25 de marzo 2004 - 00:00

Ingresaron en el predio, y todo terminó casi con un saqueo

Las instalaciones de la ESMA oficiaron de parque público para los manifestantes, que se apropiaron provocativamente por horas del lugar. Los militantes pudieron subir al techo del edificio central y colgar desde allí una pancarta. No me rindo. No colaboro. Norma Arrostito, rezaba la improvisada bandera en alusión a la sobreviviente de la llamada matanza de Trelew de quien se dijo permaneció detenida en la ESMA y se dice fue exhibida en ese estado por los militares.
Las instalaciones de la ESMA oficiaron de parque público para los manifestantes, que se apropiaron provocativamente por horas del lugar. Los militantes pudieron subir al techo del edificio central y colgar desde allí una pancarta. "No me rindo. No colaboro. Norma Arrostito", rezaba la improvisada bandera en alusión a la sobreviviente de la llamada matanza de Trelew de quien se dijo permaneció detenida en la ESMA y se dice fue exhibida en ese estado por los militares.
Con desmanes, destrozos y robo de elementos dentro de la Escuela de Mecánica de la Armada terminó ayer el acto oficial por el 28° aniversario del golpe de Estado de 1976, que había transcurrido sin incidentes. Un grupo llegó hasta el primer piso del Centro Universitario Naval y pateó sillas, rayó escritorios y pintó «Astiz asesino», «Fábrica recuperada» e insultos a militares.

La multitud se concentró sobre la calle Comodoro Rivadavia, desde avenida Del Libertador hacia el río, en el lateral de la escuela y donde se había montado el palco, para presenciar el acto.

Las pancartas identificaban a los grupos de piqueteros Barrios de Pie, comedores de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires, agrupaciones peronistas, organismos de derechos humanos, H.I.J.O.S. y otros.

La mayoría, una vez que terminaron de cantar Víctor Heredia, León Gieco y Joan Manuel Serrat -como cierre del acto-, desandó Rivadavia hacia Libertador en busca de los micros que los habían llevado, mientras los funcionarios y diputados lo hicieron por detrás del palco. En cambio, un gran número de concurrentes decidió ingresar dentro de la ESMA, que permanecía abierta al público desde la mañana. No se veían policías, ni guardias de ningún tipo.

Jóvenes en su mayoría, estudiantes, adherentes espontáneos y militantes de diversos organismos se juntaron con los pasajeros de los pocos micros que se permitió que estacionaran dentro del predio. Eran los que llevaron a sectores de las Madres de Plaza de Mayo e, incluso, al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.

Más de trescientas personas de pronto se instalaron dentro de uno de los edificios del lugar, el Patio de Armas, un gran salón con dependencias y balcones que se utilizan para ver prácticas de deportes. Comenzaron con cánticos contra los militares, colgaron banderas, desparramaron volantes y, como si se tratara de una visita guiada, entraron y salieron de cada una de las dependencias de ese local. Un grupo llegó a quitar placas de bronce en homenaje a militares muertos.

En otros edificios, como el Casino de Oficiales o el de aspirantes, se habían concentrado grupos con la misma intención.
Sólo en el casino de aspirantes se vio a agentes de la Policía Federal, quienes a su vez cuidaban a un centenar de policías que permanecían sentados esperando. Los militares, por orden presidencial, se habían retirado la noche anterior para dejar a Defensa Civil a cargo del establecimiento. Durante más de una hora los grupos, con osadía, prácticamente ocuparon la ESMA. No hubo impedimento. Recorrieron oficinas, abrieron cajones, izaron banderas propias y hasta se llegaron a un puesto de custodia para colgar una remera con la inscripción «Nunca más». «Esto ahora es del pueblo», decía un grupo de mujeres, que recorría uno y otro lugar, como en un parque ya público.

Lo que había comenzado como acto simbólico terminó en desmanes.
Se rompieron vidrios y se quitaron cuadros, ya no con la intención de reemplazarlos, sino para llevárselos, mien-tras una gran parte de los concurrentes, sobre avenida Del Libertador, recuperaba sus asientos en micros para participar después en el acto frente al Congreso. «Algunas personas se llevaron papeles o cuadros pero no hubo grandes destrozos», aseguró Defensa Civil. Una denuncia hizo luego que se desalojara el lugar.

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