17 de julio 2001 - 00:00

Ibarra intenta quedarse con el mando del Frepaso

Se le complica a Aníbal Ibarra la solvente economía de la Capital que gobierna, si prospera el pedido de los gobernadores para que no se rebajen las jubilaciones y, en cambio, que esa partida se reemplace con dinero que aporte la Ciudad de Buenos Aires al hacerse cargo de todo el costo de los servicios de seguridad y Justicia que se prestan en el distrito y que paga la Nación. No se anima todavía el jefe de Gobierno a ordenar un retiro de los frepasistas del gobierno nacional, pero lo hizo a través de su ladero Ariel Schifrin. Sueña con usurpar la silla que dejó libre Carlos Chacho Alvarez y avanzar sobre Darío Alessandro en el Congreso para incidir sobre los legisladores en la sanción de leyes con las medidas económicas que propuso la Alianza y no adoptó Economía. Quiere retener a la Alianza de la Capital y ampliarla con peronistas. Es sencillo: nadie rehúsa de un pacto electoral en el distrito más rico de la Argentina, que tiene ya déficit cero y un producto bruto interno similar al de Mónaco. Sin embargo, ahora los mandatarios peronistas lo jaquean al dejar en su decisión si se rebajan o no las jubilaciones. Se opone a esa quita, pero dice que la transferencia de la Policía y la Justicia ordinaria son inviables sin el presupuesto correspondiente y apela a la Constitución para rechazar el pase sin el dinero que en principio se traduciría en un índice de coparticipación sobre esos $ 800 millones que abarcan el gasto de seguridad y jueces ordinarios.

Aníbal Ibarra inició una campaña subterránea -con algunas manifestaciones públicas-para que el Frepaso abandone el gobierno nacional como protesta por las últimas medidas econóqmicas, en medio de una ambición personal por retener a la Alianza bajo su ala, ocupando la silla vacía que dejó Carlos Chacho Alvarez. En un paso más largo piensa avanzar sobre Darío Alessandro, jefe de la bancada de Diputados: «A Domingo Cavallo lo espero en el Congreso», dice el frepasista con la idea de interceder ante el Congreso para que sancione leyes con las medidas que propuso el Frepaso y no consideró el gobierno.

Ibarra
imagina un vallado político en la Capital para retener a la coalición en el distrito y cumplir con su aspiración de ampliarla hacia peronistas, tal le aconseja su grupo selecto de asesores, para terminar, claro, apropiándose de la sociedad partidaria. Los chachistas lo miran con recelo, como a un usurpador de herencia, porque creen que quiere reemplazar al cacique recluido.

Alentó ayer esa movida a través de su ladero Ariel Schifrin, un fiel puntero que firmó y distribuyó como propio un comunicado con el consejo: «El Frepaso debe salir del gobierno nacional».

Idea

Schifrin, además de ser el titular del bloque Alianza de la Legislatura porteña es el vice-presidente nominado del Frente Grande de la Capital (casi todo el Frepaso). Por eso avanza con esa idea que se hizo carne en Vilma Ibarra, hermana del jefe de Gobierno y su asesora predilecta, quien el domingo a la noche, después de escuchar los anuncios pidió audiencia con su hermano para protestarle por los resultados de las reuniones en Olivos. Ese dúo, más una mesita de funcionarios consultores de Ibarra como Verónica Torras -subsecretaria de Comunicación-y Raúl Fernández -jefe de gabinete-, lo animan para que siga adelante con la idea de cercar la Capital para que le reboten todas las crisis de la Casa Rosada, pero mantener la coalición, casi como un partido vecinal.

Después de todo, un distrito con cuentas saldadas (como las dejó De la Rúa y sus secretarios de Hacienda, Adalberto Rodríguez Giavarini y Eduardo Delle Ville quien llegó al superávit presupuestario del distrito), es tentador para cualquier proyecto electoralista o de gestión. ¿Quién se animaría, de propios y socios, a retirarse de semejante isla argentina, con producto bruto interno superior, no sólo al del resto de provincias, sino similar al de Mónaco? Los $ 25.168 anuales per cápita colocan a la ciudad de Buenos Aires por sobre Tierra del Fuego que tiene $ 18.000 de PBI anual. También multiplica por ocho a Santiago del Estero y por tres a San Luis, las otras dos provincias que tienen superávit operativo. No hacen falta por caso, más recortes de salarios ni de contratos. Toda una tentación para la política criolla, que Ibarra sabe que debe proteger, si aspira a más en sus proyectos personales (piensa en una reelección y después en «Ibarra Presidente»).

Mientras resuelve esa cuestión económica, el jefe porteño sigue con su estrategia de avanzar sobre la ruptura de la Alianza a nivel nacional. Por ahora es sólo un amague ante De la Rúa-Cavallo, para el que cuenta con aliados radicales. Por un lado el terragnismo enfrentado al delarruismo en la vida interna partidaria, y por otro, más tímido quizá, la incipiente Corriente Progresista que componen algunos alfonsinistas.

Hoy Ibarra se reunirá con Darío Alessandro y Juan Pablo Cafiero, como lo hizo durante el fin de semana para instruirse sobre la posición frepasista. A esa mesa piensa adelantarse en otra jugada: incidir sobre el liderazgo de Alessandro en el Congreso. Insistirá con conseguir que De la Rúa tome algunas de las medidas que propone la Alianza y que si no las adopta directamente el Presidente se utilice la vía legislativa para forzarlas con leyes. En esa negociación exhibe el plus de que sus economistas participaron de la redacción del plan económico de la Alianza, un crédito que suma en su camino hacia la primera posición en la Alianza, por ahora sólo porteña.

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