8 de marzo 2004 - 00:00

Jefe de Armada busca más respaldo por autocrítica

Jorge Godoy
Jorge Godoy
El almirante Jorge Godoy tiene hoy un encuentro en la Base Naval de Puerto Belgrano, asiento del poder de «los fierros» del arma, con los comandantes y los suboficiales más antiguos. A nadie escapa que la visita se relaciona con la fuerte autocrítica pronunciada en el aniversario de la muerte de Guillermo Brown.

El viernes pasado, el contralmirante Carlos Luis Mazzoni solicitó el pase a retiro. La solitaria respuesta de este oficial superior, figura central en el staff del fallecido almirante Carlos Marrón, contrastó con el masivo apoyo de los 25 que permanecen en sus puestos, señal de un respaldo sin fisuras.

En la corta visita de Godoy a Puerto Belgrano -parte por la mañana en un B-200 Beachcraft de la Aviación Naval y regresa a última hora de la tarde-, el jefe naval expondrá, sin rodeos e intermediarios, la esencia del pronunciamiento efectuado en el edificio Libertad.

«Es el contacto natural del jefe con sus hombres y no la búsqueda de consenso como por allí se rumorea para erosionar su autoridad»,
refirió una alta fuente naval. Es que hubo preocupación en altos niveles del arma e indignación en estratos más bajos por la actitud de un grupo de oficiales retirados que abandonaron la ceremonia, descontentos con el mensaje de Godoy. Por caso, el vicealmirante Julio Lavezzo, un aviador naval, veterano de Malvinas, quien fue subjefe del Estado Mayor Conjunto y luego dirigió la consultoría en el Instituto de Ayuda Financiera (IAF) para la reforma de la ley previsional de los uniformados.

La ruptura de lo que los marinos llaman «estilo naval» --solucionar los disputas puertas adentro-dejó al descubierto un embrión de resistencia inesperado.

• Inicio

La agenda del jefe naval marca que la primera conversación se hará con los comandantes de área: de la Aviación Naval, Guillermo Iglesias; de la flota de mar, Pedro de la Fuente; de la Infantería de Marina, Carlos Comadira; y todos los oficiales destinados en cada uno de esos componentes.

El lugar previsto es el cine Martín Rivadavia, situado dentro de la base naval y con capacidad suficiente para dar cabida a tan numerosa audiencia. Durante el fin de semana hubo nerviosas comunicaciones con el contralmirante Eduardo Avilés, comandante de Operaciones Navales, y se diría, el sucesor natural de Godoy, para garantizar con precisión suiza el desarrollo del periplo del jefe de la Marina.

No habrá detalles sobre la distribución de los edificios que se cederán para el Museo de la Memoria. Ese asunto ha tomado otros carriles empujado por el interés político del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y fracciones de organizaciones de derechos humanos que reclaman la totalidad del predio.

Aníbal Ibarra
no comparte el criterio del gobierno nacional (en rigor, su pelea es con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, competidor en el distrito porteño) de que la Armada conserve el predio de la ex ESMA, a excepción de tres edificios.

Se basa en dos leyes de la Legislatura, que surgieron de los proyectos de la entonces diputada
Alicia Pierini, hoy defensora del Pueblo de la Ciudad. Una de 1998 declara de interés histórico el edificio de la ESMA y le asigna preservación de los inmuebles. Otra del año 2000 establece el pedido de «revocación de la cesión del terreno ocupado por la Marina».

• División

El tema del Museo divide a los organismos de derechos humanos. Las Abuelas de Plaza de Mayo hablan de la posibilidad de aceptar que haya en el lugar una escuela técnica de oficios. Pero otras entidades sólo aceptarían centros de capacitación de derechos humanos.

No es ése el único bolsón de resistencia política. Tres miembros de Montoneros, alarmados por la exhortación del ministro
José Pampuro para que otros sectores del arco político hicieran su autocrítica, debatieron los contenidos del museo en la ESMA.

Acudieron a la «cita» (vetustapalabra de la organización) en una confitería del barrio Las Lomas en San Isidro. El reducto ambientado con estilo alpino era frecuentado por el extinto cacique montonero
Rodolfo Galimberti. Esta vez no hubo motos de gran cilindrada estacionadas en la vereda.

Sobre la mesa estaba el documentoque los organismos de derechos humanos le entregaron al presidente Néstor Kirchner con los ejes de
«qué conceptos de memoria y justicia» deben imponerse en el museo. Algunos interrogantes surgieron al unísono: ¿cómo evitar la teoría de los dos demonios o qué se contará del rol del peronismo entre el '73 y el '75?

• Colaboracionistas

Nombres y seudónimos de una cadena formada por detenidos que colaboraron entregando a sus compañeros es el tipo de información que dudan si debe o no formar parte de la verdad histórica del museo.

Algunos, según testimonio del ex detenido
Melchor Basterra, recuperaron la libertad y recibieron un trato distinto. Es esa clase especial de detenidos la que ahora preocupa: «Caballo loco», un médico que aún vive en El Dorado, localidad de Misiones, La Nena, Negrito, Bordolino, el Topo, tía Irene, Anteojito, Tata, el buzo Nicoletti y muchos otros más salieron a la luz en la charla de los ex montoneros.

Les preocupa que si prima el criterio de que lo más importante es el testimonio directo de las víctimas, entonces no puede faltar la mención de aquellos que
«marcaron» (en la jerga, delataron) a miembros de la organización.

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