15 de noviembre 2005 - 00:00

La votación paralizó a la Casa de Gobierno

El tránsfuga Borocotó votó a favor del juicio político pese a haber pasado a las filas del kirchnerismo cuyo bloque de legisladores, a excepción de Chango Farías Gómez, se abstuvo de votar.
El tránsfuga Borocotó votó a favor del juicio político pese a haber pasado a las filas del kirchnerismo cuyo bloque de legisladores, a excepción de Chango Farías Gómez, se abstuvo de votar.
El último esfuerzo, infructuoso, se había hecho. La suspensión de Aníbal Ibarra era inevitable y, con resignación, el gobierno -que hasta el día anterior había pujado por sostener al jefe porteño-, consumió, en silencio y desapasionadamente, las horas previas a la votación.

Néstor Kirchner
siguió el trámite desde El Calafate, adonde se recluyó desde la semana pasada junto a su esposa, Cristina Fernández, y al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el ministro que más arriesgaba en la contienda que se desarrollaba en la Legislatura porteña.

Oportuno, el Presidente había viajado al sur con la excusa de definir los cambios de su gabinete. Claro que no estuvo ajeno -Alberto F. siguió cada negociación vía telefónica- al proceso que ayer derivó en la suspensión por cuatro meses de quien fue su socio político.

El resto del gabinete con despacho en la Casa Rosada, en tanto, se limitó a hacer un seguimiento casi técnico de la sesión pero, sobre todo, a tantear el pulso de la calle, respecto de la cobertura de seguridad para prevenir eventuales desmanes de los manifestantes anti-Ibarra.

A esa tarea se abocó, por su función específica, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, que fiscalizó el operativo de seguridad en torno al Palacio Municipal y al de la Legislatura del que participaron más de 250 efectivos con una orden terminante: « Ningún policía debe ni tocar a un familiar».

Los otros dos funcionarios que permanecieron en Casa de Gobierno fueron el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, y el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, que continuaron sin cambios con las audiencias y actividades programadas.

• Distancia

El silencio respondió a una táctica: tomar distancia del traspié de Ibarra, que inaugura una etapa de incertidumbre política en el distrito vidriera del país. Naturalmente, siguieron minuto a minuto todos los acontecimientos de la votación.

La misma actitud, durante las horas de debate en el recinto, mantuvo el vicepresidente
Daniel Scioli, que al mediodía tuvo un encuentro protocolar con el embajador de EE.UU. en Buenos Aires, Lino Gutiérrez, y el gobernador de Colorado, Bill Owens.

No pudo, sin embargo, desprenderse de su pertenencia porteña. Además de observar el trámite legislativo, el vicepresidente se entretuvo por momentos pesquisando cómo continúa el conflicto en el Teatro Colón, sala que está jaqueada por un reclamo gremial.

A diferencia del jueves pasado, cuando la tensión sembró el temor a disturbios, la jornada de ayer fue menos agitada. Hay una explicación: desde temprano, los familiares -que en la sesión anterior habían reaccionado- tenían la certeza de que
contaban con los 30 votos necesarios.

La misma certeza tenía, la noche del lunes, el gobierno que para entonces había iniciado el operativo despegue que continuó durante todo el día y que fue, la semana pasada, el motivo por el cual
Kirchner decidió marcharse a El Calafate, según Alberto Fernández, para «descansar».

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