27 de enero 2005 - 00:00

Ibarra, al banquillo con otros fantasmas

Aníbal Ibarra
Aníbal Ibarra
Abrumado por los rumores, Aníbal Ibarra se prepara para enfrentar mañana una interpelación maratónica en la Legislatura porteña. Escoltado por su gabinete, el jefe de Gobierno aterrizará en el recinto con un fárrago de palabras y papeles para retrucar el interrogatorio.

Pero su atención enfocará otros horizontes más espinosos e impredecibles que lo que pueda ocurrir adentro de la Legislatura. Por estas horas, las obsesiones del frentista se ramifican en tres planos: uno político, otro judicial y un tercero público.

Cada elemento respeta su propia mecánica y se mueve con tiempos y reglas independientes. Pero, necesariamente enlazados entre sí, un movimiento en la Justicia puede disparar de inmediato una reacción en el andamiaje político que preserva al jefe de Gobierno.

UNO. ¿Es sólido el sostén de Néstor Kirchner al jefe porteño?
Dicen en el gobierno: el deterioro de Ibarra, aunque crítico, es revertible. Ese es el mensaje que despliega el ministro con más explícito interés en la Capital Federal. La Casa Rosada, en la peor hora del porteño, intercedió para preservarlo. Pero el costo de esa cobertura enchastró al Presidente: en las encuestas que leyó el patagónico en las últimas horas, aparece «demasiado» cerca de Ibarra y su propia imagen pública -sin duda, el mayor capital político del santacruceñoacusó los efectos de esa proximidad. ¿Llegó la hora de emular a Felipe Solá e iniciar un despegue? Datos, sólo datos, pero a raudales, sugieren que como nunca antes esa posibilidad está próxima. Además de la furia que desató en Kirchner el golpe en los sondeos, lo más relevante es la maniobra en el Congreso para votar la intervención del Gobierno porteño (ver nota central). «Es inviable, no dan los votos para hacerlo», arguye un involucrado directo y suma otro argumento: «Si Kirchner quiere la intervención directamente firma un decreto y listo». En el Congreso, en todo caso, sería necesaria la intervención del duhaldismo que, hasta ahora, sólo apareció para apaciguar la crisis. La señal más fuerte de Eduardo Duhalde en esa dirección fue la asunción de Juan José Alvarez como secretario de Seguridad porteño. Alvarez, por lo pronto, estará mañana sentado junto a Ibarra dando explicaciones sobre la responsabilidad del gobiernoporteño en la tragedia de Cromañón. Si Duhalde quisiera correrle el cuerpo a Ibarra, sólo tendría que telefonear a Alvarez y contarle que tiene un mejor destino para él. No hay indicios de que eso haya ocurrido. Tampoco hay respuesta a otra interrogante: ¿a quién beneficiaría una intervención?

DOS.
El capítulo más espeso, y Kirchner lo sabe, es el judicial. ¿Cómo reaccionará el Presidente si la semana que viene, antes de que el viernes 4 concluya el secreto de sumario, la jueza María Angélica Crotto llama a indagatoria a Ibarra como paso previo para procesarlo? Un relato, de alguien que oscila entre el Palacio Municipal y la Casa Rosada, es clarificador. «Ahora todos los esfuerzos están puestos en sostener al jefe de Gobierno pero si hay una resolución judicial negativa todo cambia». Crotto es un jeroglífico que nadie logró aún decodificar y por tanto, sumando como antecedente el dictamen para inhibir los bienes del jefe de Gobierno, no debería sorprender un fallo que comprometa seriamente a Ibarra. ¿Tiene Kirchner la certeza o, siquiera la sospecha, de que esa resolución es inminente como se vaticina en oficinas judiciales? Si la respuesta es sí, se explicarían muchas cosas y se consolidaría la presunción de que el Presidente comenzó los movimientos para dejar a Ibarra a su suerte. Esa mutación, luego de amparar al frentista, la estaría preanunciando la hiperkinesis que ayer reflejó el Congreso en torno al proyecto de intervención.

TRES.
Un plano adicional, que Kirchner devora con la misma fruición que ojea encuestas, es el termómetro de la calle. Mañana, cuando Ibarra concurra al recinto, sólo un contingente de familiares -no más de 80- podrá ingresar al edificio para asistir a la sesión. El grueso estará desplegado por los alrededores de la Legislatura. Hoy, el vice del cuerpo, Santiago de Estrada, se contactará con las familias para explicar que el recinto tiene capacidad limitada y que no todos, como es el deseo, tendrán acceso. Nadie se anima a pronosticar cómo reaccionarán ni tampoco qué ocurrirá fuera del Palacio mientras Ibarra intente explicaciones adentro. Un poderoso operativo de seguridad, con cercos y policías, podría sólo ser un placebo. Los antecedentes no son positivos: a mediados de 2004, hubo serios incidentes durante el tratamiento del Código de Convivencia Urbana, y en tres de las últimas marchas por Cromañón se produjeron hechos violentos.

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