Eduardo Duhalde eligió una recoleta reunión con obispos y punteros que han trabajado en la llamada mesa del diálogo para admitir ayer que su gobierno de transición fracasó. Los visitantes de la mesa del diálogo que coordina el diplomático español Carmelo Angulo en una producción para el PNUD (programa de la ONU para el desarrollo) le reconocieron un sólo mérito al Presidente: haber aceptado la idea del Plan Jefas y Jefes de Hogar.
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Ese fracaso al que aludió Duhalde se entiende desde varios ángulos. En lo formal, el Presidente dijo, en el acto de asunción de su cargo tras ser designado por el Congreso, que su gestión de transición se iba a guiar por el cumplimiento de las resoluciones de esta mesa del diálogo, cuya continuidad le pidió al PNUD y a la Iglesia.
Esa mesa, que sesiona en las oficinas porteñas de Cáritas, a pocos metros de la Casa de Gobierno, la habían creado en realidad para asistir en la crisis a la administración de Fernando de la Rúa, pero Duhalde pidió que aceptasen que sus delegados se integrasen para escuchar las propuestas que saldrían de allí. Sentó junto a los obispos de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, y de Lomas de Zamora, monseñor Agustín Radrizzani, y el periodista José Ignacio López a un seleccionado de garantes de la nueva política, José María Díaz Bancalari y a dos Cafieros, Juan Pablo y Antonio.
Ayer, cuando le llevaron las siete carillas del informe final del diálogo, el Presidente debió tolerar la admonición de los obispos, que lo retaron por el apartamiento. «Era mi intención, pero me dejé llevar por otras urgencias», se lamentó Duhalde. Se refirió a la caducidad de los mandatos, que es uno de los pedidos reiterados de esa mesa, y se quejó de que su propuesta nunca fue entendida. «Quise mandar una reforma constitucional y tampoco me escucharon, los diarios se me pusieron en contra, no me acompañó nadie», dijo Duhalde.
El largo silencio lo rompió el anfitrión con un sobresalto. Manoteó el documento que le llevaba la mesa y preguntó, casi angustiado: «Pero, veamos -dijo mientras hojeaba la carpeta-, ¿qué debí hacer yo, qué no se ha hecho de todo lo que me correspondía a mí?».
Le dijeron que no se trataba de eso. Que en realidad la mesa se daba por satisfecha porque él se hubiera creado el Plan Jefas y Jefes de Hogar, universal, con comisiones para su administración donde el Estado está en minoría. «Esa fue nuestra idea, usted peleó por cumplirla. Con eso se justifica nuestro esfuerzo», lo halagó Casaretto a la hora del perdón.
El final de la cita en la Casa de Gobierno fue como si existiera futuro: se concertaron las partes en continuar la actuación de la mesa para conseguir la firma de todos los bloques legislativos, gobernadores, intendentes y organizaciones intermedias de la Argentina en torno a los reclamos escuchados de la mesa. Si se pudiera lograr, coincidieron los presentes, que los candidatos a las próximas elecciones firmasen un compromiso para cumplir cuatro o cinco medidas «de Estado», fuera de la competencia partidaria, la mesa hubiera alcanzado su misión final.
El documento «Bases para las reformas», que le dejaron ayer a Duhalde, propone una amplia reforma del sistema político y de representación, la renovación de las instituciones, la transformación y mejora del sistema de Justicia y seguridad, e impulsa una agenda con fechas para que estos cambios se lleven a la práctica.
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