Kirchner-Chávez: ya nadie sabe quién contiene a quién

Política

Desde que llegó al poder, Néstor Kirchner justificó ante el gobierno de los Estados Unidos su acercamiento con Hugo Chávez en la «contención» que hay que proveerle al bolivariano para que no se integre definitivamente al «eje del mal», que en estos días encabeza Mahmud Ahmadinejad, el presidente de Irán. Al cabo de la visita del Presidente a Caracas, ayer, más de un chistoso tendrá derecho a interrogarse: «Cuando Chávez visite a Ahmadinejad, ¿no le dirá que le está dando a Kirchner la contención necesaria para que no termine de alinearse definitivamente con el 'eje del mal' que conduce George W. Bush?».

Es una humorada. Pero hubo varios funcionarios que, al regresar desde Venezuela, se plantearon la pregunta.

Sobre todo, después de calcular que, con el bolivariano como socio pleno del Mercosur, las reuniones del bloque podrían convertirse en una tribuna permanente para el hostigamiento a Washington. Kirchner elaboró para estos colaboradores una respuesta que, tal vez, es su última frontera en la separación -no necesariamente de enfrentamiento- con los Estados Unidos. Sus íntimos escucharon el argumento. Sostiene que, a diferencia de Chávez, «a mí jamás me oirán referirme a Bush», a quien el venezolano llama «Mister Danger».

Hay que admitir que tiene razón: es curioso cómo un gobierno que se abraza a la causa de los derechos humanos como el de la pareja presidencial jamás mencionó la existencia de la cárcel de Guantánamo ni abrió juicio de valor sobre el comportamiento de las fuerzas norteamericanas en Irak.

  • Límites

    Sin embargo, Kirchner no agotó aquí los argumentos para demostrar que su cercanía con Chávez sigue siendo pragmática, por no decir ventajera. Como si fuera Roberto Lavagna -es decir: alguien que aspira a que sus declaraciones sean leídas con la atención que demanda la prosa de Hegel-, el Presidente hizo notar cómo señaló al nuevo socio del Mercosur los límites que debe obedecer. Fue, según explicó, en el discurso del palacio Miraflores, cuando recordó que el Mercosur está constituido como un bloque para la paz con una política expresa contra el terrorismo. Allí dijo: «Somos conscientes del lugar que ocupan las cuestiones de seguridad internacional y la lucha contra el terrorismo, hemos dado sobradas muestras de nuestro compromiso en ese sentido», aun cuando agregó: «Al mismo tiempo, decimos que una lucha exitosa contra el terrorismo no puede afirmase en una concepción exclusivamente militar, para enfrentar y derrotar al terrorismo es necesario secar la fuente de donde se alimenta, encarar y solucionar los conflictos bélicos, como es cooperar en forma efectiva y no declarativa en la lucha contra el hambre y la miseria, combatir el racismo, la xenofobia y toda otra forma de discriminación».

    Esta declaración de Kirchner parece más que necesaria para el presidente de un gobierno como el de la Argentina, que ha acusado a Irán de estar detrás de los atentados de la Embajada de Israel y la AMIA. Venezuela, país con el que se suscribió el martes un acuerdo de Alianza Estratégica, tiene firmado con Irán un protocolo similar en marzo de 2005 y un acuerdo comercial de integración en febrero de este año.

  • Compromiso

    También se vio obligado a recordarle a Chávez que «la Declaración de Ushuaia, que fija al bloque como zona de paz, nos compromete a evitar carreras armamentistas u opciones violentas de resolución de conflictos, así como apoyar en los foros multilaterales, en los que participamos, el respeto por los acuerdos internacionales orientados a promover el uso pacífico de la energía nuclear y la no proliferación en todos sus aspectos».

    Por si hacía falta más aclaración, sobre todo a la vista del desfile, agregó, refiriéndose al Mercosur: «Ninguno de sus miembros alienta propósitos expansionistas o militaristas; ninguno de sus miembros actúa en perjuicio de otros países». Casi un homenaje a Lula, convencido de que el bolivariano está detrás de la agresiva nacionalización de hidrocarburos dispuesta por Evo Morales el 1 de mayo (después de haberse entrevistado, se sabe ahora, con el ex hombre fuerte del PT José Dirceu).

