23 de abril 2007 - 00:00

Kirchner ya gana con Cristina candidata

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
El futuro es tan irreal como la eternidad (Octavio Paz); eso vuelve triviales las presunciones sobre quién será el candidato presidencial del oficialismo. Pero instalar con gestos -nunca palabras- a Cristina de Kirchner como la heredera cumple una función impagable para su esposo: clausurar el debate sobre la sucesión. Es incalculable el daño que produce sobre cualquier mandatario el último año de gestión. Para un presidente que accedió por puntos, después de perder la elección, y que pertenece al peronismo, el último año de Néstor Kirchner pudo ser algo peor que un pato rengo por la pérdida de poder.

Dar a entender que la heredera será la esposa clausura la discusión, del mismo modo como actuó la misma operación en 2005 respecto de la senaduría por la provincia de Buenos Aires. Exhibida la dama en aquel momento como postulante a la silla de Antonio Cafiero sepultó la pelea interna en el oficialismo. El espacio que abrió aquella fabricación dentro del peronismo le dio a Kirchner la libertad de elegirla a ella como candidata. No fue al revés.

Quienes salen de la Casa de Gobierno repiten voz en cuello que ella es la candidata sin dar razones pero sin resto para la repregunta. Encandilados parecen no advertir que la operación sirve al presente y no al futuro. ¿Cuánto pagaría un presidente de cualquier país por evitar la discusión de la sucesión? El peronismo siempre ha jugado con los estereotipos de la monarquía, desde el gobierno de Juan y Eva Perón. Esa nostalgia de realeza que tiene la sociedad y que aparece en muchos terrenos -el consumo de determinados productos, la adoración por ciertas figuras que muestran las revistas del corazón- tiene carnadura en el peronismo, que no ha bajado a Evita del trono, toleró a «Isabelita» presidenta y ahora calla cuando el Uno (como lo llama Hugo Moyano) dice que él termina el 10 de diciembre y -con ademanes, nunca palabras- señala a la esposa como la heredera.

¿Qué peronista arriesgaría su relación con el poder para ensayar la gran Mercante y anotarse en esa carrera? Cuando Juan Perón mandó a votar en 1949 la reforma constitucional dijo en público y en privado que no quería que le votasen la reelección. El coronel Domingo Mercante, íntimo del general hasta en los negocios privados, le tomó la palabra y se puso en la línea para seguir él: «No entendió nada», dijo el General, y Mercante pasó de ser el «corazón de Perón» a ser «la víscera de Perón».

Perdió todo y terminó exiliado del propio peronismo antes de 1955.

Esa leyenda marcó a fuego al peronismo, que se acostumbró a hablar «peronísticamente» (así mencionaba Lorenzo Miguel la costumbre de decir una cosa y hacer la contraria) con ese léxico intraducible de frases como «sacar los pies del plato» o «posicionarse». Ante un Kirchner que dice que deja el poder el 10 de diciembre nadie se anima a pedir turno de candidato. Todos, sin embargo, incluyendo al Presidente, se benefician de la fuerza que le da a este pato rengo que es Kirchner -como todo presidente en el último año- el hecho de que no se discuta quien sigue. Ayuda esta nostalgia de monarquía que está en la entraña del peronismo; como ayuda también la pulverización del partido que obró Eduardo Duhalde y que Kirchner se encargó de porfirizar.

  • Reproches

    Frente a la fuerza que gana el Presidente con esta maniobra, se alzan los reproches de quienes se le animan a sacar el tema entre cuatro paredes. ¿Está el país para una extravagancia institucional como ésta de instaurar una monarquía de facto?

    Los méritos que el gobierno exhibe en la senadora para asumir tamaño riesgo se resumen en otra frase del intraducible léxico peronístico: «Es un cuadro político». ¿Y cuando los Kirchner periman, por qué no el hijo, o la hija, que seguramente en esas fechas serán también unos cuadrazos?

    El gobierno parece pulverizar instituciones cuando más las necesita. Mandó a matar los indicadores del INDEC que alimentarían una disparada de la inflación y termina quedándose sin quien mida la economía con alguna fiabilidad. Hoy la economía navega al acaso de la buena fe de los analistas: ¿cuánto tiempo pasará antes de que un estudio econométrico con alguna credibilidad -de acá o de afuera- le ponga un número real al alza de los precios? No será inferior a las peores presunciones del cliente de supermercado.

    De la misma manera, cuando más necesita fuerza institucional el gobierno lanza a una dama en el país del peronismo salvaje, que se ríe de los chirolitas de la política y que puede, con poco, «isabelizar» a una Cristina en el gobierno con tres emisiones de «Videomatch».

    En el país ya se dictan decretos, se dictan leyes, se dictan candidaturas, se dictan juicios políticos. ¿Ahora se dictará una sucesión? en un país donde un Alberto Kohan auguró 25 años de menemismo en la misma noche en que el riojano ganó el primer mandato o donde el hijo de Fernando de la Rúa fantaseaba con suceder a su padre en la Presidencia. ¿Habrá también probadoel pan de la locura?
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