28 de marzo 2006 - 00:00

La Argentina quiere llevarse las plantas, dice uruguayo

El ex senador del uruguayo Partido Colorado Manuel Flores Silva es también un connotado docente universitario en Montevideo y escribe columnas de opinión sobre política. En una colaboración escrita para el diario de izquierda «La República» -lo dirige un argentino emigrado a ese país- este político descalificó la posición argentina en torno a las plantas productoras de celulosa. Atribuyó las intenciones del gobierno de Buenos Aires al carácter «atrabiliario» y al «voluntarismo monto» del presidente Kirchner que fascina, dice este furibundo oriental, «a los argentinos portadores del gen autoritario rosista/peronista» y al propósito de que las inversiones del sector celulósico vayan a la Argentina -a la que llama sarcásticamente «República Occidental Piquetera»- y no al Uruguay. Veamos los virulentos conceptos de este ex senador que propone que su país militarice los puentes que lo unen con la Argentina.

Estamos frente a un contencioso que parece enfrentar a la República Argentina, a la República Oriental del Uruguay y a la República Occidental Piquetera, la que está violando el derecho internacional y poniendo las condiciones a las otras dos, suplicantes ellas. A nuestro juicio lo primero que el Estado Oriental debe hacer es poner en su lugar a estos últimos y militarizar eventualmente los puentes que han sido agredidos. El poder es un diablo del que es tan grave abusar como el rehuir su ejercicio cuando es preciso. Pero vamos al problema de fondo.

La Argentina tuvo 37.000 millones de dólares de inversión extranjera en el trienio 1998-1999-2000 y tan sólo algo menos de 9.000 millones en el trienio 2003-2004-2005. Bajó a la cuarta parte en un mundo donde todos los países obtendrán prosperidad si tienen éxito en la licitación universal por inversiones, la pugna básica de la globalización. Por lo demás, los asesores de la banca internacional explican a quienes los quieran oír que no hay que invertir en la Argentina por los próximos 10 años.

El manejo atrabiliario del poder que hace Kirchner fascina a los argentinos portadores del gen autoritario rosista/peronista -pero sólo a los argentinos-. La Argentina se enfrenta a un vacío de inversionistas y ése es un dato clave para entender lo de las papeleras.

La Argentina bajó a la mitad la inversión extranjera por habitante en los últimos 3 años en relación al bastante buen promedio de 15 años y a la cuarta parte en relación a su mejor trienio (1998-1999-2000).

Pero Uruguay, que raquíticamente tiene menos de la mitad de inversión extranjera por habitante que la Argentina en el período de 13 años considerado, en el último trienio por primera vez pasa a la Argentina. Con las papeleras le pasaría a dar una paliza. Salvo que la Argentina logre quebrar a Uruguay en lo más grave para los inversores extranjeros que es que un Estado viole unilateralmente los contratos, cosa en que incurriría Uruguay con cualquier forma de suspensión de la construcción de las plantas.

Chile, a su vez, casi duplica su inversión extranjera por habitante en el último trienio en relación al promedio de los últimos 15 años. Y México se mantiene en el último trienio mientras Brasil desciende moderadamente. La que desfonda es la Argentina. He ahí el problema.

Por otra parte hay que tener en cuenta un factor que bien resumió el columnista de «América Economía»,
Gustavo Stok. El pago de la deuda al FMI fortaleció a Brasil (pagó u$s 15.500 millones) y debilitó a la Argentina (pagó u$s 9.800 millones). El Producto Bruto Interno brasileño anual es tres veces y media más grande que el argentino. Stok cita a expertos: «'Que Brasil le pague al FMI es una etapa natural de su proceso económico y es una demostración más que se graduó en algunas materias tras años de esfuerzos', dice Guillermo Mondino, economista jefe de Lehman Brothers, en Nueva York. 'En cambio, que la Argentina pague es un apresuramiento, otro tropezón del Presidente que tomó una decisión cuando nada desde la perspectiva económica lo sugería'».

Mientras el índice de riesgo-país de Brasil medido por JP Morgan Chase cayó sustancialmente tras el anuncio de pago -de 330 puntos a comienzos de diciembre a 264 puntos a fines de enero, el menor nivel de la historia-, el de la Argentina subió en los días siguientes de conocerse la noticia para luego estabilizarse en 480 puntos.

El modo que ha tenido
Kirchner de aguantar la cosa es hacerle comprar a Chávez 3.000 millones de dólares de bonos. En suma, a la Argentina, además del vacío de inversores, el aumento del riesgo-país se los aleja más y le esperan problemas en las reservas y dificultades nuevamente para pagar a los acreedores, aumento de las tasas de interés e inflación.

Contra ese desastre que se avecina, Kirchner tiene un voluntarismo «monto» que le impide ser racional pues, como es para todos evidente, tiene un ojo siempre puesto en el aplauso de la tribuna. Y ese ojo está con susto
.

Claro que la inversión en las papeleras pasa a ser muy importante. En sentido parecido, las declaraciones de las autoridades suecas, empezando por el propio embajador sueco
Arne Rodin, cuando inauguraron la oficina comercial de ese país en Buenos Aires, hace un par de semanas, fueron muy alentadoras en cuanto a que Stora Enso, la más grande de todas, se instale en la Argentina. Es decir que la acción de los muchachos de la República Occidental Piquetera es funcional a lo que en realidad es una cruda disputa por inversión papelera. Lo que la Argentina busca son las pasteras de celulosa, o un pedazo de las pasteras o una compensación de los países nórdicos poniendo pasteras en la Argentina o, cuando menos, una parte del proceso industrial (el valor agregado de pasar de la pasta al papel en territorio argentino).

Con música entrerriana, tradición aprendida cuando Buenos Aires hizo «cretino
útil» a Pancho Ramírez contra Artigas. Y después lo derivó a la muerte. No doy un centavo por el futuro de Busti al que, luego de usar, Buenos Aires va a culpabilizar de todo.

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