Néstor Kirchner hizo ayer la única participación en un cierre de campaña para las elecciones internas abiertas y obligatorias del próximo domingo. Fue en La Rioja, donde el gobernador local Angel Maza es candidato a senador nacional para enfrentar, en nombre de Kirchner, a Carlos Menem (ver Ambito Nacional).
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El Presidente se trasladó a ese distrito acompañado de sus ministros Alberto y Aníbal Fernández y el secretario de Deporte, Claudio Morresi, además del local JorgeYoma, que resigna reelegir su banca de senador para no restarle espacio a Maza (le compensarán con una embajada, le ofrecen México, él pide Chile o Brasil, se hablará el 24 de octubre). Ada Maza, senadora, sí va a la reelección.
El Presidente eligió como centro de su discurso atacar sin mencionarlo al ex presidente por dos medidas de aquel gobierno. Primero fustigó a la economía de Menem en la figura del Fondo Monetario Internacional. Segundo, criticó los indultos reivindicando a la figura del asesinado obispo Enrique Angelelli, víctima de un atentado ordenado presuntamente por el último gobierno militar.
Debieron los anfitriones del Presidente recordarle que el lugar del acto, la ciudad de Chamical, no era el mejor para reprocharle a Menem su política de derechos humanos. Justamente en Chamical en marzo de 1976 Menem fue detenido por el gobierno militar, acusado entre otras cosas de haber sido amigo de monseñor Angelelli, de cuya muerte tomó noticia el ex presidente cuando estaba preso, situación que se prolongó durante varios años. Los mismos cuando Néstor Kirchner prosperaba como abogado litigante en Santa Cruz, experiencia que sus hagiógrafos llaman el «exilio interior». En ese tiempo, Menem fue despojado de todos sus bienes -le fueron devueltos por la famosa Conarepa años después al demostrarse que le pertenecían legítimamente-. El matrimonio Kirchner llegó en el mismo tiempo a acumular más de una veintena de propiedades, lo cual convirtió al actual presidente en 2003 en el candidato con más bienes y dinero en su declaración jurada.
Sin reparar en ello, Kirchner dijo que en esa ciudad del Chamical «se anunció la ignominia de los indultos a quienes reprimieron al pueblo argentino en el genocidio de la dictadura militar». Menem eligió ese lugar -recordó en aquellos años-porque entendió los indultos como un perdón, no una justificación de crímenes.
Durante su discurso, el mandatario reivindicó la figura de Angelelli y dijo que «no murió en un accidente sino que lo mataron por defender la verdad y la justicia». La memoria de Angelelli, agregó, tendrá «al Presidente y a todos los gobernadores acompañándolo para pedir que se reabra la causa, porque los argentinos queremos saber la verdad».
Agregó que la iglesia de Angelelli «es la iglesia que reivindica el pueblo, la iglesia que está al lado de los que tiene que estar, la iglesia que reclama por los que tiene que reclamar y la iglesia que ama a todos sin ningún tipo de distinción».
En un pasaje del discurso, Kirchner dijo que le hubiera gustado conocer a Angelelli. No hubiera costado mucho, apenas la voluntad de hacerlo en aquellos años; a Menem lo detuvieron por ser amigo de Angelelli; a Angelelli lo acusaban -y quizá se vengaron de eso con su vida-de ser amigo de Menem, quien, siendo gobernador, lo honró en público varias veces.
Al mencionar los derechos humanos y la economía, Kirchner mencionó a La Rioja como si la gestión de Menem hubiera sido responsabilidad de sus comprovincianos. Ese exceso discursivo era analizado anoche en la Casa de Gobierno de Buenos Aires con vistas a alguna enmienda en las próximas horas.
Aquí, lo principal de ese discurso de Kirchner:
• «En nombre de la Patria y del Estado nacional, vengo a hacer una reivindicación histórica de este cura obispo patriota monseñor Enrique Angelelli, verdadero ejemplo de dignidad, de justicia, de defensa de los ideales y de la pluralidad».
• «También hacerlo en esta ciudad de Chamical, donde lamentablemente desde aquí al país se anunció la ignominia de los indultos a quienes reprimieron al pueblo argentino en el genocidio de la dictadura militar. Por eso la memoria, la justicia, la verdad, son elementos que deben quedar definitivamente colocados como valores fundamentales de nuestra historia. Defender memoria, querido obispo, defender justicia y defender verdad lleva a que me agredan, a que me insulten, pero no me interesa porque lo valen la justicia, la verdad y la memoria, y lo pueden seguir haciendo porque voy a estar como el algarrobo, firme, defendiendo estos ideales de patria y de integración.»
• «Yo lo veía al padre Pocho, al cura Pocho, que decía: 'Me he puesto un traje hoy y no sé cómo se cierran los botones'; a mí me retan todos los días porque no los cierro nunca, padre Pocho, porque me gusta tener el pecho y el corazón en las manos del pueblo argentino y en este caso del pueblo riojano.»
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