14 de abril 2003 - 00:00

Kirchner manda espías para aprender de sus adversarios

Néstor Kirchner, candidato presidencial del Frente para la Victoria, se reunió con el gremialista Víctor Santamaría (SUTHER) y militantes de esa organización sindical.
Néstor Kirchner, candidato presidencial del Frente para la Victoria, se reunió con el gremialista Víctor Santamaría (SUTHER) y militantes de esa organización sindical.
Eduardo Duhalde puso un condimento casi stalinista a la campaña electoral. Quejoso del retaceo de apoyo al que hombres del PJ someten a Néstor Kirchner, manda espías a los actos montados en el conurbano para testear la voluntad y la movilización que exponen sus capitanes.

Estrenó esa metodología en Morón -la urdió desde Europa-, lo continuó en Quilmes y lo hará en forma sistemática hasta el cierre de campaña. El «bluff» de Berazategui dos semanas atrás, donde hubo 2 mil personas, lo forzó a hacer ese seguimiento personal de los mitines.

No es la primera orden que cursa el Presidente: el jueves obligó a los bonaerenses, incluidos su esposa Chiche y Felipe Solá, a fotografiarse con Kirchner para saturar el conurbano de afiches que muestren al santacruceño escoltado por jefes provinciales.

•Premios y castigos

En el tramo final de la campaña, Duhalde decidió premiar o castigar a los caciques según el respaldo que dan a Kirchner. Por eso el sábado llamó para agradecer al gestor del mitin, Sergio Villordo, «Joven Ch» ligado a Aníbal Fernández, que es candidato a intendente de Quilmes.

En rigor, por primera vez, el santacruceño palpó el apoyo real de una porción del peronismo de Buenos Aires: al mediodía, en el polideportivo de San Francisco Solano, los quilmeños juntaron 12 mil personas.

«Nunca vi gente tan cariñosa»,
comentó sorprendido Kirchner. Hombre del frío al fin, no logró decodificar la pasión de las damas del conurbano que se atropellaban para besarlo como si fuera una estrella bailantera. La contracara fue Solá, que otra vez llegó tarde y plantó al candidato.

Es tal el seguimiento de Duhalde, que después del acto apareció por una quinta de Florencio Varela donde se citaron a un almuerzo tardío Kirchner, Villordo, Fernández, Alfredo Atanasof, Eduardo Camaño, Federico Scarabino, Julio Pereyra, Baldomero «Cacho» Alvarez, Juan José Mussi y Solá.

Hubo allí algunos comentarios de preocupación, y otros de expectativa:

• Pidió, temeroso, que pongan mucha atención para evitar incidentes en la elección -lo mismo reclamó el viernes durante una reunión con intendentes en Olivos-.
«Como es una sola boleta, el recuento va a ser rápido, con eso no habrá problemas. Por eso les pido que pongan mucho cuidado para que no se ensucie la elección.» Y contó que a cada rato llama al ministro del Interior, Jorge Matzkin, para que lo ponga al tanto de cómo marcha el operativo elecciones.

• Tuvo un aparte con
Kirchner para mostrarle las encuestas más recientes y después, ante la mesa, detalló las que dan bien: «En Neuquén llevamos 10 puntos y en Quilmes estamos 8 puntos arriba», ejemplificó, y dijo que ese promedio crecerá en el conurbano cuando muestre al candidato con su esposa, Chiche. Solá aportó que el santacruceño mide bien en la provincia interior.

• Escuchó, sin opinar, la propuesta de un grupo de intendentes de hacer el cierre de campaña en un estadio de fútbol para compensar el cierre de
Carlos Menem en River. Aunque Kirchner insiste en hacerlo en La Matanza, algunos pretenden mudarlo a Vélez Sarsfield o la Bombonera, alternativa difícil porque ya Mauricio Macri le negó el alquiler del estadio a Ricardo López Murphy.

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