Ideas para gobernar
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Hay varios motivos para que el gobierno actúe así, desaprensivamente. En primer lugar le interesa la recaudación porque no exigirles aportes a sueldos de $ 800 para que en buena parte se blanqueen, merma ingresos públicos. En la «línea Kirchner», con serias dudas sobre su carisma popular y electoral, la política «del clientelismo» le exige imperiosamente «cajas abundantes» en el Estado. Lo grave es que aquí rechaza, en aras de «las cajas», una solución que daría a millones de trabajadores «en negro» cobertura médica, asistencia social, regímenes laborales oficializados y posibilidad de jubilación futura.
Otro motivo del gobierno también es propio del modo de ser del presidente Kirchner: cree en la imposición, en la confrontación, en la exigencia compulsiva. En definitiva, en gobernar fundamentalmente con fuerza inclusive donde tiene opciones distintas. Opta por imponer «pactos» de precios, por ejemplo, y no reducir impuestos sectoriales temporarios o inducir moderación a través de importaciones del producto que se encarece. Imagina que el Estado pierde fuerza si alienta al cambio al empresario que tenía empleados «en negro», aunque sea porque si blanquea todo los costos lo pueden hacer cerrar. La previsión en el país está, en costos, entre las más elevadas del mundo. Agréguese al riesgo de «blanquear» una ley aún no modificada de alto costo para las empresas por riesgos del trabajo. Súmensele las exacciones que hace el sindicalismo sobre el ingreso de empresas y salario de trabajadores.
Sólo las últimas picardías de los gremialistas -consentidas por un Ministerio de Trabajo dominado por sindicatos- significaron agregar en la industria del vidrio 3% sobre nómina de personal a las empresas y 2% a los trabajadores; quienes se desempeñan en el PAMI le sacan 3% por presión sindical y de 1% a 2% a trabajadores, afiliados o no; estaciones de servicio, garages, playas de estacionamiento, gomerías le extrajeron 2% a la patronal y 2% a los sueldos de trabajadores no afiliados para obligar a la afiliación. Hay muchos más casos de convenios laborales donde los «aumentos» cubren parcialmente la inflación pero incrementan los ingresos de los sindicalistas. Evitar este aprovechamiento gremial desmedido hace que muchas empresas chicas mantengan personal «en negro». Y lo peor es que, pese a la cobertura que no tienen, se repita que lo piden los trabajadores porque el «blanqueo» les reduce el sueldo frente a la voracidad sindical. Por eso la idea de sueldos hasta un tope, sin toda esta tremenda extracción, es una propuesta útil que, además, incluiría a la casi totalidad del personal doméstico. Para eso las cajas previsionales deberían ser superavitarias y parte podrían absorber las AFJP -si verdaderamente el gobierno quiere hacer «distribución social»- que hoy tienen en cartera más de 1.000 millones de dólares.
La misma personalidad del Presidente impide que su entorno le objete algo si con ello hay riesgo de perder el puesto, el despacho, la alfombra roja y el auto con chofer. Al titular de la AFIP, Alberto Abad, lo máximo que se le ocurrió es permitir «descontar de Ganancias» la normalización del personal doméstico, con fuerte presencia en ese 47,1% del negro laboral. Es poco, muy poco. Los ingresos medianos y altos normalizarán por otros motivos, tranquilidad por ejemplo o riesgos de accidentes, porque es insignificante el gasto del personal de su casa en altas cargas tributarias como existen hoy en la Argentina. Miembros de familias de ingreso reducido que trabajan afuera -uno de cada dos debe estar en empleo irregular- no tributan «Ganancias» o lo hacen en el mínimo pero también tienen personal de ayuda en su casa, obviamente en forma irregular. Alberto Abad desde la AFIP concibe plenamente la fuerza como casi única forma recaudatoria. Aporta buena «caja» a Kirchner en época de bonanza general y una o dos veces por semana sale fotografiado o dibujado hasta por Hermenegildo Sábat en el monopolio «Clarín» -vaya a saber a cambio de qué tropelía porque «Clarín» sólo da imagen a sus benefactores- y por tanto es difícil que se vaya a preocupar o arriesgar por formas superadoras de reducir el empleo «en negro». Sobre todo si pueden afectar la «caja recaudadora» aunque sea tan humano darles cobertura social a millones de trabajadores. ¿Qué funcionario de este gobierno se atrevería a proponerle esas ideas al iracundo Presidente si además surgieron en la cabeza de un opositor?



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