella, más tarde o más temprano, la continuidad de la propia gestión Duhalde. Por eso ellos deben darse una respuesta política antes de dictaminar técnicamente sobre el nuevo esquema de coparticipación. Más claramente: el peronismo decidirá en las próximas 48 horas si vale la pena o no darle continuidad a un gobierno como el actual, errático desde el punto de vista económico y encapsulado en una alianza que excluye a casi todo el interior desde el punto de vista político. El peronismo, como el resto de la dirigencia nacional, se pregunta si Duhalde tiene hoy recursos para controlar dos variables clave: el comportamiento de los precios y el conflicto callejero, que el Ejecutivo parece tolerar sin intervenir. Recién despejada esa incógnita, los jefes de provincia resolverán si obsequian a Duhalde el sacrificio que les solicita.

De tomarse en cuenta algunas señales provenientes del Congreso y del seno del partido, la respuesta sería negativa. No sólo Carlos Menem, por definición antiduhaldista, comenzó a reclamar elecciones. También en el bloque de diputados del oficialismo empezó a circular esa receta, que analizan con seriedad legisladores cercanos al Presidente como José María Díaz Bancalari, Miguel Angel Toma, Jorge Obeid o Humberto Roggero.

Sin embargo, la discusión más dramática se produjo en el Senado, anoche, durante la reunión de la bancada del PJ. Antonio Cafiero, suplente de Duhalde en esa cámara y padre del vicejefe de Gabinete, sugirió «convocar a un grupo de 6 o 7 compañeros para analizar la situación del país». Propuso además «citar a Juan José Alvarez, Carlos Soria y Jorge Remes para que nos den su enfoque sobre lo que nos espera».

Luis Barrionuevo lo superó enseguida. «El Senado se merece más que una reunión con funcionarios -comenzó- . Nos tenemos que encontrar con Duhalde y decirle lo que se dice en todos lados. Que no hay conducción política, que en las provincias los cargos nacionales siguen estando en manos de hombres de De la Rúa, que la alianza con Alfonsín y Moreau le hizo perder todo el crédito que podía traer.»

A partir de esa propuesta se desataron otras críticas. Malvina Seguí (Tucumán) adhirió a reclamar en la casa de Duhalde, y Jorge Busti, un duhaldista intermitente, reclamó «terminar con el escándalo de la Ley de Quiebras y pesificar uno a uno solamente las deudas inferiores a un millón de dólares».

El broche lo puso, como de costumbre, Cristina Kirchner, quien no se aplacó siquiera con la discreta fiesta de cumpleaños que le dedicaron ayer. La senadora por Santa Cruz castigó así, ante el silencio de la duhaldista Mabel Müller y la huida de José Luis Gioja (beneficiario de un par de designaciones menores en el Ejecutivo): «El gobierno tiene un problema de coeficiente intelectual y trasladó a la Nación todos los vicios que ya había puesto en práctica en la provincia de Buenos Aires. Lo más probable es que terminemos como ese distrito, por lo cual hay que llamar a elecciones cuanto antes. Soy la prime-ra en ofrecer mi renuncia para que se renueve también el Congreso entero». Nadie apoyó pero nadie, tampoco, rechazó de plano la propuesta. La inquietud quedó en el aire y acaso les toque a los gobernadores resolverla entre hoy y mañana. Duhalde pareció ignorarlos hasta ahora en la composición de su gobierno, pero ellos se han convertido en el centro de gravedad de la clase política. Dos veces faltaron a la cita de un presidente en los últimos tres meses. En ambos casos ese presidente quedó fuera del poder a raíz del desaire. ¿Será el turno de Duhalde?

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