3 de junio 2003 - 00:00

Kirchner tendrá comisario en Diputados

Néstor Kirchner contará con un operador de extrema confianza en Diputados, el actual director de la Casa de Santa Cruz en la Capital Federal y ex senador nacional, Daniel Varizat. No llego a ser arquitecto como Julio De Vido (ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios) o ingeniero como Dante Dovena -otro de los hombres K que prueba la debilidad por la construcción y la obra pública en el oficialismo de turno-. Es un maestro mayor de obras pero goza de la intimidad presidencial desde que fuera funcionario en Río Gallegos.

La asunción en la banca que dejó Sergio Acevedo depende de la fecha en que sesione el cuerpo: puede ser mañana mismo o, a más tardar, la semana que viene. Varizat no juró en el último plenario, quizá, para evitarse el mal momento de tener que aprobar la polémica ley de bienes culturales.

El dato de que sea Varizat el elegido resulta clave para el gobierno porque, tras la mudanza de Acevedo a la SIDE, el kirchnerismo perdió un nexo directo entre la Casa Rosada y la Cámara Baja. A pesar de que ahí tiene una docena de legisladores leales, conocidos como «grupo Talcahuano», depende de la sociedad con el duhaldismo y otras tribus domésticas que impusieron a José María Díaz Bancalari como nuevo jefe de bloque.

Conviven en el núcleo Talcahuano -que nació al influjo de la frustrada decapitación masiva de la Corte Suprema en 2002, liderado por Acevedolos santacruceños Mónica Kuney y Dante Canevarolo, quienes muestran llegada a los Kirchner, si bien lejos del nivel de acceso que pueden exhibir el ex mandamás de la comisión de Juicio Político (y ex vicegobernador del actual primer mandatario) o su heredero Varizat, quien fuera ministro de gobierno en la provincia entre 1995 y 1997. O, en la otra ala parlamentaria, la misma señora Cristina Fernández de Kirchner.

Acevedo le adelantó a sus cofrades del Talcahuano, entre ellos, el porteño Gerardo Conte Grand, el santafesino Julio Gutiérrez y el nuevo responsable de la comisión de enjuiciamiento, el tucumano Ricardo Falú, que lo reemplazaría «un dirigente de antigua vinculación con Néstor». La confirmación de que era Varizat se produjo antes del traspaso presidencial, sin embargo, hasta la víspera el grueso de los otrora rebeldes y hoy oficialistas admitían desconocer al sustituto, salvo los patagónicos, claro. Para ellos, Varizat es casi un enigma. Lo esperan con los brazos abiertos, aunque prevenidos: ya están en carrera para secundar a Díaz Bancalari en la cúpula del PJ, Gutiérrez y Conte Grand; y Kuney y Canevarolo ya habrían reservado una silla para Santa Cruz en la mesa chica a nombre de uno de los dos.

•Perfil bajo

A Varizat le gusta el bajo perfil, así que es probable que no demande títulos y honores más que convertirse en enlace natural con el presidente de la Nación. A tal punto cultiva esta actitud que, durante la jura de Kirchner, estuvo deambulando por varios salones y siguió gran parte de la ceremonia desde el salón de Lectura, donde había una pantalla gigante de TV para que invitados de segundo rango y custodios de presidentes extranjeros pasaran el rato. Nadie se había ocupado de concederle una butaca en las galerías del recinto de Diputados, donde tomó los atributos de mando su amigo Néstor.

Varizat
tiene una experiencia parlamentaria en el Senado, donde ejerció funciones desde 1998 y hasta diciembre de 2001. Por supuesto, le tocó sobrevivir al escándalo por el presunto pago de coimas a legisladores para la sanción de la reforma laboral de la administración De la Rúa, en 2000.

Continuador de la línea disidente de Fernández de Kirchner (en su debut en la Cámara Alta, adonde volvió hace 1 año y medio),
Varizat integró un monobloque, el PJ Santa Cruz, y estuvo a punto de reincorporarse al peronismo a comienzos del delarruismo, pero no lo hizo, entre otras cosas, porque allí recaló Eduardo Arnold, ex vicegobernador de Kirchner, quien prefirió en aquel momento diferenciarse de Varizat y subordinarse a Augusto Alasino y sus seguidores.

Cuando estalló el affaire por el presunto soborno, Varizat ahondó las críticas y la emprendió contra el archienemigo de la primera dama santacruceña, Alasino
. En sede judicial, atestiguó que el entonces jefe de la bancada justicialista le había señalado en privado: «en política, nada es gratis». La frase, según Alasino, aludía no precisamente al intercambio de leyes por dinero sino a otras transacciones no reñidas con el Derecho, aunque reprobables desde el punto de vista ético. Según dio a entender Varizat, era casi una confesión.

El patagónico trató de hacer buenas migas con lo que se dio en llamar el «bloque Dignidad», animado por los peronistas que optaron por romper filas con Alasino y compañía para sobreactuar distancias en medio de la crisis. Allí se agruparon
Antonio Cafiero, Jorge Villaverde y Héctor Maya, quienes fomentaron el proceso de denuncias y la investigación del caso. El trío actuó en sintonía con los sanluiseños Carlos Sergnese y Alberto Rodríguez Saá, quienes también formaron parte de la cruzada en contra de Alasino y los suyos. El senador Varizat, que venía de hacer oposición a Carlos Menem por orden de los Kirchner a finales de los '90, siguió con la prédica antioficialista con la Alianza de turno. Ahora, cuando vuelva al Congreso, le tocará un desafío: jugar en el bando contrario, el oficialismo.

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