Gualeguaychú ratifica las medidas y habla de una crisis sin retorno
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Romina Picolotti
Con todo, queda claro que el gobierno hoy tiene dos problemas: uno en el frente interno con los asambleístas, y otro en la vereda de enfrente, con Uruguay, totalmente decidido a volver a denunciar a las autoridades argentinas por violación de los estatutos del Mercosur por no haber intentado poner freno a los cortes repuestos esta semana.
«Esto de los cortes es una macana. Pero no se evalúa desalojar. No es la voluntad del Presidente», analizó ayer una fuente ligada al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien inicialmente comandó la estrategia de cara al conflicto y luego trasladó ese trámite a Picolotti, aunque por poco tiempo.
A propósito de la funcionaria de ecología, voceros de su cartera dijeron a este diario que «no existía ninguna posibilidad de que la secretaria opinara» sobre el otorgamiento del crédito y la continuidad de los cortes en Gualeguaychú. Fue ciertamente la confirmación de que esa área ya no tiene injerencia en este conflicto, sobre todo desde que Picolotti apareciera en una sesión fotográfica en una conocida revista junto a su marido, el dirigente ambiental Daniel Taillant, el mismo fin de semana que sus ex representados volvían a manifestarse en la ruta.
En tanto, los ánimos ayer en Gualeguaychú no parecían sin embargo más o menos convulsionados.
«La decisión del Banco Mundial (BM) era esperada, no nos sorprendió. Pero el ánimo está igual: sabemos que va a ser una lucha larga y tenemos que seguir de pie», dijo el asambleísta Osvaldo Moussou.
Gustavo Rivollier, uno de los coordinadores de la Asamblea, tachó de «crédito de la muerte» al préstamo otorgado por el BM, cuya decisión, según afirmó, constituye «una afrenta» a la Argentina adoptada sin la « licencia social» de los pobladores.
Para la secretaria de la Asamblea, Marta Gorosperrazú, la concesión del crédito a Botnia «es una clara demostración de las políticas financieras del Banco Mundial, que no toman en cuenta la opinión de toda una población».
«No hay dudas de que ante tremenda realidad habrá que seguir luchando y movilizándose. Porque cuando decimos 'no a las papeleras y sí a la vida', estamos defendiendo un modo de entender la construcción de una sociedad», enfatizó el asambleísta Alejandro Gahan.
«Vamos a endurecer la lucha hasta que Botnia se vaya de Fray Bentos. Estamos pensando en ampliar la protesta y cortar los tres puentes al Uruguay», coincidían anoche. En igual tono, el asambleísta Jorge Fritzler aseguró que «la gente está entendiendo que esta lucha está entrando en una etapa más dura».
«Hemos sido demasiado buenos y nos estamos enojando. Esto va a ir acrecentándose hasta que nos escuchen», advirtió. Sin embargo, anoche algo quedó claro: en esta ciudad harán todo lo posible por derribar la chimenea de Botnia, que se yergue hoy soberbia sobre el caudaloso río Uruguay o «río de los pájaros». Pero evitarán, por todos los medios, recurrir a actos violentos tanto contra los habitantes de Fray Bentos como contra la propia empresa: «Cualquier cosa menos la violencia», cerraron y despejaron -al menos por el momento- un temor que comienza a instalarse también en el seno del gobierno.



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