Kirchner sale a seducir a intendentes duhaldistas
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Cristina F. de Kirchner
Todo, claro, con el tono campechano de Kirchner: con una sonrisa, cierto tono burlón y, seguramente, un abrazo y un pellizco en el moflete. Pero haciéndoles sentir, donde juegan de locales, ante los suyos, el rigor de haber elegido el «club» equivocado en el match del peronismo.
Antes de los palos, Kirchner repartirá subsidios y obras. El objetivo es espantar cualquier murmullo que reproduzca las quejas -ciertas o no-, como las que relata un intendente que, estando en la Casa Rosada para firmar un plan, fue sacado a último momento del listado.
O la fábula de un gobernador que sugirió lo inoportuno de asistir al acto de Cristina Fernández en La Plata: «Qué tengo que hacer yo en un acto del PJ bonaerense», dijo, y pidió tiempo para pensar si asistía o no. Al otro día, las transferencias desde Nación se habían, mágicamente, interrumpido.
Por eso, cuando visite Lincoln y Balcarce, Kirchner llegará con las manos rebosantes de obras y promesas de obras, una forma de apagar críticas futuras sobre que se discrimina a los municipios cuyos intendentes eligieron perdurar al lado de Duhalde.
El broche será el salmo, una vez más recitado por el patagónico, en defensa de la institucionalidad. «Igual, aunque él no nos acompañe, nosotros vamos a apoyar al compañero intendente», podría completarse la oración sugerida al principio.
Debajo, pero tan obvio que es imposible no verlo, está el propósito final de Kirchner: golpear al duhaldismo en su base, los intendentes, primordial y vital pilar de la pirámide que mantuvo a Duhalde durante una década y media en la cima del poder peronista.
De ese plan troncal, surgen dos subobjetivos:
1- Dinamitar el esquema que Duhalde diseñó para la colecta de votos que consiste en sumar de manera ascendente -desde los distritos para Chiche Duhalde, sobre todo en el interior- mientras el kirchnerismo basa su táctica en un modelo descendente: Cristina arrastra con su boleta en favor de los candidatos locales.
2- Continuar, a través del pánico o la seducción, capturando jefes territoriales duhaldistas. De ese modo, dicen en el kirchnerismo, el plan del ex presidente se deteriora cada día más hasta quedar vacío. Por tanto, el plan es seguir «chupando» dirigentes del duhaldismo con la intención de reducir más el diezmado poder de fuego del ex presidente.
Aunque no tenía demasiado para elegir -en el interior Duhalde mantiene no más de 13 distritos leales-, Kirchner seleccionó Lincoln porque es un caso simbólico: el propio Fernández cuenta que un video de campaña que filmó con el Presidente aportó gran parte de su triunfo.
• Parada
El caso, para la anécdota, vale revisarse: en setiembre de 2003, Fernández empató con el candidato radical. Como una urna impugnada, hubo que votar de nuevo en esa mesa. Ahí el peronista sacó a relucir su imagen sonriente con Kirchner y logró la victoria por un puñado de votos.
En junio, por intermedio de Aníbal Fernández, el linqueño y otros 7 intendentes duhaldistas fueron invitados a la Casa Rosada para adherir al proyecto K. Se rehusaron. Esa noche, la furia presidencial se entretuvo con el pescuezo del ministro del Interior.
Luego de transitar por Lincoln y Balcarce, Kirchner tiene otra parada agendada en su ronda de campaña. El viernes llegará a Ezeiza para oficializar su flamante alianza con Alejandro Granados, el jefe local, ex menemista que la amnistía de la historia recicló en neokirchnerista.




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