9 de julio 2002 - 00:00

Intrincado ajedrez político en ciernes

Son sumamente complicadas las internas de los partidos políticos por la nueva legislación (Ley 25.611) que las impone el 24 de noviembre obligatorias -salvo partidos con lista presidencial única, que pueden obviarlas- como condición inviolable de los candidatos para participar en la elección presidencial nacional de marzo.

Es un tema en el que la prensa y más los comentaristas televisivos, por esa misma complicación, aún no han entrado pero Ambito Financiero lo hizo desde el primer día por considerar que son la clave. Mucho se discutirá, porque falta la reglamentación por decreto a la ley.

Aparte de eso, surgen posibilidades sorprendentes de alianzas posinternas y hay todo un juego político de los partidos y de los candidatos. Por ejemplo, se sabe que si Carlos Menem y Carlos Reutemann van enfrentados a la interna del PJ hay forma legal de que luego perdedor y ganador, cualquiera sea el orden, se unan en una única fórmula para presidente y vice en la elección de marzo.

También podría haber una fórmula radical de su interna -que si triunfa luego podría no presentarse en marzo para evitar un guarismo muy adverso-y terminar apoyando a un candidato justicialista a presidente (esto lo fogonea Raúl Alfonsín). También se da el caso de que un oportuno veto del gobierno -pedido por los jueces electorales por imposibilidades técnicas de cumplir en termino pero sospechado de ser también un veto por conveniencias políticas del duhaldismo-permitirá que los afiliados de un partido (por caso los de izquierda que no tengan interna por lista única) puedan votar en la interna de otro sellando su DNI como si fuera una elección nacional. Por caso, la disciplinada extrema izquierda podría votar en el PJ a favor de Reutemann contra su odiado hasta la obsesión Carlos Menem. Pero, a su vez, los de Elisa Carrió votarían o les convendría hacerlo allí -aunque fuera apretando con pulgar e índice su nariz-al riojano porque lo prefieren para enfrentarlo en lugar del santafesino contra el cual les cuesta encontrar dardos.

Por otro lado, Reutemann -si se decide ir a la interna-sumaría todo el voto de Santa Fe porque convocará a constituyente y renovación de todos los cargos legislativos provinciales simultáneamente con la interna. O sea, como deben ir a votar obligatoriamente a los provinciales, ¿qué les cuesta -piensan-a los santafesinos sumarse a la interna que no es, en cambio, obligatoria para los ciudadanos y sumarle unos cuantos miles a Reutemann?

Duhalde se desespera porque Reutemann decida -casi seguramente mañana-concurrir a la interna para manipularle a su favor el «aparato bonaerense» con el riesgo de que si se juntan tantos contra Carlos Menem en definitiva la gente común no politizada, los independientes -como sucedió con Juan Perón en 1946 cuando enfrentó a la «Unión demo-crática de conservadores, radicales, comunistas y socialistas»- terminen encumbrando al ex presidente, hoy en Anillaco.

Pero hay muchas más variantes, como que José Manuel de la Sota en Córdoba esté dispuesto a mantener la elección provincial en junio, 3 meses después de conocerse el resultado de la elección nacional, pensando que si hay un triunfo nacional del justicialismo lo renueve como gobernador en su provincia montándose en la «ola vencedora» para superar a Ramón Mestre, un radical, donde este partido juega siempre un partido propio en Córdoba ajeno a las manipulaciones y al desgaste de la UCR nacional. Con esta otra variante: en la misma medida en que un alicaído De la Sota aparece ahora volcándose contra Menem, su rival local Mestre podría hacerlo por derivación hacia el riojano en el plano presidencial, ya que los une una larga y permanentemente regada amistad. Para completar este ajedrez político -y hay muchas más variantes-aparece en primer plano una figura hasta ahora secundaria en la política criolla: el «Congreso Partidario». Será, por vigencia de la nueva ley, el que resolverá desde sus atributos fijados en el Código Nacional Electoral las cuestiones no previstas. El código está por encima de la ley recientemente sancionada y se invocará, vía el «Congreso del partido» que regula si hay renuncia de un candidato en la fórmula interna ganadora, por ejemplo el vicepresidente. Es lo que permitiría una fusión Menem-Reutemann o Reutemann-Rodríguez Saá o Juan Carlos Romero o quien sea, según el resultado final de la interna del PJ donde concurran juntos o por separado. Con esta otra curiosidad el «Congreso del Partido» justicialista es presidido por Carlos Reutemann...

