La diáspora duhaldista
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Carlos Marx, Horacio Verbitsky, Eva Perón, Chiche Duhalde, Felipe Solá, Néstor y Cristina Kirchner, Carlos Menem, Juan Perón y Eduardo Duhalde.
Presentían los bonaerenses que la subsistencia del famoso «aparato político» se basaba más en el dinero del Estado que en el escudo, marcha y fotos del viejo peronismo. Pero mientras lo tuvieran seguían sin analizar que no tenían figuras convocantes al extremo de que un meteoro fugaz como Graciela Fernández Meijide ya derrotó en 1997 a Chiche Duhalde. Igual ahora mandaron a esta buena mujer nada menos que contra toda la riqueza del kirchnerismo. Se olvidaron de que los «aparatos» políticos cuando son populistas sólo se forman fácil a partir del dominio de fondos públicos. Así se pierden si tal base trastabilla.
Ni siquiera se puso el duhaldismo a sopesar que si Fernández Meijide marcó una luz roja al derrotar a la esposa del gobernador Duhalde en el poder, con todas las «cajas» a su disposición, ya fue luego lapidario que a ese marido con las mismas «cajas» lo derrotara un endeble Fernando de la Rúa, apoyado en una alianza poco seria e insustentable de derechas e izquierdas mezcladas.
• Condiciones
Ahora no encuentran el camino los duhaldistas aunque debería estar bastante claro. En un mensaje en diálogo radial (lo publicó ayer este diario) con el periodista Marcelo Zlotogwiazda el comisario político del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires Carlos Kunkel fijó las condiciones a los duhaldistas que quieran cambiar y desde la derrota pasar al oficialismo triunfante.
Las «condiciones» son el pensamiento del entorno pingüino del Presidente expresadas por el vocero Kunkel, muy cercano al matrimonio de Santa Cruz. Pero no son realistas dentro del nuevo panorama de oposiciones surgido el domingo y no deben ser del propio Néstor Kirchner que suele mirar más lejos.
Dentro del duhaldismo, por ejemplo, puede aceptar tales duras condiciones el intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto, tras su duro contraste electoral el domingo. Igual a Curto no le será fácil digerir el autoritarismo montonero que le asesinó a su amigo de la UOM José Rucci. Kunkel fue montonero y sufrió muchos años de cárcel. Pero no parece que vire a la Casa Rosada Eduardo Camaño el (hasta ahora) titular de la Cámara de Diputados. Fue el más severo antikirchnerista y terminó gozado en Olivos por su rival, el ministro Aníbal Fernández por el triunfo en el distrito de Quilmes que disputan. Casi seguramente tampoco Chiche ni Eduardo Duhalde aceptarán ese pliego de rendición de Kunkel, salvo que pese a la orfandad en que quedaron les den «tratamiento especial». Por la forma de ser del matrimonio Kirchner los destrozarían, más cuando se enteraron de que Duhalde acordó con Lula de Brasil que el «secretariado del Mercosur» que desempeñó el bonaerense -en realidad, una beca para viajar por el mundo con todo pago sin ninguna tarea efectiva- sería para un brasileño.
Pero las necesidades políticas mandan y, a diferencia de los «gurkas» políticos tipo Carlos Kunkel, los pensantes del gobierno (no muchos como para ganar sin «cajas») se dan cuenta que tras las elecciones del domingo surgieron dos fuerzas opositoras nuevas mucho más fuertes que aquel duhaldismo y este actual residual que quedó. Hermes Binner en Santa Fe con un socialismo tipo chileno (tienen hasta la moderación en el trato que caracteriza a los políticos trasandinos como Ricardo Lagos o Patricio Aylwin y hasta el uruguayo Tabaré Vázquez, con las mismas características totalmente opuestas a la agresividad kirchnerista que tiene además incrustados «piantavotos» y aleja-alianzas como Luis D'Elía y Horacio Verbitsky). Por otro lado, apareció el domingo el polo Mauricio Macri más Jorge Sobisch del distrito Ciudad de Buenos Aires y Neuquén con triunfos detonantes.
