Los senadores del PJ avanzaron ayer en el intento por ponerle un nuevo vicepresidente a Fernando de la Rúa. Arrinconados por la crisis y furiosos porque Mario Losada no frenó la entrega de declaraciones jura-das y de números de cuentas bancarias de todos los legisladores a la Justicia, se juramentaron hacer valer su supremacía en el cuerpo y renovar autoridades en la primera semana de diciembre. Aunque suene a «apriete», ya le pusieron precio a la cabeza del actual presidente provisional.
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El misionero espera desviar la arremetida a último momento y asegurarse la continuidad durante 2001 en esa butaca clave. En todo caso, puede que las objeciones justicialistas deriven en una solicitud al oficialismo para que nomine un representante de Losada de inmediato. En el peor de los supuestos, los opositores pedirán la restitución de la presidencia alterna que les corresponde por ser la fuerza hegemónica en esta ala parlamentaria.
En la víspera, dieron el primer paso de la operación y amagaron con pasar por las armas a José «Chiche» Canata, un alfonsinista ortodoxo, al preguntar en el recinto por qué razón todavía no renunció a la secretaría administrativa, «a pesar de haber per-dido la confianza del bloque mayoritario». En la sesión de anoche, el correntino Angel Pardo presentó, en nombre de su bancada, una cuestión de privilegio contra Canata y volvió a reprocharle la cesión de información patrimonial a un fiscal federal que investiga por presunto enriquecimiento ilícito a Augusto Alasino, Emilio Cantarero y Jorge Massat.
Grave error
Según el justicialismo, el secretario administrativo incurrió en un error grave y hasta en supuesto «incumplimiento de los deberes de funcionario público», tras responder favorablemente a la demanda del fiscal Paulo Starc, quien -siempre a criterio de la oposición-violó la ley de ministerio público. De acuerdo con este punto de vista, Starc debió dirigirse a su superior, el procurador general Nicolás Becerra, para que fuera este último el que tramitara ante la Cámara alta. Al funcionario de Tribunales podrían correrlo con la amenaza del juicio político. «Los fiscales pueden requerir información a cualquier oficina del gobierno, pero no a otro poder del Estado, función que está reservada sólo al procurador», instruyó en privado a sus compañeros el «especialista» Alasino, a quien lo investigan por segunda vez debido a la presunción de haber cometido el mismo delito. Canata dice que entregó esas declaraciones jura-das porque se lo indicaron los jefes de bloque en ausencia de Losada, que estaba en Roma.
La embestida contra Canata no estuvo exenta de ribetes humorísticos, ya que Pardo come-tió un blooper antológico, gracias a su ansiedad por practicar tiro al «Chiche». Luego de que el ex senador fueguino Juan Carlos Oyarzún jurara como nuevo secretario parlamentario y de que se hubiera aprobado la dimisión de Juan Carlos Colombo a la prosecretaría, se puso a consideración la incorporación de otro adlátere de Raúl Alfonsín, Manuel Canals, a fin de cubrir la vacante.
El correntino escuchó mal y confundió a Canals con Canata, quien asumió hace 3 semanas. Sin que nadie atinara a detenerlo, Pardo pidió la palabra y empezó a desparramar objeciones al secretario administrativo, casi sin respiro. A la primera pausa, le avisaron, por lo bajo, que lo que estaban tratando era el ingreso de Canals. «Ah, perdón...», se sorprendió el peronista que retomó envión, a continuación de la jura.
Al presidente provisional, le adjudican -cuanto menos-permisividad en la cuestión. Aunque, tal cual anticipó este diario, la animadversión empezó casi a 24 horas de su ascenso a la virtual vicepresidencia. «No hizo nada para frenar a Canata y, a veces, quiere imitar a Chacho», lo castigaron a coro los justicialistas. Anteanoche, en la reunión de bloque, comentaron que Losada está tan preocupado que les envió señales de que estaría dispuesto a «entregar» al secretario administrativo. «Sí, Canata metió la pata», dicen que admitió ante delegados del PJ.
En la volteada caerá Antonio Cafiero, quien deberá resignar la vice del Senado que podría pasar a manos de un «histórico», por ejemplo, Eduardo Menem, Eduardo Bauzá o el juje-ño Fernando Cabana. El martes a última hora los peronistas en pleno resolvieron desplazar al bonaerense y «cobrarle» el manto de sospechas que echó entre sus compañeros por las supuestas coimas. Ninguno de sus socios del subloque 17 de Octubre -Carlos Corach, Héctor Maya, José Carbonell-estuvo presente para defenderlo.
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