La incertidumbre sobre el resultado electoral en la Capital Federal y la supervivencia de la Alianza después del 14 de octubre jaquean a Aníbal Ibarra, quien permite ahora que sus funcionarioscandidatos continúen en sus cargos, aun estando en campaña. La estrategia, además, está incluida en un plan de reorganización del gabinete porteño, en el que el jefe de la Ciudad apuntará a preservar a sus fieles y desplazar al antialianciasmo.
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La licencia para seguir en campaña es para el secretario de Salud, Aldo Neri -primer postulante a diputado nacional-, y para el director del Mercado Central, Horacio Vivo -en cuarto renglón de esa lista-.
La razón para el permiso, que no tuvo Norberto La Porta, quien debió renunciar a la Secretaría de Medio Ambiente para participar en la boleta del ARI (Alternativa por una República de Iguales), es sumar datos que le otorgará el escrutinio del 14 de octubre para ver en qué dirección intenta agilizar su alicaída gestión.
La semana pasada; Ibarra les ratificó a sus socios radicales (los que ganaron la interna de la UCR, el terragnismo y la tropa de Jesús Rodríguez) que la silla que dejará Neri la ocupará uno de ellos. Ayer al mediodía, sin embargo, el frepasismo de esa repartición, Salud, se juntó en un asado, en el que evaluó la posibilidad de reclamar la titularidad del área para la tropa, lo que en los planes de Ibarra parece imposible hoy. Incluso, algunos creen que podrían ofrecerle el puesto al belicista Enrique Rodríguez, actualmente más allegado a Néstor Kirchner que a Gustavo Béliz.
No son los únicos que golpearían la puerta al jefe porteño, ya que la eventual ruptura de la Alianza después de los comicios, con una retirada formal del Frepaso, y la división definitiva del bloque en Diputados crearían una cola de funcionarios desalojados del gobierno nacional que tendrían como única alternativa acudir a exclusiva gestión que les quedará para estar representados.
Desplazamientos
Por eso, Ibarra espera los cómputos. Si Rodolfo Terragno, candidato a senador de la Alianza porteña, se impusiera al ARI, sería más fácil para el frepasista el desplazamiento que tienen en mente de dellarruistas y también de los funcionarios propios que se le fueron al ARI. Este caso es el de Liliana Chiernajowsky, esposa de Carlos Chacho Alvarez y vicejefa de Gabinete de Ibarra -quien, incluso, ya critica a su mandatario, pero no renunció al puesto-, y también el de Eduardo Jozami, subsecretario de Vivienda, quien tiene a una aliada de su interna frentista, Dora Barrancos, como candidata a diputada nacional en la boleta que apadrina Elisa Carrió. Ibarra y los caciques de la Alianza porteña no quieren ahora irritar a esos ex integrantes de la coalición, cuando la campaña electoral ya los enfrenta por conseguir el primer puesto en el cuarto oscu ro. Además, Ibarra espera ver qué posibilidades habría tras los comicios de una Alianza ampliada en la Capital que contenga a los carriosistas, una posibilidad que sólo él parece imaginar.
Para el jefe de Gobierno de la Capital, la situación es más difícil si la coalición se rompe decididamente: está gobernando con radicales y no quiere desarmar su gestión. Todo lo contrario, sueña con quedarse con esos despojos de la Alianza y ampliarla con peronistas, aunque su máxima aspiración es regresar a los que se fueron.
Esta semana, el Frepaso jugará una nueva carta en la cruzada por retener los votos que ven partir. Tratará que Vilma Ibarra, hermana del jefe de la Capital y segunda candidata a senadora, haga una campaña propia, para intentar sumarle adhesiones a Terragno, acotado a su pelea contra la política económica.
Otra de las estrategias de la coalición en el distrito es no hacer actos junto con Raúl Alfonsín:«El tiene como oposición al peronismo en una provincia que gobierna el PJ, y nosotros estamos en un distrito que gobernamos; por eso, no nos parece que podamos confluir en actos», se excusan los aliancistas por temor a que se piense que creen que Alfonsín podría escurrirles votos.
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