Más allá de sus inclinaciones políticas el gobierno ve en este «ajedrez de internas» en ciernes una muy adecuada forma de que los problemas económicos -fundamentalmente el dólar- salgan del primer plano para los medios y ayude a sobrellevar con calma los acuciantes problemas hasta el cambio de gobierno.

Rearmar fórmulas: se puede


La Ley 25.611 establece en su artículo 4° (que modifica el 29 bis de la Ley 23.298 de partidos políticos) que, en principio, las fórmulas de presidente y vice que surjan de las internas del 24 de noviembre son «irrompibles». Es decir, no se pueden recomponer en un nuevo binomio. Tampoco hacer lo que hicieron Fernando de la Rúa y Graciela Fernández Meijide, cuando compitieron con la promesa de que quien perdía sería vice del otro (finalmente no cumplieron y el vice fue Chacho, en un primer incumplimiento de aquella desafortunada «Alianza»).

Pero puede suceder que uno de los integrantes, el vice por ejemplo, renuncie. En tal caso es el partido el que cubre esa vacante, siempre que se produzca antes de la primera vuelta de la elección general. ¿Cómo cubre el partido la vacante? O bien por una nueva interna, si hubiera tiempo, o bien por medio de uno de sus cuerpos orgánicos, llámese congreso o consejo partidario. El caso más inquietante es el de la interna peronista, donde competirán por el primer puesto Carlos Menem y Carlos Reutemann, dos candidatos que son compatibles ideológicamente para integrar una misma ecuación, más Juan Carlos Romero (Salta), Adolfo Rodríguez Saá (San Luis) y quizás el santacruceño Néstor Kirchner. Todos pueden ser «intercambiables».

Para que el PJ fuera a las urnas con una fórmula integrada por ambos, en el orden que indique su posición final en la interna, debería renunciar el vice del ganador y el Congreso Partidario designar al que perdió en el segundo lugar del binomio. El congreso del PJ lo preside Reutemann, ya que Eduardo Duhalde renunció a esa jefatura al asumir la presidencia de la Nación.

Votar en el partido de otro

En los Estados Unidos, donde existen primarias, hablan de «crossing over» (cruzar a través de): es la picardía de votar en la interna de otro. En principio, la ley establecía que las internas serían «semiabiertas». Sólo podrían intervenir en la selección de candidatos de un partido los afiliados a ése y los no afiliados a partido alguno. Para eso deberían confeccionarse padrones especiales de afiliados e independientes.

Dada la dificultad de esa tarea, la Justicia Electoral sugirió que se realicen las internas con el padrón general. Es decir, cualquiera puede votar en el partido que quiera, siempre que vote una sola vez (les sellarán el DNI). En esta línea, Duhalde vetó el párrafo del artículo 4° de la ley que decía «el (padrón) que incluirá, para cada caso, a los afiliados del partido o de los partidos miembros de la alianza y a los ciudadanos que no tengan afiliación partidaria».

Este párrafo fue eliminado, con lo que la ley remite a los padrones del Código Electoral, es decir, a los padrones generales.

Esto permite algunas picardías, como la que supone que los afiliados de un partido intervengan en la interna ajena para condicionar al adversario (aventajándolo o perjudicándolo).

Las posibilidades son variadas. Si un partido no realiza internas, sus punteros pueden volcar a los afiliados en la interna del otro para que gane el peor candidato, de tal manera que sea más fácil derrotarlo en la elección general (por ejemplo, que el ARI concurra a la interna del PJ para votar a Menem, creyendo que será el candidato peronista más fácil de derrotar). Puede pasar también que los afiliados de una línea interna minoritaria de un partido voten al mejor candidato del otro para que éste, en la elección general, derrote al adversario interno.

Internas y listas únicas

Las internas son obligatorias según la ley. Pero no está firme pero sí lanzado -hasta por Duhalde- que haya que realizarlas aún en el caso en que no haya confrontación de listas. La Cámara de Diputados votó una resolución estableciendo que eso no es obligatorio, es decir, que una lista única no debe ser convalidada por los votantes el 24 de noviembre. Se trató de una resolución porque si se votaba esa aclaración en el texto de la norma, la misma debía volver al Senado y eso hubiera demorado su sanción. Eso alivia a los partidos chicos o «personalistas» (los que siguen a Elisa Carrió, a Ricardo López Murphy o a Patricia Bullrich) de tener que realizar un esfuerzo importante el día de la elección (aunque también los priva del caudal de votos independientes que se expresarían ese día con total libertad, sin temer a «perder el voto»). Del mismo modo los alivia demostrar ya en internas escasos votantes frente a la magnitud que puede darse en otros partidos como PJ o quizás UCR. Falta todavía la ratificación de este criterio a través del decreto reglamentario del Poder Ejecutivo.

