13 de febrero 2003 - 00:00

Insólito: López Murphy, del brazo con la Carrió

Parecía imposible, pero el sindicalista Luis Barrionuevo todo lo puede: Elisa Carrió y Ricardo López Murphy se unirán para compartir tribuna y repudiarlo como candidato a gobernador de Catamarca. Se puede ver como un accidente o casualidad, pero no lo es.

Hace dos meses, se esperaban chispazos de un gran debate entre Ricardo López Murphy y Elisa Carrió. No pudo ser, ella finalmente no aceptó, restándoles a los ciudadanos la oportunidad de esclarecer pensamiento sobre dos proyectos opuestos o alternativos para el país. Allí quedó la porfía, también las diferencias. El peso de la campaña política y los múltiples enjuagues electorales desatados por el gobierno Duhalde modificaron esa irreparable distancia entre los dos candidatos y juntos, del brazo, ambos van a un mismo acto en Catamarca. Casi insólito el cordial encuentro, mucho más cuando no es producto de la casualidad sino de una suma de episodios de cierto entendimiento político. Aunque en la provincia, borgeanamente sólo los une el espanto.

Es cierto que reconocen el mismo origen, el radicalismo, aunque uno estuvo cerca de Eduardo Angeloz y la otra, salvo cuando soñaba ser segunda de Fernando de la Rúa, abrevaba con delectación en las fuentes de Raúl Alfonsín. Después, con la explosión de la UCR (es decir, la pérdida del gobierno), ambos desembarcaron más definidos en proyectos personales de nítida diferenciación: ella se arrojó a las aguas de la izquierda y él acaparó las distintas líneas del liberalismo.

Eran vinagre y aceite hasta que ciertos fenómenos comienzan a cambiarlos para fusionarse en una ensalada.

Primer punto de acercamiento: la realidad de que el justicialismo, más allá de divisiones, concentra -quizá como en tiempos del general Perón una parte abrumadora del electorado. Nadie ignora que ambos poco y nada tienen que ver con ese partido. Otro punto: piensan que la ficcional abstención del partido peronista como tal en la próxima elección quizás, en rigor, implique mayor captación de votos para los distintos candidatos de esa bandería. O sea, los dos son víctimas del ensayo duhaldista.

Pero los unen también elementos políticos que tanto López Murphy como Carrió se atribuyen como propios y, lo más interesante, se los reconocen entre sí: el dúo cree que es la expresión de un nuevo formato de la política argentina y presume de condiciones morales y éticas de las que carecen otros miembros del mismo gremio (léase peronistas, también radicales). En este contexto, navegan en la misma dirección y hasta se cruzan ditirambos.

Sí tropiezan, y esto parece insalvable para cualquier otro tipo de entendimiento, en cuestiones económicas, sociales o de política internacional.

Por ejemplo, discrepan sobre privatizaciones, libertad de mercados (aunque la Carrió ha empezado a rever parte de su escandalosa e inútil persecución que en el pasado hizo sobre los bancos), obviamente sobre la forma de contemplar a los piqueteros y mucho más nítidamente sobre la posible guerra con Irak. Por citar algunos temas.

Esto no impide, sin embargo, que hayan empezado a cruzar entre ellos señales de respeto, casi de admiración, en un código no escrito. Y si del brazo se presentarán en un mismo palco, sonrientes y amables, será por este nuevo tráfico de la conveniencia política y para enfrentar lo que en Catamarca -y en la Nación-ellos individualizan como el Demonio: creyentes en extremo, más ella que él, han determinado que Luis Barrionuevo como gobernador en esa provincia es la encarnación de Lucifer. Por lo que es y por lo que representa del duhaldismo, sector que ahora abominan al unísono por pertenecer al peronismo. Esa es otra coincidencia, intelectual y estética si se quiere.

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