15 de noviembre 2007 - 00:00

Gobierno que se sucede a sí mismo con elenco previsible

El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, anunció ayer los nombres de quienes ocuparán las carteras de la administración que asumirá el 10 de diciembre. Estos son: Jefatura de Gabinete, Alberto Fernández; Economía, Martín Lousteau; Planificación, Julio De Vido; Interior, Florencio Randazzo; Relaciones Exteriores, Jorge Taiana; Trabajo, Carlos Tomada; Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández; Defensa, Nilda Garré; Salud, Graciela Ocaña; Educación, Juan Carlos Tedesco; Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao; Desarrollo Social, Alicia Kirchner; Secretaría Legal y Técnica, Carlos Zannini; Secretaría de la Presidencia, Oscar Parrilli.

Los 5 nuevos (de izquierda a derecha): Martín Lousteau, Graciela Ocaña, Florencio Randazzo, Juan Carlos Tedesco y Lino Barañao.
Los 5 nuevos (de izquierda a derecha): Martín Lousteau, Graciela Ocaña, Florencio Randazzo, Juan Carlos Tedesco y Lino Barañao.
  • Si ella, Cristina de Kirchner, cogobernó los últimos dos años con su marido, ¿por qué Néstor Kirchner no hará lo mismo durante el próximo mandato de su mujer? Por lo tanto, ¿para qué cambiar de ministros y de proyectos si la mímesis del apellido llevó a los dos al triunfo? Sólo queda una inquietud política: esta concertada pareja de intereses comunes ¿mantendrá su unidad si se produce una crisis, si sobreviene una fiebre sofocante? Difícil respuesta: hasta ahora, en 4 años y medio de gobierno, los Kirchner no padecieron siquiera un resfrío. Para algunos, lo que viene es Perón con Isabel; para otros «Cámpora al gobierno, Perón al poder». Imprecisas y descalificantes comparaciones: ellos dos, el dúo, son una sola sociedad fagocitante de todo el poder. De ahí que poco importen sus hombres secundarios, aunque la formalidad obligue a mencionarlos.   

  • Se definió el nuevo gabinete y éste conserva el vicio ruin del internismo. Mantienen sus cargos el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, también su odiado rival -y viceversa-, Julio De Vido, a cargo de Infraestructura. Ninguno renuncia a pesar de que uno de ellos, moralmente, dijo que no compartiría con el otro el cartel francés. Seguirán, como las vedettes del verano marplatense, toda la temporada. También seguirá la comidilla chismosa de sus operaciones en revistas y TV de la tarde. Parece un inevitable destino de todos los gobiernos, algo así como los «celestes» y «rojos punzó» de los tiempos menemistas. Penosa situación que curiosamente no consiguen remediar quienes disponen de un poder absoluto, casi monárquico del siglo XVII.

  • Si Fernández no pudo con De Vido, tampoco logró imponer el retiro de Guillermo Moreno. Aun expresando el sentimiento colectivo de que este funcionario desfigura los números del INDEC. Pero esa realidad, hasta ahora, nunca la reconoció en público el matrimonio: por el contrario, abogaron e impusieron la certeza de esa estadística oficial. El jefe de Gabinete pareció no entender ese mensaje, lo padeció el pobre degradado Miguel Peirano -de ministro a titular de un banco que sus ex mandantes de la UIA celebrarán alborozados imaginando préstamos a tasa negativa-, quien abandona su puesto sin haberlo deseado.   

  • Pero el mismo Fernández puede argüir otros triunfos: el acceso a ministerios de tres funcionarios que cultivaba. 1) Graciela Ocaña para Salud, quien presidía el PAMI orgullosa de convertirlo en superavitario, como si ese organismo no cumpliera funciones sociales. Lógico para quien no es siquiera médica -se recibió en otras ciencias en la Kennedy-, enemiga de un sindicalismo que reprocha la facilidad contable del Estado: recibe 160 pesos por aporte individual y a las obras sociales de los gremios -en déficit constante- sólo les devuelve una cápita de 60. 2) Martín Lousteau a Economía, aún a cargo del Banco Provincia, con antecedentes de formación liberal (San Andrés y London School) y cierta adaptación luego al espíritu productivista o desarrollista de los Javier González Fraga, Alfonso Prat-Gay o Pedro Lacoste. Nunca, entonces, podría estar lejos de Roberto Lavagna. Se le reconoce prolijidad, tendrá que demostrar pensamiento propio. Es de los «jóvenes turcos» que aspira a nuclear la señora de Kirchner. 3) Florencio Randazzo en Interior reúne una edad y un modelo semejantes, bonaerense con antecedentes diferentes de los de Lousteau -los que, claro, sólo se consiguen en el distrito bonaerense desde los tiempos duhaldistas-, a quien le jibarizaron el ministerio. Pero Kirchner, en su momento, lo eligió para jugar un papel a su lado. No pudo en estos años siquiera candidatearse a la gobernación -nula aceptación en las encuestas-, ahora le asignan un rol gravitante para fortalecer alianzas en el interior del país. No se sabe aún si le cabe responsabilidad por las licitaciones de la documentación ciudadana o, ese tema tan sensible se lo derivan a Justicia, a un especialista.