Sin embargo, será difícil que en estos partidos nuevos se pueda consagrar la lista única a nivel de diputados o senadores, ya que es un buen negocio político formar una nómina por el solo hecho de competir e instalar un nombre ante el público. Como este internismo puede complicar a los líderes de estas formaciones, hay quienes ya imaginan intervenir en la vida de los partidos nuevos creando con picardía listas de diputados (ya hay punteros radicales que piensan hacerlo en el ARI de Carrió por el solo hecho de complicarle la vida y desflecar a sus seguidores con enfrentamientos e insidias. De cualquier manera, también el poderoso, desde ahora, Congreso del Partido podría armar listas «a dedo» para suplir que no se cumplió con internas porque había única fórmula a presidente y vice.

Votar más de un partido


La simultaneidad de internas a presidente y a diputados, que se va a producir en varios distritos, plantea un inconveniente: ¿será posible votar diferentes categorías en distintos partidos? Por ejemplo, ¿elegir candidato a presidente en el PJ, a diputados en el ARI y a senador nacional en la UCR? Para eso la Justicia debería habilitar tres sellos distintos para identificar en el DNI qué votos ya se emitieron, de tal manera que no se impida la repetición de varios votos al mismo candidato o varias intervenciones en distintos partidos. Como ese sistema de triple sello sería muy complejo, los técnicos se inclinan porque finalmente la Justicia o el decreto reglamentario impedirán que se pueda sufragar en partidos distintos, categorías distintas.

Los lugares de votación

Todavía quedan por determinar reglamentariamente los lugares de votación. Pero se fijarán en las escuelas habilitadas para ese efecto en las elecciones generales. «Un cuarto oscuro y una mesa con las boletas de todos los partidos y que el votante elija lo que quiera», adelantó el vocero Eduardo Amadeo. Sin embargo, al tratarse de internas, esa convivencia de militantes de distintos partidos en el mismo lugar de votación puede dar lugar a incidentes. En las elecciones generales esa eventualidad se evita con las prohibiciones que impiden hacer manifestaciones partidistas en el momento del sufragio.

La nueva modalidad perjudica también a los punteros: habitualmente éstos disponen el traslado de grupos de afiliados en colectivos a las sedes partidarias donde se vota, que son en general pocas. Ahora deberán repartir a sus «puntos» (de ahí viene el nombre de «puntero») entre distintas escuelas y por orden alfabético, lo que complicará la logística de los partidos.

Un error de legisladores

Para el 24 de noviembre todos los partidos deben tener determinadas sus candidaturas, según el anuncio del Presidente (hasta ahora sólo «anuncio» porque le falta el decreto oficializando las fechas). Pero el Código Electoral prescribe que hasta 60 días antes de la elección general se pueden formalizar alianzas entre distintos partidos. Es una incoherencia que no advirtieron los gobernadores: lo más normal es que primero se concreten las alianzas y después se realicen las internas. Pero esta distracción del Congreso hará que si un partido quiere aliarse a otro deberá previamente dar de baja su propia fórmula, lo que siempre supone un costo, sobre todo para la biografía de quienes la integraban (podría ser el caso de la UCR si, como quiere Raúl Alfonsín, se suma como partido a la fórmula del PJ si eventualmente es encabezada por Reutemann). Jamás lo haría por Carlos Menem por lo de la «dolarización» que lo enerva.

Intervencionismo político

El veto que produjo Duhalde sobre la ley sancionada por el Congreso lleva al sistema electoral argentino hacia un mayor intervencionismo estatal. A partir de la ley la fecha de las internas la debía fijar el juez electoral: «La fecha de la elección deberá ser comunicada por el juzgado federal con competencia electoral de cada distrito». El Presidente vetó este párrafo y se reservó para sí la convocatoria, con lo cual se inaugura la intervención del Estado en la vida de los partidos (el jefe de Estado convoca a las internas de la oposición). Esto aleja a la Argentina del estándar internacional, que privilegia que los procesos electorales sean manejados por autoridades neutras (la Justicia) y que sean realizados mediante computadoras (es decir, con la menor cantidad posible de «manualidades»).

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