Intenta el peronismo nacionalizar elección
-
Despidos en el Servicio Meteorológico: crecen dudas (y sospechas) por plan de "modernización"
-
Reforma laboral: a pedido de un gremio minero, la Justicia volvió a frenar parte de la ley
Con los consejeros en juego, la elección se nacionaliza porque la lista de candidatos a la Magistratura será la única que tendrá status y presencia en todo el país aunque, luego de una corrección reglamentaria en el Senado -¿qué modificará Diputados?- el pliego de consejeros no será el primero de la lista larga sino que estará tercero detrás de los senadores y diputados nacionales, o segundo en las provincias donde solo se voten diputados.
En los distritos como Buenos Aires, en que se elige en simultáneo cargos provinciales y municipales, el tramo Magistratura quedará en medio, entre los de legisladores nacionales y los candidatos locales.
Ese esquema servirá de plataforma para mostrar a una o varias figuras en todas las provincias, como si se trata de una campaña presidencial. Puede ser colectiva -la boleta es de 12, más los suplentes- o centralizarse en un postulante en particular.
La utilidad es múltiple:
• Al nacionalizar la elección, Cristina busca camuflar el efecto de derrotas locales -se esperan resultados negativos al menos en Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza- con una victoria nacional que, por buenos score en Buenos Aires, Patagonia y el norte, podría rondar los 40 puntos. Matemática pura: el todo como sumatoria de las partes.
• Además de la pretensión de desvanecer los tropiezos provinciales, Cristina pretende computar como propias las victorias de los caciques del PJ y, a su vez, diluir los protagonismos que podrían pretender jerarcas como Juan Manuel Urtubey, José Luis Rioja o Sergio Uribarri con triunfos locales. Todos, al final, sumando para la boleta ultra K.
• En esa línea, Cristina puede convertir al candidato en consejero en la estrella electoral del FpV, procedimiento en el que estará instalándolo como un potencial heredero. De allí que, como versiones y ensayos, hayan sonado los nombres de Eugenio Zaffaroni, Carlos Zannini o Juan Manuel Abal Medina. O, incluso, el de la propia Cristina.
• El cuarto componente perfora a la oposición. Las brigadas anti K no pueden alinearse siquiera en dos bloques y la nacionalización puede convertirse en otro problema: unificar una lista de consejeros, que al igual que los candidatos K adquirirán protagonismo nacional se convertirá en una batalla de egos, que no hará otra cosa que potenciar las tirrias y enemistades actuales.




Dejá tu comentario