  • Enorme sorpresa fue la concentración de autoridad y jurisdicciones que le han otorgado a Aníbal Fernández en Justicia: le ceden parte de lo que ya controlaba en Interior (Policía y Seguridad), lo hacen cargo de derechos humanos (lo que no debe alegrar a las organizaciones ad-hoc) y le conceden tutela sobre magistrados (algo de ese desempeño ya se observó cuando se hicieron conocer sus grabaciones con el fiscal Carlos Stornelli). Llega como un acto magnánimo y discrecional de la pareja: a él no debió gustarle que la gente de este Fernández perdiera en Quilmes (cuando el oficialismo ganó en todas partes), y ella ha revelado generosidad en el olvido: fue este ministro quien, alguna vez, la enjuició como clienta de una peluquería por las peleas que mantenía con Hilda Chiche Duhalde. Un fenómeno de supervivencia pues, como se sabe, tampoco gozaba de la simpatía del otro Fernández en jefe, con quien deberá negociar parcelas en el área judicial (área, como se sabe, totalmente negociable desde la época del menemismo).   

  • Otra sorpresa fue la continuidad de Nilda Garré en Defensa, quien -para asombro de muchos, del periodismo todo- ya había festejado su permanencia con otro validado en Cancillería hace menos de una semana: Jorge Taiana. Cristina requiere estas presencias que le recuerdan su juventud pasada y no vivida. Otro logro visible de la futura presidente es la incorporación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, además con un genetita como Lino Barañao, quien por su actividad específica ( invención, reinvención, clonaje, multiplicación de frutas, hortalizas o animales) deslumbra a cualquier mortal, mucho más si es abogado. Opiniones aparte, parece atinado que el país le conceda otro espacio a la ciencia, deje de tratarla como materia subalterna. Es de confiar que no malgaste el Estado esa iniciativa.

  • Tiene lógica otra estabilidad: la de Carlos Tomada en Trabajo (Alberto Fernández no logró ubicar allí a Héctor Capaccioli), protagonista y estudioso del pacto social que -juran-será el fundamento del gobierno de la esposa de Kirchner. Se supone que le cambiarán el nombre a ese acuerdo (siempre se vuelve a José Gelbard) y que le ampliarán los objetivos (aunque se dice que no regirá el nivel de salarios). Promesa de una Moncloa perfumada, especialidad de Tomada. Ni un temblor, tampoco, produjo la llegada de Juan Carlos Tedesco a Educación: casi una extensión burocrática, lo puso el todavía ministro Daniel Filmus, a quien el Presidente supone -a costa de fracasar en elecciones- la estrella política con la que sueñan los porteños. Al menos, cuando éstos pierdan la soberbia.   

  • Quienes presagian el mantenimiento del internismo belicosodel gabinete actual en el nuevo suponen -al menos desde la Jefatura de Gabinete- que ese crítico estado de ánimo se salvará en una segunda fase de cambios: anuncian que Cristina se reserva para más adelante -como si estas designaciones fueran parte de una obra de teatro veraniego- la verdadera inauguración de su mandato, con ministros más gravitantes. Nadie entiende ese pronóstico: primero porque implica una devaluación de los que ya fueron nombrados y, segundo, porque esos anticipos semejan a los planificadores militares de antaño anunciando el «tiempo social», luego el «tiempo político» o el «tiempo económico». Una necedad casi siempre superada por un cacerolazo, una huelga o una caída de los mercados.

  • Hay alguien -entre otros- que deberá observar las designaciones como favorables o no en lo personal. Además de Mauricio Macri, quien más daño puede prever es Daniel Scioli: deberá lidiar con un Randazzo en Interior, fabricante de estructuras con los intendentes de la provincia, quien diseña políticas a la medida de Kirchner. Le costará acceder a Lousteau -al que no quiso mantener en el Banco Provincia- y soportar a un Fernández exilado bonaerense con dominio policial. Un trío que hará lo que diga el matrimonio al respecto, el que al decidir los cargos no sólo ha pensado en el mejor desempeño de cada ministerio. También, en la preservación futura de sus intereses.   

  • Si bien había cierta expectativa por los nombramientos de nuevos ministros o por los cambios en el gabinete, en realidad el anuncio de ayer carece de toda importancia. Esto es así porque Néstor Kirchner se negó desde el inicio de su gestión a mantener reuniones de gabinete o a fomentar el trabajo en equipo, provilegiando sólo los contactos radiales con sus ministros. Para demostrar su mimetización con su marido, la señora de Kirchner ya declaró también (en una entrevista con un medio extranjero, porque en la Argentina nadie le puede hacer preguntas) que ella jamás va a hacer reuniones de gabinete porque no las juzga útiles.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar