Por un decreto inminente, Néstor Kirchner ordenará la creación de un Instituto para Malvinas, el que revistará bajo la tutela presidencial. De ese modo, todo lo atinente a la situación del archipiélago empezará a ser controlado por él mismo y los responsables que designe en los cargos desde la Casa Rosada. Nadie imagina un abrupto extrañamiento de Rafael Bielsa en toda la ríspida negociación (pesca, turismo, vuelos) con Gran Bretaña, pero sí en una postergación progresiva de la Cancillería en estos temas tan sensibles que, en los últimos tiempos, se erizaron por la prohibición de vuelos desde Chile y un eventual entendimiento para que haya charters desde Buenos Aires hacia Puerto Argentino (hoy, en apariencia, congelados por la protesta de los «kelpers», a quienes Bielsa no ha tratado con delicadeza). Como ha trascendido, uno de los temas que más apasiona a Kirchner es el turismo y, en ese aspecto, la futura decisión pasaría por los planes que él mismo imagina para Malvinas y todo el Sur, su territorio.
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Aunque muchos elementos de la Cancillería observarán con disgusto esta capitis diminutio para el ministerio y, obviamente, para el propio jefe de «la Casa», Bielsa explica que nadie ignora que él trabaja en equipo con Kirchner. Finalmente, hace poco el Presidente ya confesó que él mismo se ocuparía de las relaciones con los Estados Unidos (una forma de personalizar ese vínculo y, aunque no se admita, de desplazar a los especialistas de la Cancillería), y Bielsa nada dijo al respecto. O, lo que dijo, también está en relación con el trabajo de equipo (no olvidar la afinidad con su hermano, el técnico, también especializado en los equipos).
Pero el traspaso de Malvinas a la órbita presidencial implica, sin duda, la casi seguridad de que las futuras relaciones con Londres también pasarán -al menos en el primer planopor la mirada de Kirchner. Hay quienes suponen que esta avanzada del Ejecutivo en el futuro también se aplicará sobrela cuestión de los derechos humanos y, posiblemente, sobre la cuidada relación con Brasil. Esta semana, para el gobierno argentino, ese vínculo tuvo picos de desencuentros que no tienen antecedentes: Buenos Aires y Bielsa sostuvieron -e hicieron pregonar-la existencia de un acuerdo histórico con Brasil a propósito de la deuda externa, hecho que no fue confirmado por Itamaraty. Por el contrario, ayer el embajador que se retira de Buenos Aires descalificó ese pacto tan alabado por Bielsa. Tampoco pareció extemporánea esa declaración. Un funcionario brasileño que se había expedido no graciosamente sobre la Argentina, los hombres de Bielsa dijeron que Lula lo echaría por teléfono. Y es cierto, lo llamó por teléfono, pero para confirmarlo en el cargo.
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