Kunduz: talibanes no se rinden y toman como escudo a la población
Imprevistamente, los talibanes que defienden el enclave de Kunduz, en el norte de Afganistán, dieron marcha atrás con su promesa de entregar las armas y abrieron la puerta a lo que -se teme- será la batalla más brutal de la guerra. La Alianza del Norte lanzó ya el asalto de la ciudad, que prometió será "impiadoso", mientras la ONU declaraba su alarma por el hecho de que los talibanes están impidiendo la huida de la población para usarla como escudo, lo que podría derivar en una masacre. En medio de los primeros disparos, mediadores ensayaban anoche gestiones de último momento para negociar la rendición de entre 10.000 y 30.000 talibanes. La suerte de Kunduz es crucial en el curso de la guerra antiterrorista, ya que de ella depende la desarticulación final del movimiento talibán e, incluso, la captura de Osama bin Laden. El centro de los desacuerdos para la rendición de la ciudad pasa por la pretensión fundamentalista de obtener un salvoconducto para sus combatientes, con la esperanza de concentrarlos en su bastión del sur, Kandahar. Si eso ocurriera, la caída de esta ciudad se tornaría mucho más difícil, lo que daría a Bin Laden un entorno de protección. Mientras, un arrepentido del grupo Al-Qaeda confirmó que ese grupo desarrolló armamento químico y la OTAN lanzó una inédita propuesta de asociación con Rusia.
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Olivier Durr, responsable de operaciones en Asia Central y del Sur del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), dijo que se descubrieron entre 400 y 600 cadáveres, de los que 180 ya fueron enterrados.
Ante este antecedente, el CICR manifestó su temor por la suerte de los entre 10.000 y 30.000 talibanes afganos y extranjeros cercados en Kunduz. Ayer unos 200 de ellos abandonaron la ciudad para rendirse ante la Alianza.
El eje de los desacuerdos para la rendición de las fuerzas talibanes en ese enclave pasa por el objetivo de éstas de obtener un salvoconducto para que aunque sea los combatientes afganos (los extranjeros serían detenidos) puedan unirse a los efectivos que defienden el bastión sureño de Kandahar. Esta pretensión es rechazada por los comandantes de la Alianza y por los EE.UU. y Gran Bretaña, ya que temen que eso permitiría reforzar drásticamente las posiciones talibanes en Kandahar impidiendo así su posterior captura y la detención de Bin Laden. El gobierno de Tony Blair dijo ayer que tanto los talibanes afganos como los extranjeros atrincherados en Kunduz deben ser hechos prisioneros, sin que se les ofrezca la posibilidad de escapar.
Entre tanto, Francia planea enviar 5.000 efectivos y el portaaviones nuclear Charles De Gaulle para apoyar la campaña estadounidense. Asimismo, cuatro buques de guerra italianos se dirigen a la zona del conflicto y Polonia decidió el envío de 300 soldados.
Las hostilidades no se limitaron ayer a la zona de Kunduz. Al menos 25 combatientes talibanes murieron en intensos combates en los alrededores de Kabul, mientras en Kandahar los fundamentalistas se juramentaban resistir hasta la muerte los bombardeos estadounidenses.




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