10 de julio 2001 - 00:00

Inusual realismo de De la Rúa para reconocer grave crisis

Fernando de la Rúa les dio a los actos por el 9 de Julio de ayer en Tucumán un carácter poco usual. En la Casa Histórica dijo que no se puede hablar de independencia si se vive del endeudamiento. En un discurso inédito por lo crudo en un presidente al que se le ha reprochado ser elusivo y a veces desentendido de problemas de su propia gestión, De la Rúa impactó al preguntarse si hay que «esperar el día en que no quieran prestarnos para decidirnos a solucionar nuestros problemas». No hubo, sin embargo, medidas para enfrentar las demandas de solvencia del mercado. Se las anunció desde el viernes pero hasta anoche sólo se habían conocido los decretos que prometen ajustes en la ANSeS y un modesto recorte en la Secretaría de Modernización del Estado. Tras admitir que no hay nadie en el mundo que esté dispuesto a seguir prestando 15.000 millones de pesos al año a la Argentina, De la Rúa expresó que la principal responsabilidad es terminar con el déficit y «no deberle nada a nadie para poder decidir qué patria se quiere». En una jornada muy tensa por la crisis de financiamiento de Nación y provincias, es saludable que el Presidente tenga esa actitud pero lo será más si se toman medidas concretas para cumplir esos proyectos. En una minirreunión que presidió De la Rúa a 10 mil metros de altura mientras viajaba de regreso a Buenos Aires, ordenó que los ministros vayan a la reunión del gabinete de hoy con proyectos de reducción de gastos con un piso global de por lo menos $ 1.000 millones. Es la herramienta para enfrentar a los mercados en la apertura de hoy y se confía en que el monto que se anunciará apaciguará a los más escépticos. Hoy se reúnen los gobernadores peronistas para discutir el pacto que les reclama la Nación para cambiar ajuste contra financiamiento. Les preocupa la eventualidad de que se emita un bono para compartir entre Nación y provincias el pago de los compromisos previsionales que se llevan la mitad del Presupuesto.

Inusual realismo de De la Rúa para reconocer grave crisis
El gobierno revistió ayer de una gravedad inusitada el acto principal de celebración de otro aniversario de la Independencia, declarada en 1816. Al hablar en Tucumán acompañado de casi todo el gabinete (con la excepción de Domingo Cavallo, que se quedó en Buenos Aires negociando con banqueros la licitación de LETES de hoy), Fernando de la Rúa usó un tono de crudeza poco habitual en él y otros dirigentes: «¿Cómo podemos creernos independientes si para que nuestros chicos tengan su almuerzo en las escuelas o nuestros abuelos su cobertura social tenemos que recurrir al endeudamiento y al préstamo?», dramatizó el Presidente.

En una pieza breve y casi lacónica un De la Rúa más desangelado que otras veces acentuó los tonos para diagnosticar: «El Estado argentino y las provincias gastan más de lo que tienen. Gastamos lo que no tenemos y sólo podemos mantener el gasto porque nos prestan todos los años esos 15 mil millones que gastamos y no tenemos a costa de comprometer el futuro». Pocas veces antes De la Rúa apeló a tanta crudeza para describir la situación. A horas de una reunión de los gobernadores peronistas donde se decidirá si cierran el acuerdo que permitirá reducir gastos por $ 1.600 millones en los estados para el próximo ejercicio del presupuesto a cambio de línea de financiamiento para el pago de sueldos, De la Rúa reconoció que también la Nación tiene una deuda pendiente en el recorte de los gastos. Hasta ahora la prédica oficial de Olivos había sido que ese esfuerzo debían hacerlo exclusivamente las provincias.

• Severidad

«¿Qué vamos a esperar, el día que no quieran prestarnos para decidirnos a solucionar nuestros problemas, el día que no llegue el préstamo para comprar la comida de los alumnos o de los abuelos?», dijo De la Rúa, acompañado por el gobernador de Tucumán, Julio Miranda.

En uno de los párrafos más severos de la pieza el Presidente dijo: «Yo sé que puede parecer más fácil echarse la culpa unos a otros, que es más fácil pedir más gastos para todos, que es más fácil quejarse. Pero no existe nadie en el mundo que nos vaya a regalar todos los años los millones que nos gastamos de prestado». En la frase más fuerte del discurso remató: «Si no decidimos nosotros cómo y dónde bajamos el gasto, lo harán otros cuando decidan no prestarnos».

Esta última expresión, si no fuera justificable por la retórica de la efemérides, sonó como una advertencia sobre una eventual cesación de pagos. Nunca hasta ahora el gobierno había reconocido que esa eventualidad esté en el horizonte.

La apelación de
De la Rúa estuvo dirigida a los funcionarios que dependen de él, que nunca hasta ahora lo habían escuchado en público tan preocupado por el ajuste de las cuentas. También lanzó otro mensaje a los gobernadores a que cierren el acuerdo de reducción de gasto contra ayuda para financiar los déficit provinciales. «Los convoco a la mesa donde se resuelven los problemas de la Patria».

El tono que usó
De la Rúa estuvo en sintonía con las expresiones de Cavallo en sus últimas intervenciones públicas sobre que «el gobierno ha entendido el mensaje de los mercados». «Están preocupados porque pueda crecer la demanda de crédito del sector público -dijo el ministro el domingo al salir de Olivos- y vamos a trabajar esta semana para que esa demanda se reduzca».

Estas palabras de
De la Rúa fueron el centro de su participación en Tucumán de los actos conmemorativos de otro aniversario de la declaración de la Independencia y coinciden con el mes 19 desde su asunción de la presidencia de la Nación, en diciembre de 1999.

Lo recibió a su llegada el gobernador
Miranda, quien pocos minutos después de las 10 recibió a la comitiva presidencial en el aeropuerto local. Luego, el grupo se dirigió a la Casa de Gobierno, donde el Presidente recibió el saludo de funcionarios locales y nacionales, tras lo cual salió al balcón a saludar y a llamar a los argentinos a estar «unidos y fuertes en el Día de la Patria».

Posteriormente, en la Catedral, el jefe de Estado escuchó el tedéum del vicario de la diócesis tucumana,
José Chávez, quien lo instó a «recomponer los vínculos sociales y a recrear la política como principal instrumento de gestión del bien común, de modo tal que sea ella la que dirija la economía».

• Carteles

Mucha gente se concentró a la vera de la autopista que une el aeropuerto con la capital a fin de saludar al Presidente, así como en los alrededores de la plaza Independencia, ubicada frente a la Casa de Gobierno, donde hubo carteles con las leyendas «Fuerza, 'Chupete'» y «Vamos, Presidente».

Junto al Presidente arribaron a Tucumán el jefe de Gabinete,
Chrystian Colombo; los ministros Ramón Mestre (Interior), Adalberto Rodríguez Giavarini (Relaciones Exteriores), Patricia Bullrich (Trabajo), Héctor Lombardo (Salud), Juan Pablo Cafiero (Desarrollo Social), Andrés Delich (Educación) y Horacio Jaunarena (Defensa).

La comitiva presidencial se completó con el titular de la Cámara de Diputados,
Rafael Pascual; el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo; el portavoz gubernamental Juan Pablo Baylac; el renunciado director de la ANSeS, Rodolfo Campero; el diputado nacional justicialista Daniel Scioli, y el secretario de Turismo, Hernán Lombardi, entre otros. También estuvieron el gobernador de Catamarca, Oscar Castillo; el intendente de Santiago del Estero, José Luis Zavalía, ambos aliancistas, y la primera dama, Inés Pertiné.

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