La plaza quedó techada con la carpa número 11

Política

La Plaza del Congreso sigue sumando nuevas carpas a su paisaje. Ayer fue el turno de la carpa número 11, que fue situada al lado de las organizaciones oficialistas por el neokirchnerista Partido Humanista. Aprovechó el siloísmo, además, para lanzar como candidata a legisladora 2009 a su figura principal desde hace más de 10 años, Lía Méndez.

Con su ya característico color naranja, la dirigente de la agrupación decidió asentar un gazebo frente al Parlamento en el lugar que quedó libre, luego de la huida del pingüino inflable que contrarrestaba la semana pasada al toro «Alfredito» levantado por la carpa del campo.

«El progreso de unos pocos termina en progreso de nadie», esbozaba en un cartel la frase del líder del movimiento, Silo, que colgaba de las pocas sillas que rodeaban la carpa. Mate, Cerealitas y una botella de jugo de naranja completaban el austero panorama humanista.

  • Reinversión

    «Apoyamos al sector K, pero no somos kirchneristas. Creemos que debe haber retenciones, aunque también proponemos un programa que aliente la reinversión de la ganancia en creación de puestos de trabajo. No debe haber ganancia ilimitada», sostuvo Méndez ante este diario, como si el ganar dinero ilimitadamente fuera un pecado.

    Tanto las carpas kirchneristas como las del Movimiento al Socialismo (MAS), la del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD) patrocinada por el mediático piquetero Raúl Castells, la de la comunidad aborigen y la carpa evangélica siguieron brindando ayer variadas e insólitas situaciones, a pesar de que la cantidad de gente en la zona ha menguado, desde el levantamiento del refugio campestre.

    Algunos pedidos ya ni se relacionan con el original, con el cual se instalaron las primeras estructuras. Un ejemplo es el refugio del MAS, que tiene distintos carteles atados contra los árboles, que piden por mayor presupuesto a la UBA o por justicia en el caso del docente Carlos Fuentealba, asesinado el año pasado en Neuquén en una marcha por reclamos de aumento salarial.

    No es el caso de los aborígenes, que situaron tres gazebos unidos entre sí, desde donde presentaron un petitorio en la Cámara de Diputados, para que tome forma de ley un pedido por el cual solicitan que parte de lo retenido por el gobierno sea destinado al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas.

    La instalación patrocinada por la comunidad indígena Collas Unidos, de Salta, está con el gobierno, aunque pide que se le devuelva, además, parte de la tierra que le «estuvo siendo robada desde la colonización española hasta estos tiempos», dice la miembro de esa organización Benita Siarz.

    En tanto, la carpa de Compromiso K, por la que se pagan 8.000 pesos semanales, recibe CD con temas dedicados a Cristina de Kirchner, por los mismos transeúntes que pasan por allí. Algunos de los temas que se escuchan a diario en ese refugio son «Valiente», dedicado a Néstor Kirchner, o «A la primera dama», para no dejarla sin canción a la Presidente. Al lado del modernoso equipo de música y audio que ostenta la agrupación, se vislumbra un disco con la imagen de Kirchner vestido de Superman. La poca originalidad hace que a ese CD se lo denomine «Súper K».

    Ayer, mientras sonaban temas de Juan Antonio Solís, entró un muchacho alcoholizado con un Tetra Brik, y como si la carpa de la agrupación vigilada por el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, fuera una iglesia, se persignó ante la atónita mirada de quienes juntaban firmas para apoyar las retenciones móviles.

    «¡Aguante Cristina!», gritaba el hombre, que además tarareaba los temas de Solís al son del movimiento.

    La estructura más cara para el oficialismo presentó ayer también una muestra pictórica donde se podían ver cuadros que contenían imágenes de un Cristo crucificado, de burdeles de comienzos del siglo XX o hasta de madres que dan de mamar a sus bebés. Tan insólitascomo heterogéneas. La JP, en tanto, parece estar pasando por un mal momento higiénico. Los dos baños químicos situados justo al lado de su refugio reflejan en sus puertas carteles que rezan: « Clausurados, dé la vuelta».

    Por otro lado, en el camping de Castells, los jubilados aprovechan para vender remeras amarillas con la inscripción del nombre de su líder a $ 10, libros de su autoría a $ 20 y revistas de la agrupación a $ 3. Cuatro huevos de avestruz completan el panorama, con inscripciones dedicadas al gobernador de Chaco, Jorge Capitanich. «Estos son los que necesita», resume una piquetera chaqueña del movimiento.
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