    Estas manifestaciones de pacifismo pueden resultar exageradas, sobre todo en alguien que acaba de apoyar, con los demás países del Mercosur, el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad de la ONU, donde se discuten, entre otras cosas, los programas nucleares de Irán y de Corea del Norte, dos regímenes « bolivarianos» (rama asiática). Desde que alcanzó el dominio total del Congreso, el gobiernode Venezuela ha iniciado una mutación. En su seno gravitan más los antiguos camaradas de promoción de Chávez, asociados todos a sus primeras experiencias golpistas, en detrimento de los antiguos revolucionarios, civiles y aburguesados, como Alí Rodríguez o José Vicente Rangel.

  • Asombro

    La vocación de Kirchner por poner límites retóricos y seguir «conteniendo» a Chávez no llegó a inspirar un pasaje a favor del pluralismo republicano. Al contrario, el santacruceño quedó asombrado cuando vio que, al solo movimiento de un dedo de Chávez, toda la asamblea parlamentaria comenzó a saltar gritando «Malvinas Argentinas». «Estos sí son superpoderes», habrá pensado. Por su suite no pasó nadie de la oposición a Chávez, aunque tendrá la excusa de que algunos de sus líderes fueron recibidos por legisladores argentinos que lo acompañaban. Sin embargo, hay otro argumento a través del cual el Presidente intentará desmentir a los que quieren involucrarlo en la aventura disidente, sin aparente retorno, emprendida por su hermano bolivariano. Es la defensa de la propiedad privada, muy adecuada por tratarse del día en que cientos de saqueadores entraron en viviendas del FONAVI del Bajo Flores, ya adjudicadas, para no dejar ni los sanitarios en pie. Al terminar su mensaje ante la Asamblea Nacional de Venezuela -ese «paraíso» de un solo bloque, obviamente oficialista-, Kirchner sugirió: «Sigamos trabajando firmemente, consolidando nuestra región, nuestros países, consolidando la iniciativa promocional que deben tener los estados, pero también dando un fuerte impulso a las economías privadas y a la inversión privada, porque con la promoción del Estado y la consolidación de la inversión privada vamos a alcanzar una síntesis superadora que nuestra región, y nuestros pueblos están esperando».

  • Dólares gravosos

    La recomendación no puede ser más atinada, si es cierto lo que contó el brasileño Dirceu hace un par de meses en Buenos Aires: «Quedé asombrado cuando fui a visitar a Hugo y me dijo que el próximo paso de su revolución socialista es ir contra la propiedad privada». A Dirceu es difícil asombrarlo. Kirchner puede haberse sentido especialmente motivado para esta pasable defensa de la iniciativa privada. El Hilton donde estuvo alojado es de administración estatal. Dos miembros de la comitiva presidencial informaron a su jefe que en los «dos días y tres noches» transcurridos en ese hotel, jamás les armaron la cama ni les cambiaron las toallas. Aun con todas estas aclaraciones, es bastante evidente que los dólares que recibe de Venezuela a cambio de bonos se están volviendo cada vez más gravosos para Kirchner. Por más que él esté jugando un póker imaginario con el gobierno de los Estados Unidos, para el que guarda el mayor de sus reproches, si se atiende a su escala actual de conflictividad: acusa a Washington de ser el principal impulsor de la candidatura de Lavagna. Está convencido de que el gobierno de Bush quiere terminar con el suyo. Por la vía electoral, seguro. El ex ministro, acaso con menos tantos de los que muestra, dramatiza su indignación antibolivariana (flamante) para alimentar esa fantasía. Sea lo que fuere, la misma semana en que medio gobierno viajó a Caracas a festejar junto al Caribe el 4 de julio, en Buenos Aires el gobierno alentaba una denuncia contra la CIA -que rozará a la Embajada de los Estados Unidos- por haber realizado observaciones indebidas sobre movimientos bancarios en el marco de un programa internacional de combate al terrorismo.
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