Inédito, el "voto rechazo" que sacudió las elecciones
La abstención fue mucha. Se suma a los blancos y anulados. Da cercano a 30% (1 de cada 3 argentinos). No gustaba lo que hace este gobierno ni las propuestas de quienes se le oponen. El voto en blanco es primero en Capital Federal y Santa Fe (casi el doble del ganador PJ). Es récord histórico con voto obligatorio. En Santa Fe el blanco ganó al PJ y a la UCR juntos y opacó un poco a Reutemann. Tal número de voto en blanco, abstención electoral y voto insultante transforma al escepticismo en el segundo partido nacional. Muestra repudio a figuras políticas y sus propuestas. Tanto voto no válido benefició a partidos chicos. Pone un diputado el Partido Humanista por Capital Federal. Zamora, de izquierda, subió así a 10%. También muestra disconformidad con el país en permanente crisis.
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En esta misma condición del voto negativo está su reclamo hacia el peronismo. Este partido mantuvo su caudal electoral pero no consiguió capturar a la franja que huye de la Alianza, sea por el desencanto que produjo esa fuerza con sus frívolas polémicas internas o por una experiencia de gestión más que pálida. Mirado desde este ángulo, el voto en blanco alude a la crisis del peronismo como fuerza política, afectada por varios factores que conspiran contra su consistencia electoral: desde la incomodidad que muchos de sus dirigentes tienen con su experiencia de gobierno más reciente, pasando por su feudalización territorial y terminando en el cautiverio de su último líder nacional.
Sin embargo, tal vez el lugar de la política donde más golpea el «voto rechazo», allí donde más cáustico se vuelve, es en las corrientes que se plantean como abiertamente antipolíticas. Sobre todo Elisa Carrió y su ARI y Luis Farinello y su Polo Social. Si se hace un relevamiento preliminar de las zonas en las que está radicado con mayor densidad, este tipo de sufragio parece corresponderse con electores que en otro momento se enamoraron de figuras que levantaron como bandera la censura a la política tradicional. Lo que hoy hace Carrió al hablar del «régimen corrupto» o Farinello al levantar lugares comunes tan sensatos como demagógicos.
• Sentimiento
La novedad más importante de la elección de ayer es que el «voto rechazo» canaliza ahora un sentimiento que antes se expresaba en listas electorales que se proponían renovar la política. Habría que ver, al menos a modo de hipótesis, si el desencanto que produjo Carlos Alvarez con su deserción y, más en general, el Frepaso, no tienen que ver con este lugar vacante que dejó el «progresismo» para una franja de la sociedad que decidió entregarse en brazos de la ficción -desde Clemente hasta Homero Simpson-o de próceres mal estudiados antes que adherir a la retórica redentorista de las «Lilitas», «Luises» o «Chachos». Desde ayer, también ellos se volvieron frustrantes.
• Dirección
No se necesita ser muy perspicaz para detectar que el enojo con la política que ayer adquirió un formato visible, está dirigido sobre todo a los partidos que más trajinan con el poder, aquellos que vienen administrando el país y las provincias en los últimos años. Pero, paradójicamente, son estos partidos, el Justicialismo y la UCR, los que más se beneficiarán, al menos en lo inmediato, de la aparición de esta corriente de rechazo. Es que el voto en blanco y nulo vienen a contrariar la formación de cualquier tercera fuerza que amenace a las estructuras mayoritarias en la administración de los presupuestos. Esta perplejidad o engaño es el aspecto más peligroso de la queja de ayer: en el fondo alegra a quienes va dirigida.




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