Hasta hacen renacer al caído duhaldismo
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Se fue; el progresismo criollo está más que contento, hablan del Presidente como «el astro rey» (ayer en «Página/ 12») y no se dan cuenta que crearon un monstruo con su ex ministro. Ahora una figura pública de renombre es la primera reivindicación que tiene el moribundo duhaldismo desde su tragedia electoral el 23 de octubre pasado, hace sólo 40 días. Ayer un periodista de este diario vio a Eduardo Duhalde. Cerró la boca pero la alegría le desbordaba por los ojos.
No es sólo que el duhaldismo pasó a tener una figura no incinerada como la gran mayoría de su tropa sino que, además, Lavagna se va con fama de austero, de valiente, insultado por Hugo Moyano y Luis D'Elía -que terminan siendo halago- y con la aureola de arreglador de la deuda externa. No fue en esto brillante Lavagna porque tardó mucho, cortó con la demora las inversiones externas a la Argentina (luego de estar primera en Latinoamérica en los '90 pasó al quinto lugar detrás de Brasil, México, Colombia y Chile) y le deja el problema de 23.000 millones de dólares sin refinanciar que quieren «olvidarse» pero que siempre impedirán un acuerdo con el Fondo Monetario.
• Inhibición
Cambió tanto el panorama político-económico con este movimiento ministerial que al tomar el mando efectivo y absoluto y rodearse de ministros sólo obedientes y sin permiso para iniciativas personales, el kirchnerismo se imposibilita de generar en dos años, hasta las elecciones 2007, figuras de impacto político que le escaseaban y tendrá menos desde ahora. Es difícil hacer carrera en política a partir de la obsecuencia en cargos públicos y tras aceptar reemplazar a figuras que no titubearon en abandonar las alfombras rojas del cargo oficial por no volverse amanuenses destinados a no mostrar iniciativas.
Puede ser que el dinero del Estado todo lo compense y compre «voluntades» pero en 2007 Néstor Kirchner no podrá asegurar por los dos años siguientes esos dineros públicos si no gana la reelección. Esta sola duda le creará rechazos a sumársele.
Mientras tanto crecen figuras como el santafesino Binner, el radical mendocino Roberto Iglesias (si gana la conducción partidaria mañana), Mauricio Macri, Elisa Carrió y ahora Roberto Lavagna. Ninguno de ellos simpatiza con este gobierno. Por sus magnitudes políticas personales no pueden volverse tránsfugas como Borocotó y tienen para repartirse candidaturas en todos los principales distritos electorales del país.
Para pensar si, además, el gobierno tiene el desgaste del poder, hace malos cálculos políticos como los de este lunes y corre riesgos como que se le escape la inflación que, no puede negarse, se siente más acechante al conocerse que sólo va a ser atacada desde la heterodoxia. No se recuerda país que sólo con este remedio la haya vencido.




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