28 de septiembre 2012 - 12:53

Irán-Argentina: Juego pesado

No va a ser, precisamente, un glamoroso desayuno en Tiffany's el del canciller Héctor Timerman con su par israelí Avigdor Liberman, el viernes en Nueva York. Por eso, más le vale al argentino preparar sus sales para el mal trago, ineludible, que le tocará en esa su primera reunión del día. La misma fue acordada entre Tel Aviv y Buenos Aires antes de que la presidente Cristina Kirchner anunciase el martes en la Asamblea General de Naciones Unidas, la bilateral entre Timerman y el canciller iraní Ali Akbar Salehi (concretada el jueves por la tarde), en la búsqueda de resultados "concretos" sobre el irresuelto caso de la voladura a la sede de la AMIA, en la que la principal sospechosa es Teherán.

¿Qué espera Timerman -y el gobierno de Cristina de Kirchner- a partir de la reunión con Salehi? ¿Cuáles son las expectativas para resultados concretos? ¿Las hay? O es, como indican en círculos diplomáticos, ¿una voltereta más en el minué desacompasado de una política exterior sin pies ni cabeza, en la que se tocan acordes fuertes sin entender la música?

A pesar de que Timerman evitó hasta ahora referirse a ello, el miércoles, mientras el iraní Mahmoud Ahmadinejad daba su último discurso ante las Naciones Unidas, sentado en la butaca y haciéndole el honor estaba el vicecanciller argentino Eduardo Zuain. Un "upgrade" para Teherán: en el discurso del persa en 2011, le tocó a nuestro representante ante la ONU Jorge Argüello (hoy es embajador en EE.UU.) escuchar, traducida del farsi, la arenga doblemente "anti" (anti EE.UU. y anti Israel) del mandatario iraní. Fue la primera vez desde el atentado de 1994, que la Argentina le regalaba esa deferencia a Irán (anunciada por Cristina, a su vez, en su discurso ante la ONU de ese año). Hasta ese entonces, la delegación argentina siempre se había retirado al momento de hablar el representante de Teheran. Al menos ese tributo para los 85 muertos, víctimas del atentado de 1994.

¿Cómo nos retribuyó Ahmadinejad esas deferencias en la ONU, después de que Cristina impartiese la orden de "aguantemos a Irán"? Ninguneando, como suele hacer Teherán: ni "mu" sobre la Argentina en el discurso de 2011. Tampoco en el de este miércoles: sólo después, en una rueda de prensa, es que Ahmadinejad se acordó de la Argentina e hizo votos sobre el encuentro futuro entre Salehi y Timerman.

Mientras tanto, no sólo la colectividad judía en Argentina (la segunda en importancia, después de la de EE.UU.) presiona para que se esclarezca y condene el atentado de 1994. Se sabe que Tel Aviv usará su influencia en otras capitales del mundo. Y no se andará con pequeñeces. Sería bueno que el gobierno argentino fuese consciente de ello. Y, además, que le importase.

¿Qué ganamos regalándole más tiempo y un bonus de perdón a Teherán? ¿Más exportaciones? En el último año enviamos productos, sobre todo alimentos (no les aplica el embargo), por más de u$s 1.300 millones. No necesitamos, entonces, de nuevos "gestos" para exportar más.

¿Está buscando Timerman rédito político-ideológico para la Argentina, mostrándose anti-Occidente, como su contraparte y ahora interlocutor Salehi? No es necesario: baste repasar la casi nula condena que la cancillería argentina hizo sobre las reiteradas masacres del ejército de Bashar al Assad (aliado de Teherán) sobre el pueblo sirio, para darnos cuenta dónde estamos parados: en medio del juego internacional más peligroso. Que ya frustró a Rusia, a Turquía y a Brasil, cuando quisieron lidiar con Teherán. 

Quizás este juego de recreo y de gallito ciego sirva para colocar al gobierno argentino por un rato en los titulares de los diarios. Pero también nos desgaja, y de un plumazo, de tres de las palabras más usadas en estos últimos ocho años: Justicia, Memoria, Soberanía. También hoy ellas son víctimas del atentado a la Amia.

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