Kirchner setentista ''regresa'' a Cámpora
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Héctor Cámpora recibe de manos de Agustín Lanusse el bastón presidencial que mañana,
al igual que la banda que usó en aquella ceremonia, Cámpora junior regalará a Kirchner.
«Pedro», como le dicen al hijo a pesar de que se llama Héctor como su padre, tuvo con el gobierno Kirchner la cercanía que le negaron otros presidentes. En rigor, como ningún otro dirigente peronista de peso, el patagónico se dedicóa vindicar a Cámpora.
Por eso, le regalará el bastón y la banda. Instalado en su casa porteña, Pedro casi no vuelve a San Andrés de Giles, pueblo del interior bonaerense, lugar en el que estaba ex presidente cuando se produjo, sin sorpresas, el golpe militar del 24 de marzo de 1976.
El resto de la historia es conocida: anduvo escondido con su hijo hasta que se asiló en la Embajada de México en Buenos Aires, adonde entró en un Renault 12, y residencia en la que vivió 4 años hasta que enfermo la Junta le permitió abandonar el país. Murió en México.
A Cámpora, otra vez, vuelve Kirchner luego de descabezar literalmente al PJ bonaerense, quizá la estructura política que mejor encarna -en sus formas y conceptos- al peronismo ortodoxo y rígido de los '70 que combatió al odontólogo de Giles que llegó a presidente.
Pero regresa en otro contexto: no es, por supuesto, el Kirchner débil, el de 22% de aquellos días de 2004, ni el que debe convivir con la sempiterna presencia de Duhalde que atendía en su Puerta de Hierro de Lomas de Zamora. Ahora se muestra como «todopoderoso».
Pero tampoco es el Kirchner renovador, el que llegaba de la periferia y decía encarnar el espíritu rupturista que decapitó a Fernando de la Rúa y a Adolfo Rodríguez Saá en 2001. En ese tránsito, Kirchner negoció y se abrazó con antiguos rivales.
Como el primer Juan Perón -a quien ignora sistemáticamente en sus discursos-, Kirchner sumó a radicales -Julio Cobos sería su Hortensio Quijano- y a sectores del socialismo pero, además, se alió con los caudillos conservadores, una especie de barones del conurbano del 45.
De la mano de Cámpora, Kirchner ensaya un regreso al setentismo político -no económicode sus primeros meses: sin la sombra de Duhalde, con el PJ - y los demás partidosdesintegrados, y como el primer Perón, la ilusión de crear un movimiento sobre las cenizas de la década anterior.
Con el bastón y la banda de Cámpora, Kirchner sueña lo mismo que antes soñaron Raúl Alfonsín y Carlos Menem: el tercer movimiento.




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