14 de junio 2005 - 00:00

Kirchner semblantea: casting post-Bielsa

Ronda de postulantes a sentarse en la silla de Rafael Bielsa en la Cancillería. Ya circulan el embajador Jorge Taiana, los ministros José Pampuro y Roberto Lavagna, y el ex vicepresidente aliancista Chacho Alvarez, además de varios «tapados».
Ronda de postulantes a sentarse en la silla de Rafael Bielsa en la Cancillería. Ya circulan el embajador Jorge Taiana, los ministros José Pampuro y Roberto Lavagna, y el ex vicepresidente aliancista Chacho Alvarez, además de varios «tapados».
Una enorme operación de casting, en eso se ha convertido el gobierno desde que Rafael Bielsa se lanzó como candidato a diputado en la Capital Federal. ¿Quién será su sucesor en la Cancillería? Si el interrogante conmueve al gabinete, ni qué hablar de «la Casa», el Palacio San Martín, donde este tipo de elucubraciones forman parte de un deporte ancestral y obsesivo.

• El candidato más establecido es Federico Mirré, actual embajador en Londres. Se lo propuso el propio Bielsa a Néstor Kirchner y a su señora Cristina, el miércoles, cuando le terminó de comunicar que debería hacerse cargo de la candidatura a diputado. Tal vez Bielsa en el mismo acto de promoverlo, lo hundía. Pero ¿cómo instalar una candidatura tan exótica si no explicitándola ante el dueño de la lapicera que decide estos movimientos? Kirchner escuchó en silencio las que, según el canciller, son las virtudes de Mirré: un grado aceptable de locura como para agregar creatividad al gabinete, una erudición básica como para distinguir movimientos literarios o artísticos, cierta excentricidad en la indumentaria, el título de diplomático profesional. Salvo por esto último, en todo lo demás Bielsa dio la sensación de elegirse a sí mismo. Totalmente sincero: quiere continuar, ¿qué duda cabe? Aun cuando Kirchner le haya dicho que si triunfa entre los porteños puede ser candidato a intendente e, inclusive, a presidente. Lo mismo le dijo Carlos Menem a Erman González en 1993. Los dos pupiloscreyeron que sus jefes los engañaban. Sólo gente como Menem o Kirchner suelen tomarse en serio esas insinuaciones. Por eso llegan.

• Buena impresión


Vuelta a Mirré. Además de gustarle a Bielsa, tal vez debería gustarle a Kirchner. Tal vez lo logre: cuando se conocieron, en el primer viaje del matrimonio presidencial a Londres, este diplomático amigo de Bordón y ex colaborador de Patricia Bullrich, causó excelente impresión. Todavía no era embajador allí, sólo dirigía el departamento de Europa Occidental del Ministerio. Pero estaban en Londres: todo mejora.

• El otro candidato que compite cabeza a cabeza con Mirré es Carlos Chacho Alvarez. Tiene un solo inconveniente: habla solamente español. Bastante bien, es cierto. Pero el monoglotismo es una limitación casi insalvable cuando también lo cultiva el Presidente. Aunque siempre se podrá apelar al antecedente de Carlos Ruckauf. Se uniría a Chacho por un vínculo más, no sólo por el de haber sido vicepresidentes poco consecuentes con sus compañeros de fórmula. Digámoslo así.

• Impulsores

Alvarez tiene dos motores en su carrera. Uno, el reflejo condicionado de Kirchner, quien lo menciona cada vez que se le ofrece un cargo de circulación internacional. Sea la Cepal (perdió con José Luis Machinea) o la mediación en Bolivia (perdió con Raúl Alconada Sempé y con el asma). No se sabe qué es más cruel. El otro impulso le viene de Cristina, la senadora. Ella suele hacerse asesorar con Chacho, sea porque lo integró al Parnaso con José Pablo Feinmann y José Nun, sea porque, charlista al fin, visita en soledad las noches de Olivospara dialogar con la parejasobre el apasionante devenir de la galaxia.

Al pasar, Kirchner ya admitió en una oportunidad que podría incorporar a Chacho Alvarez al gobierno. Y eso que la pregunta venía envenenada: le querían insinuar que, al hacerlo, su gestión se cargaría con la radiactividad negativa de la Alianza, que en el ex vicepresidente hace sonar todas las chicharras. ¿Se animará el santacruceño a desafiar el maleficio?

• Roberto Lavagna es otro candidato. ¿De Kirchner? Por lo menos de Alberto Fernández, quien lo quiere canciller pero, sobre todo, antecesor de Javier González Fraga en Economía (comodín de todos los escenarios, a este economista también puede imaginárselo en el sillón de Bielsa). A Lavagna no le disgusta la idea. El también cree, contagiado por Bielsa, que la globalización proyecta sobre los ministros de Relaciones Exteriores una luz política capaz de mejorar cualquier carrera: la de un postulante a jefe de Gobierno o a Presidente. Lavagna quiere lo que, según Kirchner, es para Bielsa.

Corre con algunas ventajas el ministro de Economía: podría ir a un lugar sobre el que habló con el Presidente no bien decidió continuar en el cargo aunque cambiara el gobierno. Y Kirchner podría disolver Economía y convocar a algún economista de prestigio para comandar esa área desde la Presidencia. Pero estas ventajas no equilibran las contrariedadesde la candidatura de Lavagna. 1. La relación con Kirchner está rota; sólo la necesidad de no perturbar la economía la sostiene. 2. Lavagna no moderaría cierto comportamiento silvestre del Presidente en la arena de las relaciones públicas, sobre todo internacionales. Acaso lo exhibiría más que otros, por descuido o por esa propensión a mostrarse como el componente racional de un gobierno atrabiliario, como hace ahora desde Economía. 3. ¿Será posible, tan luego con Kirchner, un divorcio a la sueca? Esta es la pregunta clave: quizá haya que pensar que la salida de un ministro de Economía siempre es traumática y que, por lo tanto, no permite que quienes fueron socios hasta ese momento sigan compartiendo la misma casa.

• Por lo menos dos ministros, de los que siguen con atención esta ruleta de la política exterior, creen que Kirchner tiene un candidato «in péctore» a quien quiere traer al gobierno. Apenas arriesgan que es economista y que tiene un excelente tránsito por los centros internacionales de poder. Temblorosos, esos dos colaboradores no se animan a arriesgar el nombre por miedo al jefe. A adivinar, entonces.

• A este vareo se le suma, a un tranco bastante más lerdo, un pelotón de aspirantes, autopromovidos, fantasiosos. ¿Por qué descartarlos? Aunque más no sea por acotar el error de la nota. Encabeza el grupo Carlos Zannini: viaja siempre con Kirchner fuera del país, opina con criterio sobre política exterior, corrige los discursos internacionales del Presidente, le gusta el cargo. Tiene la misma limitación idiomática de Alvarez pero es un detalle: lo más importante es que difícilmente Kirchner quiera desplazarlo de su proximidad. Es casi imprescindible.

José Pampuro a veces pasa cerca de la Cancillería en las fantasiosas noches de Olivos. Pero tiene las mismas chances que Jorge Taiana o Jorge Argüello. Hasta es más fácil, como hacen algunos, imaginar a Bielsa volviendo por el cargo una vez que haya ganado la elección. Si es que eso ocurre.

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