30 de diciembre 2004 - 00:00

Larcher consiguió "salariazo" para la SIDE

Alicia Kirchner
Alicia Kirchner
Francisco Larcher, el mandamás de la SIDE a pesar de ser el segundo de Héctor Icazuriaga, decidió terminar el año con un «salariazo» para los espías que trabajan bajo su mando. Al final pagará aquel 13% que se le descontó a todo el personal del Estado durante la gestión de Fernando de la Rúa pero que a los agentes de inteligencia nunca se lo habían devuelto. Había varios problemas para hacerlo, como informó oportunamente este diario. Por un lado, la SIDE nunca había recortado en su presupuesto ese 13% que sí les había restado a los sueldos del personal. Al contrario, las partidas destinadas a sueldos se incrementaron de manera insólita: Eduardo Duhalde firmó un decreto por el cual le giró a esa Secretaría $ 100 millones más en 2003, una vez que se cercioró de que sería Néstor Kirchner y no Carlos Menem quien administraría esos fondos reservados.

Ahora Larcher consiguió que Roberto Lavagna le dé bonos para devolver a los agentes bajo su mando aquella merma. Llegaron a tiempo: ya se había presentado un tal Víctor Ruiz (¿se llamará así?, nunca se sabe) ante los tribunales reclamando por lo suyo. Los espías, ganadores, se irán a sus casas felices para festejar el año nuevo. En cambio, para Lavagna significa un dolor de cabeza: algún día tendrá que explicar (es de esperar que no sea ante un juez) por qué destinó esos bonos a compensar un recorte presupuestario que nunca se produjo.

También Larcher, igual que su directora de Finanzas, Sonia Fornacero, se complica con este refuerzo salarial. ¿A qué se destinaron aquellos $ 100 millones enviados por Duhalde, incorporados en 2004 y 2005 al presupuesto de la SIDE? Esa pregunta, con la que insistió el ex fiscal anticorrupción Daniel Morín, sigue pendiente, aunque a Morín lo hayan removido para designar en su lugar a Abel Fleitas Ortiz de Rozas, quien por ahora se muestra menos inquisitivo. A propósito de Morín, quien renunció con la promesa de que lo convertirían en juez ordinario, ¿no le aprobaron aún su acuerdo en el Senado? ¿O todavía espera su «13%» (en su caso 100%)? Se sabrá en febrero. Demasiado tiempo.

El «salariazo», más allá de estas fisuras legales, promete afirmarlo a Larcher como jefe de la entidad. Le viene bien, por varias razones. Por un lado, ya circula la versión de que Icazuriaga podría regresar a Santa Cruz como candidato a diputado, y nadie le asegura al segundo de la SIDE el ascenso al primer puesto. Menos aún, que le pondrán como jefe a alguien amigable. Códigos de la Patagonia, que permiten el ejercicio de ciertas mortificaciones a hombres que, vistos desde afuera del círculo de poder, parecen invulnerables. Como es el caso de este jefe de espías, quien inspira tanta confianza en Kirchner que logró ubicar a su esposa, Viviana Peña, en un cargo ultrasensible: la oficina que otorga pensiones graciables en el Ministerio de Acción Social que conduce Alicia Kirchner (más para «The New York Times» y sus indagaciones sobre el arcaico nepotismo argentino). Si Kirchner es capaz de infligir esos sufrimientos a sus íntimos (ya lo comparan con Moe, el «jefe» de «Los tres chiflados», por el trato que les propina a sus colaboradores), éstos también se desquitan con sus subordinados. Que le pregunten si no a Alicia Bartrons o al médico Eduardo Novello, quienes, al parecer, no pasarán un buen fin de año a pesar del 13% en bonos. Por ahora, no hay escándalos por el conflicto con Larcher, quien debe cuidarse de que no lo conviertan en secretario de Turismo. No son los únicos dolores de cabeza que la medicina provoca en el subsecretario de Inteligencia: desde la Cancillería que conduce el cada día más rebelde Rafael Bielsa, le llegaron algunas sugerencias para que someta a exámenes psicológicos a personal que la SIDE destina en el exterior bajo cobertura diplomática. El último de estos requerimientos llegó desde Roma, ciudad que Larcher habría visitado recientemente, después de su escapada a Madrid.

Minucias, episodios opacos que sólo sirven para enturbiar el clima interno de una institución ya de por sí asfixiante. Datos, finalmente, que alimentan la versión de una sustitución de la SIDE por otro organismo,que se va dibujando bajo la pluma imaginativa de Marcelo Saín y su segundo, Germán Montenegro, encargados por Kirchner de crear el «servicio secreto» argentino, a imitación del que existe en los Estados Unidos.

Para ese fin se está tejiendo una especie de «transversalidad de la inteligencia», es decir, una liga de organismos ajenos a la SIDE pero que aspiran a ejercer su función. Entre ellos está la Dirección de Inteligencia Criminal de la Secretaría de Seguridad del Ministerio del Interior, cargo todavía vacante que mira con codicia el coronel Alberto Pascale. El temor es siempre el mismo, que Kirchner se levante un día, mire la encuesta y disuelva la SIDE por consejo de sus asesores más radicalizados. Y que, a pesar de la amistad, Larcher ni siquiera esté enterado.

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