30 de noviembre 2005 - 00:00

Hasta hacen renacer al caído duhaldismo

Roberto Lavagna fue ministro de Economía de dos presidentes durante 1.313 días sin tener un plan económico. Sin embargo, elaboró uno perfecto para salir del gobierno como él quería. No huyendo ante una crisis sino echado, obligado a renunciar. Se presenta como el ideal para un economista que no es -nunca fue- ortodoxo puro pero con conocimientos muy abundantes para darse cuenta de que bajo jefes populistas de derecha (Duhalde) y populistas de izquierda (Kirchner) se puede operar sólo en las buenas. Pero es imposible para un técnico no demagógico afrontar dentro de un gobierno crisis severas, como es el empinamiento inflacionario, uno de los problemas más graves de la economía desdehace casi dos siglos, en casi la totalidad de los países.

En definitiva, el tema de fondo es económico, como le agradaría oír decir al barbado lanzador del Materialismo Histórico, pero Lavagna lo armó a su favor como hábil estratega político. Tanta habilidad que ayer uno de los diarios del gobierno tituló su tapa con «eyectado» ( desplazado con violencia como asiento de avión de combate), como un logro del progresismo criollo, cuando puede ser estertor.

Otro diario del gobierno, «Clarín», prácticamente destrozó al describir a la flamante ministra Felisa Miceli, como también citó la prensa independiente: la mencionó como ligada al estatista y retrógrado Plan Fénix y discípula del economista creador de «vivir con lo nuestro», Aldo Ferrer. Definiciones de por sí que no redimen los años pasados junto al propio Lavagna, aunque aún hay que esperar que actúe para no caer en el famoso «Teorema de Baglini» (la responsabilidad de las posiciones políticas o económicas es inversamente proporcional a la distancia que los separa del poder).

Felipe Solá ya había llegado a Mar del Plata pero terminó visitando sólo el puerto cuando recibió la tajante orden de Néstor Kirchner de que no concurriera ningún funcionario al coloquio de IDEA. El ministro de Educación, Daniel Filmus, rompió el pasaje ya a punto de embarcar. Roberto Lavagna fue. Además no participó en el proselitismo contra Duhalde y en el acto gigantesco de lanzamiento de la campaña del oficialista Frente de la Victoria, en Rosario, con todos los ministros y todos los gobernadores peronistas; el ministro Lavagna se inventó un acto en China y no concurrió. Además les tocó en discurso público el quisquilloso tema de la «obra pública» con fondos del Estado, algo sagrado para este gobierno que descree en la actividad privada. La «obra pública» -con licitaciones que siempre enfrentan cartelización (acuerdo afuera)- fue consuetudinariamente pilar del kirchnerismo. El ministro Julio De Vido siempre menciona que en una provincia como Santa Cruz con sólo 200.000 habitantes, cuando Kirchner era gobernador, licitaron «obra pública» por mil millones de dólares. La insinuación de corrupción allí, más la del propio George W. Bush en sólo 30 días fue tremenda desde Lavagna.

Lo único que le faltaba al ex ministro era ofender a la esposa para que Kirchner lo «eyectara», como finalmente ocurrió.

• Alegría

Se fue; el progresismo criollo está más que contento, hablan del Presidente como «el astro rey» (ayer en «Página/ 12») y no se dan cuenta que crearon un monstruo con su ex ministro. Ahora una figura pública de renombre es la primera reivindicación que tiene el moribundo duhaldismo desde su tragedia electoral el 23 de octubre pasado, hace sólo 40 días. Ayer un periodista de este diario vio a Eduardo Duhalde. Cerró la boca pero la alegría le desbordaba por los ojos.

No es sólo que el duhaldismo pasó a tener una figura no incinerada como la gran mayoría de su tropa sino que, además, Lavagna se va con fama de austero, de valiente, insultado por Hugo Moyano y Luis D'Elía -que terminan siendo halago- y con la aureola de arreglador de la deuda externa. No fue en esto brillante Lavagna porque tardó mucho, cortó con la demora las inversiones externas a la Argentina (luego de estar primera en Latinoamérica en los '90 pasó al quinto lugar detrás de Brasil, México, Colombia y Chile) y le deja el problema de 23.000 millones de dólares sin refinanciar que quieren «olvidarse» pero que siempre impedirán un acuerdo con el Fondo Monetario.

• Inhibición

Cambió tanto el panorama político-económico con este movimiento ministerial que al tomar el mando efectivo y absoluto y rodearse de ministros sólo obedientes y sin permiso para iniciativas personales, el kirchnerismo se imposibilita de generar en dos años, hasta las elecciones 2007, figuras de impacto político que le escaseaban y tendrá menos desde ahora. Es difícil hacer carrera en política a partir de la obsecuencia en cargos públicos y tras aceptar reemplazar a figuras que no titubearon en abandonar las alfombras rojas del cargo oficial por no volverse amanuenses destinados a no mostrar iniciativas.

Puede ser que el dinero del Estado todo lo compense y compre «voluntades» pero en 2007 Néstor Kirchner no podrá asegurar por los dos años siguientes esos dineros públicos si no gana la reelección. Esta sola duda le creará rechazos a sumársele.

Mientras tanto crecen figuras como el santafesino Binner, el radical mendocino Roberto Iglesias (si gana la conducción partidaria mañana), Mauricio Macri, Elisa Carrió y ahora Roberto Lavagna. Ninguno de ellos simpatiza con este gobierno. Por sus magnitudes políticas personales no pueden volverse tránsfugas como Borocotó y tienen para repartirse candidaturas en todos los principales distritos electorales del país.

Para pensar si, además, el gobierno tiene el desgaste del poder, hace malos cálculos políticos como los de este lunes y corre riesgos como que se le escape la inflación que, no puede negarse, se siente más acechante al conocerse que sólo va a ser atacada desde la heterodoxia. No se recuerda país que sólo con este remedio la haya vencido.

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