Devoto del juego de la perinola, Néstor Kirchner volvió al toma-todo: un puñado de dirigentes bonaerenses radicales resolvió alinearse con el Presidente, convertirse en otra vertiente que muda de piel para transformarse en UCR-K. Camaleones que, juran, conservarán su identidad partidaria. La carrera en el radicalismo por convertirse en los «Quijanos» de Kirchner -por el radical que fue vicepresidente de Juan Domingo Perón en 1946- se aceleró y, émulos del alcalde de Olavarría, Elios Eseverri, varios jefes comunales evalúan pasarse pronto al kirchnerismo. Tentaciones no faltan desde el poder.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Por lo pronto, el fin de semana, en Almirante Brown, distintos dirigentes que se referencian en el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, decidieron conformar el Movimiento Alem, Radicales para la Victoria. En criollo: un radicalismo kirchnerista.
No hubo, así y todo, maniobras por parte de otros alcaldes de buen trato con el gobierno como son el marplatense Daniel Katz, Mario Meoni de Junín y Héctor Gutiérrez de Pergamino. Estos jefes promueven una política de «tolerancia» con la Casa Rosadasin que, aclaran, implique una fusión política. Pero ese planteo, a simple vista razonable y moderado, resulta incompatible con la doctrina Iglesias (por Roberto, presidente del Comité Nacional de la UCR), quien pidió la expulsión de los diputados que votaron el proyecto oficial del Consejo de la Magistratura para quedar bien con la esposa del Presidente y mal con su propia conciencia republicana.
No se trata, de todos modos, de la primera expedición radical que se aventura al continente kirchnerista. En 2005, lo hizo Eseverri, quien hasta instaló a su hijo, José, como primer candidato a senador provincial de la lista del Frente para la Victoria (FpV).
Con aquél, los mudados recientes comparten cierta participación en el ahora licuado Grupo Olavarría, núcleo de intendentes díscolos que creció como contracara al dúo conformado por Leopoldo Moreau y Federico Storani, bajo el amparo del ex presidente Raúl Alfonsín y entibiados siempre por Eduardo Duhalde.
Ahora, al menos parcialmente, en busca de nuevos calores, el GO mutó a UCR-K y para abril o mayo preparan un acto donde, prometen, se presentará formalmente a los intendentes del radicalismo que expresan abiertamente su respaldo a Kirchner.
Pero los alcaldes están en un encrucijada: el gobierno les envía señales para que se incorporen al pankirchnerismo y ellos no quieren rechazar la oferta por temor a represalias; pero tampoco quieren manifestarse pro Kirchner y terminar sancionados por la UCR. Dilema de hierro si la conducción UCR se hace fuerte.
• Carta electoral
Para los jefes comunales del interior, el sello partidario continúa siendo, aunque no lo parezca, una carta electoral importante.
En paralelo, existe otro temor: que su inclusión al armado kirchnerista sea primero festejado y agradecido por la Casa Rosada pero luego, con el tiempo, la UCR-K termine embretada en la interna del PJ que, como se sabe, suele invadir todos los rincones de la política.
Ese es el motivo por el cual, todavía, algunos intendentes con cercanía y diálogo fluido con el gobierno dudan en dar el paso. Julio De Vido y José López son, en general, su puerta de entrada al planeta K; ahora también se vincularon con Roberto Porcaro, radical de Compromiso K. La lista sigue.
Dejá tu comentario