La intervención más importante de Néstor Kirchner en el viaje a Austria que terminó anoche (hoy regresa al país) fue el discurso que dijo ante los mandatarios de América latina, el Caribe y la Unión Europea que participan de la Cumbre de Viena. En esa pieza usó los mismos argumentos del discurso del jueves de la semana anterior en Gualeguaychú, cuando dijo que los países emergentes son « acreedores ambientales» de los países desarrollados.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Esa hipótesis tercerista la refinó en el discurso de Viena, en el cual dijo que países europeos evitaron el cumplimiento de normas que se aplican en ese continente al instalar papeleras de gran envergadura en América latina.
Adelanto mi opinión en el sentido de que debemos priorizar de todos los puntos, en el referido al frontal combate contra la pobreza, la defensa irrestricta de la democracia y de los derechos humanos, junto con la preservación del medio ambiente.
En cuanto a la protección del medio ambiente, la solución global se impone, pues el mundo es uno solo y lo que se hace en una región se le hace al mundo todo y al hombre y a la mujer concretos que componen la humanidad. No vale aquí doble estándaralguno. Se debe cuidarel medio ambiente en los países desarrollados y en los países que todavía no han logrado su desarrollo, en los países ricos y en los países pobres, en los países del Norte y en los del Sur, en los países centrales y en los periféricos.
Al desarrollar sus industrias, los países más industrializados han usufructuado un verdadero subsidio ambiental del resto de países, que conforman hoy con su atraso relativo una verdadera reserva ecológica mundial. Es absolutamente claro que los habitantes de América latina resultamos acreedores ambientales del mundo industrializado. Es necesario reparar, y para ello, debemos mundializar un criterio que está en la base de los programas ambientales de la Unión Europea, donde el que contamina debe pagar.
Este pago puede significar las inversiones necesarias para cumplir normas más rigurosas, mitigar el daño o devolver, reciclar o eliminar los productos contaminantes después de su uso. Debe aplicarse mundialmente el principio de cautela que ustedes aplican y que implica que, cuando las amenazas son más potenciales que probadas, deben proponerse medidas protectoras si el riesgo parece real, aun a falta de una certeza científica absoluta. Lo que de ninguna manera podemos admitir es que países que han logrado mayor desarrollo, que muchas veces lo han hecho a costa de la degradación del medio ambiente y produciendo una fuerte afectación mundial evidenciada en el cambio climático, quieran trasladarnos la parte más contaminante de sus procesos industriales.
Sabemos que instituciones internacionales y, fundamentalmente, algunos de esos mismos países, desde hace años postulan alentar a las industrias contaminantes para que se muden a los países pobres del planeta, en razón de los menores costos. La degradación del inmenso capital ambiental que nos ha dejado nuestro atraso relativo no puede ser el precio que paguemos por la inversión para la creación de los puestos de trabajo que nuestras sociedades necesitan. El mundo es uno solo, de modo que no resulta razonable transferir empresas contaminantes al mundo en desarrollo, menos cuando son de un tamaño tal que no encontrarán en nuestros ambientes menos contaminados los sumideros adecuados para neutralizar los efectos degradantes de nuestros recursos hídricos, nuestros suelos y nuestra atmósfera.
Así como los países de la Unión Europea han elaborado sus códigos para reducir la emisión de gases contaminantes, especialmente los que provocan la lluvia ácida, para proteger la calidad de sus aguas, para prevenir el impacto ambiental transfronterizo, para consultar la opinión pública de las comunidades que podrán ser afectadas, tenemos en América latina derecho a que esas normas se respeten.
Dejá tu comentario