No se ve a los Duhalde y a varios duhaldistas cerca de uno de esos dos nuevos polos de fuerza, como sería el citado socialismo más radicalismo (orientación libreempresista) que aglutina hoy Binner. Pero si cualquiera puede ver a los Duhalde y a los tipo Camaño volcándose a Mauricio Macri donde también convergerá seguramente el menemismo residual sumándole «pata peronista». De hecho ya desde el lunes hay contactos iniciados con el macrismo. Es obvio.
A Macri, mientras acepten su nuevo nivel político, no le molesta que se le pliegue buena parte del duhaldismo residual. Al contrario, le agrada y le conviene. Al libreempresismo nunca lo atemoriza un populismo que creyó que a los pobres se los redime de a uno por incapacidad de generar políticas de crecimiento que creen riqueza y empleo en forma general. No los asusta mientras no le acumulen déficit, que fue el error que apañó Carlos Menem con Duhalde gobernador.
Un Francisco de Narváez, por ejemplo, que ingresó ahora como diputado en la lista duhaldista, al igual que a Camaño nadie los ve pasando al kirchnerismo, más aún siendo el origen político del «Colorado» con Mauricio Macri a quien brindó equipos. De Narváez dejó precisamente a Macri por no afrontar lo que ahora las circunstancias casi le han impuesto al porteño: candidatura directa a presidente de la Nación y dejar de lado su sueño de más lucimiento primero, como resultaría de manejar administrativamente Buenos Aires, cuando le sobra juventud para el salto mayor.
Tentar a Macri para que gane la jefatura de la Ciudad de Buenos Aires dentro de dos años y a Hermes Binner para que intente lo mismo con la gobernación de Santa Fe, ambos con amplias posibilidades de éxito dados sus buenos resultados del domingo, seguramente pasará a ser la aspiración política de máxima del gobierno en el tiempo que viene porque sabe que no tiene carisma para convocar multitudes y ganar la reelección en 2007 si le llegan a escasear fondos públicos o si se le produce algún contraste económico, como un brote inflacionario agudo interno o un estallido internacional.
Hay ya resultantes obvios: Néstor o Cristina Kirchner para la presidencia en 2007 aliándose con un Binner candidato limitado a la gobernación de Santa Fe es el «sueño del pibe» del gobierno.
• Previsible
Entre dos populismos más allá que uno sea de derecha (duhaldismo) y otro de izquierda (kirchnerismo) era bastante previsible que ganara el que dominaba fondos públicos y «cajas» hasta nivel de eliminar al otro. Pero cuando vienen movimientos políticos con otras dos cualidades de la política -ideas claras y carisma- triunfar puede tornarse mucho más complicado. Con fuerzas nuevas en juego si hay complicaciones para el gobierno no será fácil retener la mayoría de 40 senadores y la primera minoría de 110 diputados que tendrá desde diciembre. Luis Juez en Córdoba, con 24% de votos, está zurcido con alfileres al gobierno frente a la tentación Binner y José de la Sota, con 35%, lo mismo frente a la tentación Macri, dado el izquierdismo verbitskyano del gobierno. Lo mismo Gustavo Posse (San Isidro). Allí irían también en una opción así desde Coti Nosiglia hasta Carlos Reutemann y Luis Patti, cualquiera que sea el peso que tengan en dos años.
Hay que entender una diferencia entre una elección legislativa cada dos años y una presidencial cada cuatro: en la primera el Presidente de la Nación, el gobernador o el intendente seguirán manejando «la caja» con fondos públicos dos años más y eso subordina. Pero en el cambio cada cuatro años nadie tiene asegurada «la caja» para el futuro y no se pueden comprar tantos «apoyos» como ahora logró el oficialismo desde la Casa Rosada.
Por ese nuevo panorama «las condiciones» del «chinchón» kirchnerista serán relativas como lo es todo en política. Aparte, la condición de «no tener cuestiones judiciales que resolver» y «trabajar con honestidad» puede dejar sin postulantes al traspaso a muchos políticos en la Argentina. Aun cumpliendo todas «las condiciones» de Kunkel un Carlos Ruckauf duhaldista, por ejemplo, jamás podría jugar a este «chinchón» que propone el gobierno pero donde se reserva el derecho de admisión.




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