El gobierno anoche se encontraba, técnicamente, según versiones de los principales dirigentes del oficialismo porteño, sin candidato a primer diputado nacional en la Ciudad de Buenos Aires. Fue Rafael Bielsa, según esas versiones insistentes, quien puso sobre la mesa la renuncia a su postulación, en medio de una crisis que se abrió con el matrimonio Kirchner el martes por la tarde. ¿El motivo de la gresca? Ya fue publicado en este diario: la participación de la esposa del ministro candidato, Andrea de Arza, en la conferencia de prensa que ofrecieron algunos familiares de víctimas de Cromañón junto a los candidatos de la oposición. En esa presentación se pidió el juicio político contra Aníbal Ibarra y la investigación del papel que le correspondió en la tragedia a la Policía Federal que conduce Aníbal Fernández.
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Kirchner fue el primero en reaccionar con ira ante la participación de la esposa de Bielsa en esa conferencia de prensa. Tanto que en una comunicación telefónica tuvo palabras muy duras para con su canciller. No sólo por este episodio, también por entredichos relacionados con la gestión cotidiana de la política exterior. El enojo siguió ayer, cuando se sumó a las diatribas la primera dama y candidata a senadora bonaerense, Cristina Fernández de Kirchner.
La crisis requirió de varias reuniones y llamadas internacionales, ya que el canciller seguía asistiendo ayer a la II Reunión de Cancilleres de la Comunidad Sudamericana de Naciones en Guayaquil. La negociación principal ocurrió en el despacho de Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, hasta donde llegó al mediodía Eduardo Valdés, mano derecha de Bielsa en la operación política y ex jefe de Gabinete suyo hasta que estalló la crisis por el pedido de asilo de la médica cubana Hilda Molina en la embajada argentina en Cuba. Antes, Valdés parlamentó con Julio César «Chiche» Aráoz en un café de la calle Carlos Pellegrini.
• Candidato quejoso
Los desajustes políticos entre Bielsa y la Casa Rosada han sido muy frecuentes en lo que va de la campaña. El canciller se quejó muchas veces de lo que interpretó como «operaciones de prensa» en su contra, emitidas desde las inmediaciones del despacho presidencial. A la vez, en esas oficinas, sobre todo en la del jefe de Gabinete, siempre se le endilgó una disidencia sistemática, cuyas dos últimas manifestaciones estuvieron referidas a la tragedia de Cromañón y, por esa vía, a la alianza que mantiene el gobierno con Ibarra. La primera de esas expresiones tiene que ver con el propio Alberto Fernández: cuando él dijo que el pedido de juicio político era un modo de manipular políticamente el «caso Cromañón», Bielsa dijo todo lo contrario. Esta diferencia se materializó más claramente con la participación de la esposa del candidato en la conferencia de prensa en la que se pidió el juicio político de Ibarra y la investigación sobre la Federal.
Mal momento para la crisis, con visitas en casa, como la vicepresidenta del gobierno de España, Teresa Fernández de la Vega, quien llega hoy al país. Claro, también la continuidad de Bielsa en la Cancillería está en discusión, por más que se la resuelva con el usufructo de licencias acumuladas en los últimos dos años por parte del canciller y de su segundo, Jorge Taiana.
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