El presidente Néstor Kirchner dijo (ver Ambito Financiero del viernes 23 último): «Estoy opinando, acertando, equivocadamente, como mi verdad relativa. Bueno, es parte de la democracia». Es una confesión tan valiosa como aquella de que «creo que me equivoqué al hablar en la ESMA» (aunque aquí nunca se entendió si se refería al hecho de «hablar», pronunciar ese discurso, o si el error estuvo en lo que dijo al hablar, por ejemplo que no se hizo nada en 20 años de democracia para juzgar los hechos de los '70, cuando estuvo nada menos que el juzgamiento y condena de las cúpulas militares del Proceso. Aparte -aunque esto no le guste al gobierno- se juzgó y condenó a Gorriarán Merlo, Mario Firmenich y otros del terrorismo). Que el Presidente piense que «su verdad» puede ser relativa es un avance ante la intemperancia de este gobierno. El mandatario tiene derecho a decir lo que considera su verdad pero admitiendo que puede ser la que expresan otros. ADEPA, dominada por el grupo «Clarín» con cuotas de Papel Prensa SA a diarios del interior chicos pero con un voto igual a los grandes, actuó antidemocráticamente cuando repudió en un comunicado vergonzoso al ministro Roberto Lavagna por la crítica de éste al periodista (del mismo monopolio «Clarín») Marcelo Bonelli. Los que hoy dirigen ADEPA -lejos de los Lagos y Valmaggia que la presidieron en un pasado honroso- saben poco de periodismo por ser más comerciantes de prensa y por eso no se dan cuenta de que sería una «dictadura de los medios» impedirle al funcionario -de cualquier rango- que refute una crítica del periodismo. ¿O nos creemos dueños de la verdad y después criticamos a Kirchner?
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Lavagna en esa crítica estuvo en su derecho y en democracia. En cambio no fue así cuando el mismo ministro no atiende un llamado de radio «América» porque allí actúa como columnista un periodista de Ambito Financiero. Aquí el ministro quiso sancionar, negar información por discrepar con quienes tienen otra opinión sobre sus resoluciones.
Kirchner -o su entorno, obvio- pueden refutar pero en democracia no pueden sancionar ni insultar. El Presidente se equivoca cuando dice «hay pícaros (en prensa) que nos quieren imponer su modelo». El periodismo es espejo, no crea sino que refleja a algún sector de la sociedad en sus páginas. Salvo la prensa que vive del gobierno, la restante si subsiste es porque interpreta a algún estamento social.
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