El gobierno llevará adelante dos tareas en las próximas 48 horas. Una ronda específicamente política, en la que Fernando de la Rúa se reunirá con Raúl Alfonsín y con Carlos Menem. Los dos ex presidentes tal vez se crucen en la Casa Rosada: el radical tiene turno a las 9.45 y el peronista a las 11. Esta convocatoria incluye, para mañana, a los gobernadores de provincia. La otra rueda servirá para que el gabinete instale el «sanatorio para empresas», es decir el tratamiento de los problemas de competitividad, sector por sector, como se adelantó ayer en este diario. Habrá un encuentro a las 9 con los representantes de la industria metalúrgica y a las 15, otro con los de la indumentaria. Sin embargo, la reunión más importante se hará a las 17 y participarán las principales cámaras empresariales, los sindicalistas de la CGT dialoguista de Rodolfo Daer y, eventualmente, los de la CGT de Hugo Moyano.
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Con demasiado espíritu sinóptico, los principales funcionarios del oficialismo decidieron ayer una especie de división del trabajo. Habrá un grupo dedicado a tejer una urdimbre política y otro cuya misión será trajinar con los problemas de competitividad que se propuso tratar el gobierno para alentar la reactivación. En el primer equipo estarán el Presidente; el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo; el ministro del Interior, Ramón Mestre, y el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo. En el «grupo competitividad», como se lo denominó ayer en la Casa de Gobierno, figuran Cavallo, Carlos Bastos y Patricia Bullrich.
El formato se estudió y definió ayer durante un conciliábulo en el despacho de De la Rúa del que participaron Colombo, Cavallo, Bullrich, Marcelo Regúnaga, Gallo, Armando Caro Figueroa y Marcelo Stubrin. A primera vista, parece una organización excesivamente geométrica del trabajo. Es lo de Cont. en pág. 3 menos: tal vez resulte, además, riesgosa. La intención última de esa clasificación es reponer al Presidente, al menos en la superficie de las imágenes, como el conductor del proceso político y corregir la devaluación a la que aparece sometido. Es cierto que el propio oficialismo llegó lejos en esa postergación de De la Rúa, permitiendo que ofrezca dos reportajes el domingo pasado hablando a dúo con Cavallo, práctica en la que ningún presidente había incurrido hasta ese día. Ahora, con las visitas de Menem y Alfonsín se intenta rescatarlo de esa situación: en ninguno de los dos encuentros estará el ministro de Economía.
Sospechas
Esa ausencia es justificable y hasta el mismo Cavallo la entendió cuando se la explicaron ayer en la Rosada. Pero no habría que descartar que, con el correr de las horas, comiencen a contaminar el oído del ministro con sospechas malsanas. Por ejemplo, que la estética de este nuevo diálogo político lo excluye y lo devuelve al lugar de los técnicos. Justo cuando él se empeña en simular que es un político, que ya no es economista (se parece a su amigo Jorge Asís, cuando se hacía llamar «ex escritor») y, sobre todo, que ya no tolera que lo presenten como un empleado de quienes manejan los votos. Entre los que pueden irritar al ministro de Economía haciéndole temer conspiraciones allí donde tal vez haya sólo gestos desesperados por estimular al Presidente, habría que contar a consejeros tan diversos como José Luis Manzano o Carlos Chacho Alvarez, quien seguramente echará la culpa de la «maniobra» al delarruismo ortodoxo.
Alfonsín y Menem se entusiasmarán con la escenografía montada para hoy. A los dos les interesa que De la Rúa recupere algo de su majestad. No sólo porque son ex presidentes, también porque ambos tienen heridas abiertas en relación con Cavallo. Más allá de esa coincidencia, es obvio que el espíritu de los dos encuentros será diverso. El jefe de la UCR pedirá nuevamente por la incorporación de frepasistas al gabinete, seguramente para el Ministerio de Acción Social. A pesar de que el Frepaso, por la boca de Marcos Makón, reclamó ayer «más que cargos, participar del proceso de toma de decisiones». Como si De la Rúa no pidiera lo mismo en estos días. Lo más probable es que el «chachismo» vuelva a los puestos públicos y que «las decisiones», al menos por un tiempo, sigan concentradas en manos de Cavallo. Todo sea en homenaje a Alfonsín, quien ayer pagó el peaje para entrar al despacho presidencial diciendo que «Cavallo está en el buen camino» -tal vez publique otro libro para explicar este giro, como hizo después de pactar con Menem-.
Improbable
El riojano, por su lado, no aceptará integrar hombres del PJ al gobierno de De la Rúa. Ni falta que hace: es improbable que se lo ofrezcan, por más versiones que hubiera anoche sobre el ingreso de Daniel Scioli. Aceptará, eso sí, que le agradezcan la colaboración prestada y le harán mención especialmente al discurso que pronunció ayer en el Senado su hermano Eduardo, rematado con la aclaración balsámica de que «la delegación de facultades la hacemos en el Presidente».
Por otro carril, el de las negociaciones sectoriales, transitarán los empeños del «grupo competitividad». Hoy se identificará a los negociadores de cada actividad, sea de la rama empresaria o de la gremial. Lo mismo hará el gobierno, especialmente el Ministerio de Economía, que debe destinar a dos funcionarios para esta tarea. Una vez designados, se analizará toda la cadena productiva de una actividad específica -se comenzará con la de productores de bienes de capital, afectados por la baja de aranceles-para eliminar los factores que la asfixian.
El día oficial terminará con una mesa amplia a la cual se sentarán empresarios y gremialistas. Estos últimos, en sus dos vertientes, estarán eufóricos y ansiosos por colaborar: anoche festejaban el fracaso del propio gobierno en una desregulación de obras sociales mal concebida desde el punto de vista técnico. Aplaudían el papelón de un decreto que daba de baja otro y, sobre todo, que eso ocurriera sin un solo pedido de su parte.
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