Kirchner se ocupa del pasado (acto 24 de marzo) y posterga presente (Sta. Cruz)
Néstor Kirchner se constituyó ayer en interventor de su propia provincia, desbordada por protestas de sindicatos que reclaman aumentos, movidos por los que dictó el gobierno a los docentes para beneficiar la chance de su candidato a jefe de Gobierno de la Capital, el ministro de Educación Daniel Filmus. No quiere aparecer, sin embargo, por Santa Cruz hasta que las aguas no bajen. Le viene como anillo al dedo el acto que le organiza la izquierda amiga en Córdoba para recordar el golpe de Jorge Videla en 1976 (¿no sería más apropiado celebrar la vuelta de la democracia en 1983? Quizás, pero parecería una fiesta alfonsinista). Eso lo mantendrá este fin de semana lejos de la Patagonia, donde sigue la crisis.
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Nestor Kirchner.
Dos postales -¿inesperadas?- de un mismo episodio empujaron a Kirchner a esa situación incómoda: el estruendo, por masividad y tono pacífico, de la marcha de estatales del miércoles; y la intervención en esa movilización del obispo Juan Carlos Romanín.
Que el obispo se haya puesto, aun con ánimo de acercar posiciones, al frente de la marcha generó un malestar inocultable en el gobierno. Al punto que forzó a Kirchner a involucrarse directa y públicamente en el tema Santa Cruz.
Hasta ayer la intervención de facto -intervino una intervención: Juan Bontempo y Daniel Varizat manejan Santa Cruz, no Carlos Sancho- era silenciosa, pero Kirchner la oficializó cuando desde La Matanza salpicó con una ráfaga global a Romanín y a los gremios.
Con sus críticas, el patagónico blanqueó una realidad ostensible: ayer, la Casa Rosada dedicó más tiempo y esfuerzo a palpitar lo que ocurre en Santa Cruz que a disfrutar los elogios que el ecuatoriano Rafeal Correa le regaló a Cristina Fernández.
Y no son hechos desligados: al final, un conflicto de pago chico, malamente manejado, lastima un evento que pretendió darle a la primera dama un rango de estadista.
Quizá una misma percepción explica el porqué de la crisis y, en paralelo, las razones de la intervención de Kirchner. Todo se reduce a una disputa entre dos sectores que hoy forcejean por tomar el timón provincial: de un lado, Bontempo con sus «jóvenes iluminados»; del otro, Varizat y la ministra Silvia Esteban, que conforman una especie de vieja guardia.
De fondo, la discusión es quién entorna en el futuro próximo a Alicia Kirchner cuando -si no hay sorpresas electorales- la ministra desembarque para hacerse cargo de la gobernación.



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