Kirchner mandó a adormecer la embestida sobre el PJ de Buenos Aires
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Néstor Kirchner
Pero Kirchner, anteanoche, apagó todos los motores. «No es el momento. Más adelantese verá», les dijo el Presidente a sus visitantes bonaerenses.
«Tenemos que dedicarnos a las cosas que le importan a la gente», hizo docencia Kirchner. No fue necesario que agregue que, según su óptica, la llave de las oficinas del PJ sobre Avenida de Mayo no figuran en el top cien de las prioridades del gran público.
La indicación presidencial tiene un capítulo anexo: formalmente, no habrá ninguna negociación global con el duhaldismo. Esa es, por ahora, la orden que voceó la Casa Rosada. «Sería ilógico y una traición para quienes nos votaron», tradujo un participante de la reunión.
Sin embargo, hay puertas que se abren -en secreto- para cobijar a duhaldistas que piden asilo tras la victoria del domingo. «El duhaldismo está sufriendo una hemorragia», grafican, con mordacidad, en el kirchnerismo y advierten que el ingreso será limitado y con cuentagotas.
Pero para Kirchner, una -el PJ bonaerense- y otra -el destino del duhaldismo- cuestión, son temas laterales. Anteanoche lo dejó en claro al asegurar que el resultado electoral impone un « compromiso», por lo que «ahora tenemos que trabajar más que antes».
De hecho, luego de la charlacon los intendentes, Kirchner se encerró a solas con el gobernador para repasar una agenda específica sobre necesidades de la provincia. La obsesión de Solá es económica: los aumentos salariales otorgados y la renegociación de la deuda ponen al rojo las cuentas bonaerenses para 2006.
• Nubarrones
Sin un fuerte acompañamiento del gobierno nacional, Solá tendría más de un nubarrón en el frente fiscal. El tema es, desde hace semanas, planteado por el ministro de Economía, Gerardo Otero, cuya permanencia en esa cartera está en suspenso.
No sería, de producirse, el único movimiento en el gabinete bonaerense. Asoma una dato jugoso: al intendente de Campana, Jorge Varela, lo habrían tentado con asumir como ministro de Desarrollo Social, butaca que ocupa Juan Pablo Cafiero, que podría saltar a otra cartera.
Volviendo a la cumbre del martes, el OK presidencial tiene lectura política: los pronósticos alarmistas sobre el destino de Solá parecen errados. El gobernador se perfila como dueño del sello «K» en la provincia, lo cual anticipa tormentos para sectores del duhaldismo.
¿Lo convierte eso en el «portero» del kirchnerismo de Buenos Aires? La figura no agradará al gobernador porque es, justamente, la que se usó despectivamente contra los que se atrincheraron en el PJ, pero en La Plata esperan tener, al menos, poder de veto.
El criterio rige, hasta ahora, en la Legislatura provincial donde el felipokirchnerismo amplió en pocas horas de 19 a 23 el bloque de senadores futuros y engordó a más de 40 diputados la bancada correspondiente. Con eso está a una uña del número para elegir -sin acuerdo con otras fuerzas- al nuevo jefe de Diputados y al vice del Senado.
Más de uno recordará la metáfora del barco que se hunde.




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