Las razones del verdugo: historia del voto que ayer volteó a Ibarra

Política

El voto del diputado porteño Elio Rebot, de filiación kirchnerista, fue ayer la clave para la destitución de Aníbal Ibarra. Las razones por la cuales este abogado, con afición por el derecho político y constitucional, dejó caer al jefe de Gobierno parecen hundirse en las profundidades de su alma. O, dicho de otro modo, hay tantas explicaciones sobre su comportamiento que conviene más apostar a que operó por razones de conciencia. O, lo que no es igual, por la presión emocional que ejercieron sobre muchos legisladores las víctimas y familiares de Cromañón. De cualquier manera, vale la pena reconstruir toda la coreografía política que giró en torno de su pronunciamiento: observarla de cerca permite tener una visión más clara, no necesariamente más optimista, del funcionamiento de la política en la Ciudad de Buenos Aires.

• Una versión insistente pero imposible de comprobar afirmaba hasta ayer que en torno del voto de Rebot hubo una negociación vidriosa y fracasada (dos condiciones que no suelen convivir, salvo entre gente muy torpe o desleal). El titular de la misma, en este relato, fue su amigo y antiguo jefe político Jorge Argüello, de habitual interlocución con el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, Alberto Fernández. Hay un dato en contrario sobre este papel de Argüello: su firma no figuró en la solicitada que emitieron los peronistas que auspiciaban la continuidad de Ibarra. Cualquier conocedor de la política metropolitana sabe que, para nadie que haya pertenecido al corazón de la gestión de Carlos Grosso -como Argüellola permanencia del alcalde del Frepaso podía ser un desenlace feliz de la crisis que se desató a partir de la tragedia del 30 de diciembre de 2004. Además, con Argüello había que hablar antes, cuando se abrió la sucesión de Rafael Bielsa en la Cancillería.

• Sin embargo, existe un indicio verificable: Rebot fue presionado por un encumbrado representante del gobierno nacional en la política porteña. No fue, como podría suponerse, el jefe de Gabinete Fernández, atareado siempre en la vorágine administrativa. Quien tuvo esa tarea, para el común de la gente desagradable, fue el discreto pero contundente Alberto Iribarne, una especie de «alter ego» de Fernández, con quien compartió buró en otros tiempos. Hace dos viernes el ministro de Justicia y vicepresidente del PJ metropolitano, en presencia de Argüello, le habría explicado a Rebot que «si votás en contra de Ibarra podés pensar en abandonar la política en el distrito».

• Dos explicaciones bastante razonables ayudan a comprender por qué Iribarne llegó tarde con Rebot. La primera es emocional. La segunda, política. Al parecer, el diputado porteño quedó casi incomunicado con el oficialismo desde el 10 de diciembre pasado. Ese día, el titular del bloque kirchnerista de la Legislatura, Diego Kravetz, sugirió al presidente del cuerpo, Santiago de Estrada, que reemplazara a Rebot de la jefatura de la Comisión de Asuntos Constitucionales. El Frente para la Victoria prefería ubicar a uno de sus hombres en la Comisión de Presupuesto y Hacienda, por lo que la de Asuntos Constitucionales quedó a cargo del radical Enrique Olivera. Esta marginación de Rebot se justificó en aquel momento en que se había manifestado duramente en contra de Ibarra en el programa «Hora Clave» de Mariano Grondona, unas semanas antes. Una participación televisiva que, dicho sea de paso, sería difícil de remontar si el diputado ayer votaba a favor del alcalde. Sea como fuere, entre Rebot y el elenco oficialista comenzó a abrirse desde aquel entonces una distancia que impedía negociaciones demasiado fluidas.

Predominó más bien cierto rencor, que terminó por movilizar al amigo de Argüello en contra de Ibarra: ¿o no fue él quien durante el fin de semana terminó de volcar el voto del zamorista Gerardo Romagnoli en contra del jefe de Gobierno? Por lo visto, Iribarne fue contraproducente.

• Sobre este estado de ánimo de Rebot se superpuso un cálculo político que ayer se exponía en estos términos en la oficina de Alberto Fernández: «Con Aníbal tenía un intendente. Con Jorge Telerman tienen un intendente y un candidato a intendente», dijeron allí, con el desdén que alcanzaba hasta a la nomenclatura. Para decirlo más claro: Fernández y su gente creen que el voto de Rebot oculta mal un proyecto político más ambicioso, el de Telerman. Sería ese horizonte el que produjo, simultáneamente con la caída del alcalde, la fractura del bloque oficialista que se tramitaba anoche. Eran varios, según la lógica del jefe de Gabinete, quienes cambiaron un jefe de Gobierno (Ibarra) por alguien con el mismo cargo pero con la posibilidad de continuar en él más allá de 2007. El gran enigma ayer seguía sin embargo sin develarse: ¿estuvo Kirchner también entre quienes optaron por esa permuta?

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