26 de agosto 2004 - 00:00

Kirchner, tras difícil foto a solas con Bush en EE.UU.

George W. Bush
George W. Bush
Néstor Kirchner estará a partir del 20 de setiembre en NuevaYork, para asistir a la Asamblea de las Naciones Unidas. Tanto el Presidente como su esposa, la senadora Cristina Fernández, tienen ya prevista la reunión a la que le asignan más importancia en la agenda de ese viaje: GeorgeW. Bush los invitó a la recepción que ofrecerá en agasajo a los jefes de Estado que se encuentren en Manhattan para esa fecha. Lo hizo a través de la representación de los Estados Unidos ante la ONU.

Como adelantó este diario, el gobierno argentino está buscando una entrevista a solas entre el Presidente y Bush. Se trata de un desafío exigente, como todos los que suele plantear la Casa Rosada al embajador en Washington. Aunque ahora José Octavio Bordón cuenta con un soporte importante en la tarea: Héctor Timerman, el cónsul general en Nueva York, se comporta casi como un embajador paralelo. Es que su cercanía con Cristina Kirchner lo destaca de cualquier otro diplomático e inclusive hace temer a muchos por la continuidad de Bordón en el escalón mayor de la representación argentina ante «el imperio».

• Disertación

Además del encuentro con el presidente norteamericano, Kirchner ya tiene organizada una agenda entre política y académica. Disertará ante el Council on Foreign Relations, que conduce el poderoso Peter G. Peterson. Se trata del instituto más jerarquizado entre los que sustentan conceptualmente la política exterior de los Estados Unidos. Además, lo esperan también en el Council of the Americas, con el que la primera dama se ha familiarizado mucho gracias a las invitaciones que le cursan en sus viajes a Nueva York y a la presentación que esa institución realizó en Buenos Aires hace 10 días. Otro organismo dedicado al estudio de las relaciones exteriores, el WorldAffairs Forum, también le extendió una invitación al Presidente, que se encuentra bajo análisis del embajador Eduardo Valdés (uno de los más cercanos colaboradores de Kirchner en el servicio exterior, quien ha restablecido su relación con el macrista JorgeArgüello, otro actor principal de la política exterior del oficialismo en estos días).

No habrá esta vez, por lo que se sabe hasta ahora, la habitual visita a la New York School University
, donde trabaja otro predilecto de la primera dama, el periodista y escritor Ernesto Seman. Kirchner tuvo una mala experiencia allí durante su última presentación, cuando el economista Paul Krugman ironizó sobre su ocurrencia de establecer una OPEP de la soja.

El Presidente tendrá su hora para hablar ante la Asamblea de la ONU el miércoles 22
. Deberá adoptar un discurso altisonante si quiere recortarse en un ambiente que estará dominado por Luiz Inácio Lula da Silva. El presidente de Brasil volcará todo el atractivo que suele ejercer sobre la opinión internacional (su condición de ex sindicalista y emergente de la marginalidad del nordeste brasileño son fascinantes en el Primer Mundo) encabezando una Reunión de Líderes Mundiales sobre Combate contra el Hambre y la Pobreza. Allí Lula propondrá a escala internacional su programa Fome Zero, viga maestra de la política social de su gobierno, con el que intenta desmentir que la gestión del PT es una versión más de los sucesivos ajustes que los organismos internacionales aplican en los países en vías de desarrollo.

Bordón, también Timerman, seguirán tras el premio mayor de la reunión con Bush. Sobre todo porque para la última se-mana de setiembre se estará en el lanzamiento formal de la oferta de reestructuración de la deuda pública, para el que convendría tener aval del Tesoro de los Estados Unidos y del FMI, donde ese organismo ejerce gran influencia.

Tal vez el presidente de los Estados Unidos no tenga tiempo para más que un «shake hands» con quienes visitan su país para la Asamblea. No sólo porque son muchos sino, sobre todo, porque estará en el tramo final de su campaña por la reelección. Aun así, al gobierno de Kirchner le interesa el encuentro: quiere desmentir que la asistencia de la primera dama a la Convención Demócrata y la adhesión a Hugo Chávez en el referéndum venezolano hayan sido descortesías para con la Casa Blanca. Envueltos en la bandera norteamericana, los funcionarios de Kirchner juran hoy sobre una nueva doctrina: la que ordena los datos de tal manera que el gobierno argentino queda convertido en un operador indispensable de los designios de Washington en la región. «¿O no fuimos nosotros los que convencimos a Chávez para que conceda el referéndum a sus opositores? ¿O no fuimos nosotros los que disciplinamos a Evo Morales? ¿Y las tropas a Haití?», se escucha en los pocos despachos del gobierno en los que no se está discutiendo, imaginariamente, con Juan Carlos Blumberg. Pesa un último argumento en la lista, inconfesable en público. Lo expuso uno de los funcionarios más allegados al Presidente de los que revistan en la Cancillería: «Somos un gobierno embanderado con los derechos humanos, pero no se nos escapó una sola palabra respecto de las atrocidades cometidas en Irak». ¿Será ésta la carta de presentación para conseguir la foto a solas con Bush?

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