Kirchner semblantea: casting post-Bielsa
-
El "triángulo de hierro" sostiene a Adorni
-
El PRO entre conquistas y outsiders, Adorni en el pozo, Kicillof con Serrat y el riesgo de otro Botnia
Ronda de postulantes a sentarse en la silla de Rafael Bielsa en la Cancillería. Ya circulan el embajador Jorge Taiana, los ministros José Pampuro y Roberto Lavagna, y el ex vicepresidente aliancista Chacho Alvarez, además de varios «tapados».
• Buena impresión
Al pasar, Kirchner ya admitió en una oportunidad que podría incorporar a Chacho Alvarez al gobierno. Y eso que la pregunta venía envenenada: le querían insinuar que, al hacerlo, su gestión se cargaría con la radiactividad negativa de la Alianza, que en el ex vicepresidente hace sonar todas las chicharras. ¿Se animará el santacruceño a desafiar el maleficio?
• Roberto Lavagna es otro candidato. ¿De Kirchner? Por lo menos de Alberto Fernández, quien lo quiere canciller pero, sobre todo, antecesor de Javier González Fraga en Economía (comodín de todos los escenarios, a este economista también puede imaginárselo en el sillón de Bielsa). A Lavagna no le disgusta la idea. El también cree, contagiado por Bielsa, que la globalización proyecta sobre los ministros de Relaciones Exteriores una luz política capaz de mejorar cualquier carrera: la de un postulante a jefe de Gobierno o a Presidente. Lavagna quiere lo que, según Kirchner, es para Bielsa.
Corre con algunas ventajas el ministro de Economía: podría ir a un lugar sobre el que habló con el Presidente no bien decidió continuar en el cargo aunque cambiara el gobierno. Y Kirchner podría disolver Economía y convocar a algún economista de prestigio para comandar esa área desde la Presidencia. Pero estas ventajas no equilibran las contrariedadesde la candidatura de Lavagna. 1. La relación con Kirchner está rota; sólo la necesidad de no perturbar la economía la sostiene. 2. Lavagna no moderaría cierto comportamiento silvestre del Presidente en la arena de las relaciones públicas, sobre todo internacionales. Acaso lo exhibiría más que otros, por descuido o por esa propensión a mostrarse como el componente racional de un gobierno atrabiliario, como hace ahora desde Economía. 3. ¿Será posible, tan luego con Kirchner, un divorcio a la sueca? Esta es la pregunta clave: quizá haya que pensar que la salida de un ministro de Economía siempre es traumática y que, por lo tanto, no permite que quienes fueron socios hasta ese momento sigan compartiendo la misma casa.
• Por lo menos dos ministros, de los que siguen con atención esta ruleta de la política exterior, creen que Kirchner tiene un candidato «in péctore» a quien quiere traer al gobierno. Apenas arriesgan que es economista y que tiene un excelente tránsito por los centros internacionales de poder. Temblorosos, esos dos colaboradores no se animan a arriesgar el nombre por miedo al jefe. A adivinar, entonces.
• A este vareo se le suma, a un tranco bastante más lerdo, un pelotón de aspirantes, autopromovidos, fantasiosos. ¿Por qué descartarlos? Aunque más no sea por acotar el error de la nota. Encabeza el grupo Carlos Zannini: viaja siempre con Kirchner fuera del país, opina con criterio sobre política exterior, corrige los discursos internacionales del Presidente, le gusta el cargo. Tiene la misma limitación idiomática de Alvarez pero es un detalle: lo más importante es que difícilmente Kirchner quiera desplazarlo de su proximidad. Es casi imprescindible.
José Pampuro a veces pasa cerca de la Cancillería en las fantasiosas noches de Olivos. Pero tiene las mismas chances que Jorge Taiana o Jorge Argüello. Hasta es más fácil, como hacen algunos, imaginar a Bielsa volviendo por el cargo una vez que haya ganado la elección. Si es que eso ocurre.




Dejá tu comentario