H. Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y Marcelo Stubrin
Involuntariamente, los integrantes del grupo Retiro le abrieron anoche al gobierno una vía -simbólica, indirecta- para alcanzar el compromiso político que viene buscando Fernando de la Rúa y que gestiona con paciencia oriental Chrystian Colombo, el jefe de Gabinete. La mayor parte de los miembros de ese grupo -una asociación informal y pluralista que se propuso acercar al gobierno una agenda de propuestas para el mediano y largo plazo-ingresó anoche a Olivos para comer con el Presidente y algunos de sus ministros: Chrystian Colombo, Domingo Cavallo, Patricia Bullrich, Juan Pablo Cafiero y Nicolás Gallo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El gestor del encuentro fue Guillermo Stanley (Citibank) y anoche lo acompañaron, entre otros, el sacerdote Guillermo Marcó (Parroquia de San Nicolás), Alejandro Bengolea (Loma Negra), Eduardo Elsztain (IRSA), Mauricio Macri (SOCMA), Juan Carr (Red Solidaria), Marcelo Stubrin (UCR), Jesús Rodríguez (UCR), Horacio Rodríguez Larreta hijo (PJ), Carlos Winograd (Secretaría de Defensa de la Competencia) y Eduardo Amadeo (PJ). Entre los ausentes, Ramón Puerta, quien se conjuró en Don Torcuato con los gobernadores del Norte a no participar de acercamientos con el oficialismo mientras Carlos Menem permanezca cautivo acusado de integrar una asociación ilícita.
La visita a la residencia presidencial tuvo como excusa la entrega de una propuesta o sugerencia de agenda para tratar algunos de los problemas más urgentes del país, sustrayéndolos de la disputa partidaria o sectorial. El texto fue compuesto por Rodríguez Larreta, sobre la base de trabajos propios -en especial el capítulo de «seguro social»-, de Amadeo y de Jorge Remes Lenicov (ausente anoche por encontrarse en Paraguay, participando de una reunión de parlamentarios del Mercosur).
• Antecedentes
El trabajo que quedó en manos de De la Rúa se articuló en 10 puntos. Entre los más llamativos está un capítulo sobre lucha contra la pobreza, que tiene antecedentes lejanos en el modelo que, en los comienzos del menemismo, el Citi le acercó al gobierno. En este caso, se trata de aplicar 840 millones de pesos a una cobertura social de la que estarían encargados los jefes de familia. La suma sería variable según el caso y provendría de una reorganización del gasto social y no de la aplicación de recursos presupuestarios nuevos.
Stubrin estuvo a cargo de un capítulo sobre reforma política que promete algunas originalidades respecto de los que se están discutiendo hoy en el Congreso y Remes Lenicov acercó una iniciativa que también tiene tratamiento parlamentario: una reorganización administrativa para fortalecer y darle lógica a las políticas de comercio exterior. Remes propone la creación de un sistema nacional de comercio exterior, del que se haría cargo el jefe de Gabinete coordinando las tareas del canciller, el ministro de Economía, la Secretaría de Turismo y el resto de las oficinas que tienen competencia en la materia. Debajo de ese «team» revistaría un Instituto del Comercio Exterior encargado, con un presupuesto de no más de $ 15 millones, de estudiar los problemas que enfrenta el país y las posibilidades que se le ofrecen en términos de competitividad e inserción internacional.
La pretensión de quienes visitaron anoche a De la Rúa no fue, obviamente, más que sugerir una serie de cursos de acción que el Presidente podría hacer suyos. Pero para el gobierno esa voluntad se volvió providencial: desde que cayó preso Menem, el tejido que se llevó adelante desde la Jefatura de Gabinete para alcanzar un acuerdo político encontró demasiadas dificultades. Es cierto que Colombo consiguió mover hacia sí al tucumano Julio Miranda y que José Manuel de la Sota dio con él una conferencia de prensa, en Córdoba, el jueves pasado (en la que el gobernador dijo que los políticos «sólo debemos estar eximidos de concurrir a Tribunales por aquello que decimos o que pensamos; por todo lo demás debemos estar a las órdenes de la Justicia cada vez que nos convoquen»). Sin embargo, la meta de firmar en la Casa de Tucumán el compromiso el 9 de julio parece ahora esquiva.
Quebrar esa reticencia es crucial para el gobierno. En algunos casos lo va logrando, como se demostró en el Palacio San Martín, donde Adalberto Rodríguez Giavarini recibió la semana pasada a diputados peronistas como Teodoro Funes (Córdoba), María del Cármen Alarcón (Santa Fe) y Rafael Romá (Buenos Aires) para discutir la agenda internacional del país. Pero todavía falta mucho -demasiado- para que el cuadro que pretende componer De la Rúa aparezca claro ante la opinión pública: él quiere presentar a un gobierno que sobrevuela el enfrentamiento electoral (convertido en exclusivamente federal) a un punto tal que nadie pueda verlo derrotado en las urnas de octubre. Para esta finalidad, los integrantes del grupo Retiro prestaron anoche un servicio discreto. Al menos así lo entendió el dueño de casa.
Dejá tu comentario