La semana próxima, Juan José Alvarez tiene previsto reunirse con Aníbal Fernández para darle forma al traspaso de parte de la Policía Federal a la Ciudad de Buenos Aires, al que el funcionario porteño no quiere poner plazos.
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Teme arriesgar que lo hará en los 120 días próximos, porque sabe todo lo que lleva esa transferencia que no logró (ni aceleró) Aníbal Ibarra cuando le era también afín el gobierno de la extinta Alianza. Del tema se viene hablando aún antes, cuando Carlos Corach desafió a Fernando de la Rúa intendente en 1997.
Alvarez en los dos días de su flamante mandato como secretario de Justicia y Seguridad Urbana de la Capital Federal, repite con acierto que es impensado que la ciudad más importante del país no cuente con seguridad propia.
Más absurdo parece que no tenga cuerpo de bomberos propio, el que depende de la Policía Federal. Ese pase sería el primero que se propondría Alvarez.
• Obstáculos
Para cualquier plan de transferencia, sin embargo, son varios los obstáculos a sortear, todos accesibles con la decisión de Néstor Kirchner: que el Congreso modifique la llamada ley Cafiero que acotó la autonomía porteña impidiendo que cuente con Justicia y Policía propias; que la Policía no resista ese cambio, de estatus federal a municipal y acepte a Ibarra como jefe; que Ibarra acepte hacerse cargo.
Esas son algunas de las cuestiones en discusión, como la trasferencia de la partida presupuestaria para las 53 comisarías porteñas que cambiarían de mando.
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