Casi contrariando intereses de amigos y eventuales socios (léase por un lado Víctor de Gennaro y, por el otro, Hugo Moyano), Néstor Kirchner primero recibió a solas a Rodolfo Daer, titular de la CGT (despectivamente llamada de los «gordos» hasta hace poco tiempo) y, luego, comisionó en esa tarea de acercamiento a su mediador y emisario más entrañable en ciertas operaciones políticas: Julio de Vido. El ministro de Infraestructura casi se quita la corbata hace dos días y sin saco se fue al edificio de la calle A z o p a r d o (aquella sede famosa de José Rucci y Saúl Ubaldini) para apurar un asado con el propio Daer más Carlos West Ocampo (Sanidad), Oscar Lescano (Luz y Fuerza), Armando Cavalieri (Comercio) y Gerardo Martínez (Construcción). Nadie puede pensar que esta misión gastronómica de De Vido fue decidida por su cuenta.
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Clima amistoso, jovial como hace tiempo no se vivía en ese lugar antes tan caracterizado por los guardaespaldas. Viejas historias peronistas entre ellos y un saldo interesante para el futuro:
. El ministro no manifestó demasiado interés por la reunificación de la CGT de los «gordos» con el grupo de Hugo Moyano y Juan Manuel Palacios. Para él y, naturalmente, para Kirchner, esa es una decisión de los sindicalistas. No quiere interferir y mucho menos impulsar esa alianza. Parece que hubo un cambio de la idea lanzada hace apenas 15 días.
. No fue propicio para Moyano el diálogo entre las partes. Se reconoce que cierta prepotencia del jefe camionero (con el caso Carrefour y por la recolección de la basura en la zona norte de Buenos Aires) afecta el trato con la sociedad. En eso, los «gordos» se reconocen más prudentes y tímidos. De Vido, al respecto, consignó que cae mal el patoterismo, eran formas viejas de hacer gremialismo. Aun así, él no habla demasiado mal de Moyano: finalmente, hombres del sindicato camionero están en el área de Transporte que regentea el ministro. Y nadie cree que sea a su disgusto.
• Temor
. Igual se admitió en el almuerzo que dentro del peronismo (gobernadores y Eduardo Duhalde), las imputaciones y críticas que arrojó Moyano contra Antonio Cafiero (por el caso de las denuncias en el Senado) habían excedido la medida. Ni siquiera quiso admitir que fue Cafiero quien inició el proceso de revisión más allá de que en su momento votó a favor de la norma. Para las partes reunidas en la CGT y, con vistas a lo que se hablaba de la unidad sindical, se empieza a temer por la intemperancia de Moyano para integrarla, menos para presidirla. Lo curioso del encuentro es que nadie, personalmente, se lanzó contra Moyano; más bien, lo que hicieron fue transmitir preocupaciones y objeciones de otros. Para el gobierno parece importante bajar la influencia de Moyano, quien -se entiende-se ha aprovechado un tanto de la confianza presidencial (como si no tuviera razones o algo no le correspondiera).
. Otro tema fue la reforma laboral que, coincidieron, empezarían a tratarla en la CGT a partir de marzo. Mucho sobre esa reforma no sabe De Vido, pero seguramente se interesará hasta que se vea cuál es el rol de Carlos Tomada, el ministro de Trabajo.
. Uno de los temas más caros a los «gordos», el PAMI, también dominó parte de la charla. Tuvo que admitir De Vido que el ahijado de Alberto Fernández, Juan González Gaviola, no produjo en ese instituto -al igual que un preferido de los sureños, Granero-una gestión recomendable. Música para los oídos sindicales, quienes se abalanzaron sobre González Gaviola como si ya fuera un cadáver. Para evitar el obituario, De Vido negoció una postergación de la intervención por 90 días más. A cambio, como siempre ocurre en este tipo de negociación, les concedió el reclamo de que los próximos dos directores gremiales en la obra social de los jubilados provendrán de los « gordos».
• Optimismo
Hacía tiempo que en la CGT no se vivía un clima de tanto optimismo, sea por los anfitriones como por parte del visitante. Nadie reparaba que pensaban distinto (sólo basta observar los hombres que acompañan a De Vido en el Ministerio, gente más bien opuesta a la «patria sindical») y, en todo caso, unos se sentían a gusto en una mesa que no comparten habitualmente y, otros, más felices por estar otra vez en carrera, desplazar a otros pretendientes de oficialistas (De Gennaro o Moyano) y sumarse a una política de inclusión que el gobierno preconiza y no practica.
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