El centro de operaciones en emergencia del Gobierno porteño se instaló el viernes por la mañana en el departamento de Horacio Rodríguez Larreta en Palermo Chico, adonde fue todo el gobierno municipal en grupos que se fueron reuniendo con Mauricio Macri. Gobierna la Ciudad, pero no podía juntar la gente en la intendencia, cercada desde la mañana por activistas llamados por Moyano: tampoco en las oficinas del PRO en la calle Alsina, en donde se ve quién entra y quién sale.
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En esas reuniones casi clandestinas en un departamento privado, Macri sorprendió a sus entornistas por la euforia en la pelea con los gremios. «¿No ven que nadie antes se metió con los municipales ni los camioneros?», les daba ánimo Macri a una mayoría de asustados funcionarios. El filtro fue severo para entrar a las dos reuniones en el piso del jefe de Gabinete porteño; el vocero mismo del jefe de Gobierno tuvo limitado ingreso porque su jefe cree que debería administrar mejor la información que le dan para que reparta. Pasaron, además del dueño de casa, el ministro de Desarrollo Social, «Pancho» Cabrera (un mendocino que debuta en peleas serias, antes estuvo en Máxima, la AFJP, y en el diario «La Nación»); Daniel Chaín (Obras Públicas), el presidente de la Corporación del Sur, Humberto Schiavoni; el ministro de Hacienda, Néstor Grindetti -negociador discreto con los gremios-; el ex juez Guillermo Montenegro, a quien todos miran ahora como el gestor de la audacia de filmar a los sindicalistas de la obra social municipal sacando documentación.
Un alarde de juego fuerte que nadie esperaba de Macri, que además mostraba esa mañana, eufórico, los flancos débiles de sus adversarios: Moyano salió sin apoyo, además eligió pésimo día para la manifestación, un viernes de enero, cuando la gente sale de vacaciones, y nadie quiere ir a ninguna plaza.
Acertó Macri en el entusiasmo porque a la tarde el cálculo más optimista fue que hubo 12 mil personas, la mayoría camioneros y gente traída del conurbano (Matanza, Lanús, etc.). El lote de municipales se limitó a unos 3 mil, es decir, un número ínfimo de interesados en la pelea. Por eso el discurso de Moyano fue tan débil, llamó al diálogo y lo salvó a Macri cuando dijo que estaba mal asesorado. Esa mañana decidió también adelantar la sesión para que le aprueben el decreto de intervención a la obra social. «No hay que irritar a los legisladores que se quieren ir de vacaciones. Además van a querer dar el debate, con lo cual nos aseguramos el quórum, que es la única dificultad. Votos nos sobran.» Cierto, Macri tiene 28 propios sobre 60, suma a los de Lozano que están a su favor (2) y varios del ARI, el primero Enrique Olivera. Con eso tiene el quórum y la aprobación de la intervención.
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