2 de abril 2003 - 00:00

Kirchner le arranca facultades a Duhalde

Néstor Kirchner sigue extorsionando al gobierno duhaldista, imponiéndole condiciones día a día. Su fuerte es ser «el candidato oficial» y amenaza con que si no ganan los duhaldistas se las verán difíciles en el llano. Duhalde ayer informó que el gobierno estudia pasar a la abstención en la ONU en el voto sobre la violación de los derechos humanos en Cuba. Se sabe que es una imposición de Kirchner, igual que dejar sin compensación a los bancos por la pesificación y pasar el tema al Congreso. El año pasado, sin la influencia de Kirchner, el duhaldismo hizo votar la condena a Cuba. Ahora ya tantea la abstención. Lo curioso es que sucederá cuando el régimen marxista cubano generó nuevas violaciones a los derechos humanos. Detuvo a más de 75 disidentes y políticos opositores, y lanzó una ley para poner preso a todo periodista que desde territorio cubano critique al régimen.

Eduardo Duhalde hace durante el proceso electoral lo contrario de lo que cabe esperar de un presidente de transición, parlamentario. A menos, claro, que no crea lo que es. Alguien con poder tan menguado, se supone, habría de atender dos conductas: cuidado por las reglas de juego -de tal manera que nadie dude sobre la legitimidad de quien resulta electo-, y prescindencia sobre el resultado de la competencia. El Presidente hizo lo contrario que indicaría una lógica humana: modificó todos los procedimientos electorales, con la fantasía de que un nuevo sistema le dará el resultado que desea de antemano, y señaló a un -dicho con todo respeto-«caballo del comisario» como sucesor, Néstor Kirchner.

Nadie sabe si el país pagará cara esta mala praxis del Ejecutivo. Sí está claro que él comenzó a pagar el costo de tener un candidato oficial, que ha empezado a gobernar, para algunos de manera imperceptible. Obediente, Duhalde admitió, cederle el volante a su ahijado para no tener que cargar más adelante con el mote de «mariscal de la derrota», que los montoneros solían aplicar a la guardia vieja del peronismo cuando el partido caía derrotado en las urnas. Por eso, con algún estoicismo, le entregó al candidato oficialista la facultad de algunas decisiones políticas. Finalmente, ha sido un gobernador como él.

La primera fue suspender el decreto por el cual se compensaría a los bancos por el subsidio dado a los deudores a los que se les pesificaron las deudas. En contra de la opinión de Roberto Lavagna y de las autoridades del Banco Central, Duhalde derivó la aprobación de la emisión del bono al Congreso.

Una lógica similar, aunque menos estridente, se impuso en el rescate de las cuasi monedas emitidas por provincias. No hay que pensar que Kirchner esté en el origen de la decisión, que se negoció con el Fondo Monetario Internacional. Pero fue el candidato quien diseñó el mapa de las provincias donde primero se desembolsarían los pesos para retirar los bonos.

Otro frente en el cual el gobernador de Santa Cruz se hizo cargo del timón por anticipado es el internacional. Según lo que informan con discreción en la Casa Rosada, Duhalde ya tiene decidido ordenar al representante argentino ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU la abstención en la votación sobre la situación de Cuba en esa materia. Se trata de un hecho atendible: el gobierno cambiará su propio pronunciamiento respecto del año pasado, sin que -según las organizaciones de derechos humanos que informan sobre Cuba-se haya modificado la política de Fidel Castro en materia de garantías individuales. Al contrario, una organización prestigiosa como Human Rights Watch denunció una oleada de detenciones a disidentes del régimen cubano y el impedimento a que la isla sea visitada por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Las observaciones de esta organización están ligadas a la posibilidad de que un grupo de países latinoamericanos, entre ellos la Argentina, se abstenga ante el caso cubano.

•Continuidad

El gobierno de Duhalde, con Carlos «Rucucu» Ruckauf al frente de la Cancillería, ya se expidió sobre Cuba el año pasado, en el mismo sentido en que lo habían hecho las gestiones de Carlos Menem y de Fernando de la Rúa: censurando las violaciones del castrismo a los derechos humanos. Lo hizo desoyendo la voz del Congreso, donde una mayoría duhaldistaalfonsinista-frepasista había pedido la abstención. Lo que no consiguieron esos diputados lo logró Kirchner, impulsado por su equipo de campaña para orientar la gestión de Duhalde según sus intereses proselitistas. Daniel Scioli no opina.

El Presidente, hay que admitirlo, es sensible a las demandas del candidato respecto de su gobierno. Se trata de alguien que siempre explicó su fracaso electoral de 1999 en la negativa de Menem a producir cambios en el gobierno (en rigor, los Duhalde siempre creyeron que los escándalos que rodearon en aquel año a Víctor Alderete y María Julia Alsogaray fueron patrañas del propio Menem para que ellos no llegaran a la Presidencia). Por eso ahora, solidario con su delfín, obedece a todas las solicitudes que llegan desde la Casa de Santa Cruz.

Debe admitirse, sin embargo, que lo hace placenteramente en la medida en que Kirchner pide lo que Duhalde quiere dar. El actual presidente desea irse al llano como el titular de un «modelo productivo» que, además de tener sesgos populistas en lo económico, tiene un fuerte componente antinorteamericano en la política exterior. Abandonar el poder por anticipado puede ayudar a conservar los rasgos esenciales de ese «modelo». Si el duhaldismo siguiera en el poder un par de meses, se demostraría que su artefacto es inviable y que, como cualquier otro, debería comenzar a pagar la deuda, respetar los convenios con las empresas que invirtieron en servicios públicos aumentando las tarifas, reprimir la presión salarial y restringir la distribución indiscriminada de planes Jefas y Jefes de Hogar (sólo en La Matanza pasaron de 50.000 a 85.000 en tres meses, lo que explica la virulencia de la interna peronista en el lugar). También la salida anticipada del poder permite llevar adelante una política exterior como la que Duhalde exhibe en estos días, denunciando la insensibilidad de los Estados Unidos frente al pueblo iraquí y mirando para otro lado en cuestiones como la cubana que, apenas el año pasado, cuando necesitaba plata y misericordia, censuró con dureza.

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