1 de junio 2005 - 00:00

La insurgencia boliviana se ramifica en Buenos Aires

Evo Morales
Evo Morales
La crisis del gobierno boliviano de Carlos Mesa y sus posibles derivaciones hacia la Argentina son motivo de atención en el gobierno de Néstor Kirchner no sólo por el monitoreo que realiza de esa peripecia la Cancillería de Rafael Bielsa. Tampoco la dimensión energética de esas convulsiones agota las ramificaciones locales del problema. Es cierto que la intervención cada vez mayor del Estado en el mercado de los hidrocarburos, que podría llegar a su nacionalización si avanzan más los movimientos radicalizados de Bolivia, promete el impacto más directo sobre la economía argentina. El 7% del gas que se consume a nivel local proviene de ese país, donde tienen inversiones empresas argentinas o con intereses importantes en la Argentina, de las cuales Repsol YPF, Petrobras, Pluspetrol y Chaco (Bulgheroni) son sólo cuatro ejemplos. Pero la inestabilidad boliviana puede tener consecuencias sobre la escena local por razones más específicamente políticas. Por eso también en el Ministerio del Interior, Aníbal Fernández ha montado un aparato de observación de ese proceso, sobre todo por su influencia sobre los miles de migrantes bolivianos radicados en el área metropolitana. ¿También allí hay que buscar algunas causas, aunque sean indirectas, de la enorme transformación que se verifica en el esquema de poder boliviano?

Para aproximar una respuesta a este interrogante hay que consignar algunos datos. La organización política, social, económica y religiosa de los «ayllus» constituye un entramado que excede el espacio boliviano y se extiende más allá de sus límites políticos. Una de las principales expansiones de esos «ayllus» está localizada en el conurbano bonaerense, donde los migrantes de Bolivia controlan 60% del mercado frutihortícola. No es una colonia cuyos integrantes extranjeros dejaron atrás sus pueblos originarios, sino que, a pesar de la brecha geográfica, estos bolivianos siguen participando de la vida social y política de sus ciudades de nacimiento.

Estas organizaciones sociales tienen un nivel de representación política tradicional, los «curacas», que son los jefes comunitarios. El radicalizado filotrotskysta Felipe Quispe, por ejemplo, es uno de ellos. Su red de «ayllus» es depositaria de millones de dólares de cooperación internacional, que le permiten criar vacas Holando Argentina y contar con una flota de tractores.

En 1994, acorralado por las organizaciones de indígenas, Gonzalo Sánchez de Lozada impulsó una Ley de Participación Política que, a pesar de su intención conservadora, desató el convulsivo proceso de democratización que se verifica hoy en Bolivia. Hasta ese momento, el MIR era el partido que representaba la clientela de los pueblos originarios. A partir de esa ley, los «curacas» se integraron sin intermediación al Parlamento del Estado.

• Politización

Esta incidencia de las organizaciones indígenas en el sistema de representación boliviano les dio un nuevo nivel de politización también a las comunidades extraterritoriales, como las radicadas en el Gran Buenos Aires. Sin ir más lejos, el poderoso mercado frutihortícola Saropalca recuerda con su nombre a la localidad de la que provienen casi todos sus puesteros y operadores. El «curaca» de ese pueblo fue elegido en Morón.

Quienes siguen con atención estas dimensiones rioplatenses del fenómeno boliviano advirtieron que mientras caía Sánchez de Lozada en La Paz -proceso que abrió el camino de la presidencia al tambaleante Carlos Mesa-, en la Avenida de Mayo desfilaron 30.000 personas dirigiéndose al Consulado de Bolivia.

En su mayoría, estos militantes se identifican con el cocalero Morales, dirigente del MAS, una organización bastante gaseosa, casi una corriente de sentimiento reivindicativo, que le permite a este líder ir moviéndose ahora hacia el centro con la perspectiva de que sólo así podrá llegar algún día -tal vez no tan lejano- al poder. Por eso, que el gobierno de Kirchner enviara como observadormediador a La Paz a un piquetero, Isaac «Yuyo» Rudnik, no irritó tanto a Mesa como a Morales.

La presencia del MAS en la Argentina se ha vuelto una de las claves de esta organización. No sólo existe una gran acumulación de dinero, de la cual una parte se remite a Bolivia, por el negocio frutihortícola. En «La Salada», en el partido de Lomas de Zamora, los bolivianos manejan un mercado denominado «Feria Ocean», que extiende sus tinglados a lo largo de 4 hectáreas en las márgenes del río Matanza. Rufino Vázquez Sandoval es, además del presidente de la cooperativa, un líder social y político que entró hace tiempo en fricciones con las autoridades del lugar, inclusive con la Prefectura Naval. Por eso está pensando en trasladar la feria hacia La Matanza, donde está por comprar un predio en 4 millones de dólares. La ex ministra Nélida «Chichi» Doga y hasta el mismísimo Eduardo Duhalde se interesaron ya por el efecto que producirá en Lomas de Zamora el alejamiento de esta especie de shopping boliviano.

Dedicada al negocio textil, la cooperativa de «Feria Ocean» cuenta con 1.200 socios que aportan 1.000 dólares por mes cada uno. Así como quienes manejan el mercado frutihortícola son originarios de Saropalca, estos textiles -comerciantes y pequeños industriales- son del pueblo de Capinota, en Cochabamba.

Si bien estos bolivianos cada vez más poderosos también aportan al desarrollo de Morales, el MAS todavía no se ha organizado en la Argentina. Sí lo ha hecho en Ecuador, en Chile y en Perú, siempre sobre la base de comunidades de emigrantes. En Venezuela, el desarrollo de esta fuerza de raíz cocalera se produce bajo el activo amparo de Hugo Chávez. Todos esperan que se reglamente la ley inspirada en el MIR, pero jamás reglamentada, que permite el voto de los residentes extranjeros. En ese universo ganaría ampliamente Morales.

El retraso social de los indígenas bolivianos es un argumento de gran potencia para estos socialistas. En el mayor reservorio de gas de América del Sur sólo 3% de los habitantes urbanos tiene acceso a ese fluido, mientras 60% de los bolivianos cocina todavía con guano. Una garrafa cuesta $ 30, pero en El Alto, el pueblo donde viven quienes prestan servicios en La Paz, el promedio de la población vive con menos de $ 1 por día. Allí se registran temperaturas de 6 grados bajo cero. Aun así, el desarrollo político de Morales ha ido moderándose paulatinamente, hasta provocar la impugnación de los demás líderes de la izquierda que ya creen detectar, con acierto, que abandonó la bandera de la nacionalización de los hidrocarburos, una propuesta que podría provocar la secesión del este cruceño.

Bielsa, el canciller, ha tomado bajo su responsabilidad el seguimiento de la crisis boliviana. Ayer se reunió con el embajador de ese país en Buenos Aires, Arturo Liebers. No es un diplomático cualquiera: ex diputado nacional, ex ministro de Agricultura y ex embajador en Bélgica (donde consiguió los tractores europeos para Quispe), es uno de los principales aliados del presidente del Senado, Ormando Vaca Diez. Tanto que si cayera el gobierno de Mesa, Bielsa ayer habría estado hablando con quien será su colega. El embajador no es un «curaca» transterrado, pero también juega, a distancia, su propio partido en la crisis.

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