1 de junio 2001 - 00:00

Grupo Retiro: más música para el compromiso

La vocación por el acuerdo que ha ganado a la dirigencia argentina debería ser alentadora para Fernando de la Rúa. Es cierto que todos esos compromisos se basan en la hipótesis de que el oficialismo resulta impotente, débil. Pero por lo menos no han aparecido hasta ahora los que se nieguen a fotografiarse con el gobierno, como podría suceder si la imagen del gabinete estuviera más vapuleada.

Al acercamiento que viene gestionándose desde las oficinas de Chrystian Colombo, Nicolás Gallo y Patricia Bull-rich se le ha sumado otro, menos politizado y tal vez de más largo plazo. Lo promueven varios dirigentes políticos, empresarios y religiosos que están convencidos de que no alcanza con lo que hoy les ofrecen al país individualmente los partidos o el gobierno. A tal punto está extendida esta sensación que en este nuevo grupo participan legisladores radicales y hasta algún funcionario del Poder Ejecutivo.

Se denominan a sí mismos como grupo Retiro, por el barrio en que se vienen reuniendo hasta ahora (eligieron como sede el Hotel Sheraton). Allí están Eduardo Amadeo (PJ), Mauricio Macri (SOCMA), Eduardo Elsztain (IRSA), Alejandro Bengolea (Loma Negra), Carlos «Tito» Winograd (Secretaría de Defensa de la Competencia), Jorge Remes Lenicov (PJ), Darío Alessandro (Frepaso), Marcelo Stubrin (UCR), Jesús Rodríguez (UCR), Horacio Rodríguez Larreta (h) (PJ), Guillermo Stanley (Citibank, principal animador de la reunión), Juan Carr (Red Solidaria) y Guillermo Marcó (Arzobispado de Buenos Aires).

Demora

Como se ve, el grupo es variado y tal vez por eso se demora un poco en la emisión de un documento que contendría la agenda de discusión que prometen exponer públicamente. Lo integran legisladores muy conocidos y también empresarios famosos. Además de dirigentes menos notorios. Por ejemplo, el padre Guillermo Marcó, delegado del cardenal Jorge Bergoglio para cuestiones de vida pública, un sacerdote al que los políticos han comenzado a reconocer como «un cuadrazo». En rigor, este párroco se asomó a la fama a través del programa televisivo de diálogos religiosos que llevaba adelante con el árbitro futbolístico, sindicalista y abogado Guillermo Marconi («Marcó y Marconi» se llamaba el envío). Por eso algunos despistados lo confunden al cura con Mauricio D'Alessandro, quien también coprotagoniza otro espacio con Marconi: «Abogados de señoras».

A lo largo de tres reuniones, el grupo Retiro se propuso fijar por escrito sus propuestas y entregárselas en mano a Fernando de la Rúa. La redacción del texto quedó en manos de Rodríguez Larreta (h) y de Stanley, quien también se encargará al parecer de conseguir la audiencia con el Presidente, dada la vieja simpatía que los une. Si bien se consideraba que este fin de semana estaría finalizada esta tarea, es probable que requieran de unos días más para conseguir el consenso de todos.

Sin embargo, ayer circuló entre varios integrantes del grupo un borrador del temario. En rigor, es bastante parecido al que piensan llevar adelante los empresarios, dirigentes políticos, sindicalistas y religiosos que dialogan con Colombo. Es lógico, en ambas mesas coinciden algunas personalidades (Bergoglio, Puerta y Stubrin, por ejemplo). Entre las cuestiones que aconsejan discutir y estudiar están la lucha contra la pobreza, el costo del sistema político, la reforma tributaria, el régimen de financiamiento universitario y la inserción internacional de la Argentina.

Respiro

El diagnóstico del que parten estos acuerdistas no es del todo desalentador. Creen que con el megacanje habrá un respiro para la economía o que, por lo menos, «dejaremos de caer», como se explicó en una de las tertulias. Pero como todo el mundo recuerda que el mismo augurio se realizaba cuando se consiguió el blindaje y todo quedó en la nada, el primer consejo que pretenden darle ahora al Presidente es que lleve adelante un programa que permita aprovechar con reformas el alivio financiero que produce haber alejado el fantasma de la cesación de pagos.

El otro compromiso, más operativo, que llevan adelante Colombo, Gallo y Bullrich, también tendrá alguna aceleración durante este fin de semana. Los sindicalistas de la CGT oficial se verán con el Presidente con una excusa más o menos formal: la situación de Aerolíneas Argentinas. A la Casa Rosada le interesa ese contacto para aislar a Hugo Moyano, quien lanzó ayer un paro para la semana próxima. A los «gordos» de la CGT también les resulta útil: quieren mostrarse interesados con la situación de la empresa, después de que el camionero propusiera ayer un boicot a todo lo que sea español en la Argentina (así se trate «del almacén del 'gallego' de la esquina»).

Los gremialistas están interesados en saber qué ánimo presenta De la Rúa respecto de este compromiso. Saben que el Presidente está todavía renuente a un nuevo pacto, tal vez porque crea que habrá una recuperación económica de la que podrá disfrutar políticamente sin necesidad de «socializar» un momento pasable. Los capitostes de la CGT tienen otras urgencias y requieren de un «sí» del mandatario: pretenden quedarse con la administración de la salud a través de delegados suyos, única manera que ven de salvarse del colapso que amenaza a sus obras sociales por los eternos desajustes que, ahora, con la crisis, se volvieron asfixiantes. Por eso este encuentro, que probablemente se realice el fin de semana, depende el éxito o fracaso de los otros acuerdos en gestación.

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